
El mayor riesgo para la salud ahora mismo en Ceuta es solo para los migrantes y es consecuencia del hacinamiento, que propicia la aparición de afecciones como la sarna o el impétigo que, por otra parte, son completamente comunes en España: «Pensar que traen enfermedades es sanitariamente erróneo y, además, peligroso». Así lo ha resaltado a EFE la presidenta de la Sociedad Española de Epidemiología (SEE), João Forjaz, que aclara que en Marruecos, de donde proceden la inmensa mayoría de migrantes que entraron en Ceuta a finales de julio, «las personas mueren de las mismas enfermedades que en España», todas ellas crónicas y no transmisibles, como las cardiovasculares o el cáncer. «Las personas que entran normalmente son gente joven y sana, lo que se llama el sesgo del ‘migrante sano'»; aunque al llegar puedan presentar problemas de deshidratación o malnutrición, se resuelven rápidamente. El problema está cuando se quedan y no se les da los recursos materiales básicos; el hacinamiento favorece la transmisión de enfermedades de la piel y respiratorias -aunque estas son mucho menos frecuentes en verano-, y la falta de acceso a alimentos y agua potable, los problemas gastrointestinales. Que aparezcan brotes de sarna o impétigo como los que están surgiendo es completamente esperable; pero es que además son enfermedades comunes en España, que aparecen «en situaciones de vivienda colectiva como campamentos de niños, residencias de mayores o albergues», y a los que el personal sanitario está más que acostumbrado. «De ninguna forma suponen un riesgo para la población ceutí», zanja esta experta, que insiste que son «las situaciones en que les recibimos las que provocan» un peligro, exclusivo para las personas migrantes. Pensar que «van a traer enfermedades es sanitariamente erróneo», y usar algunas como la tuberculosis para generar alarma social «es bastante peligroso», alerta Forjao: señalarles de esta forma va a desincentivar que busquen atención sanitaria, lo cual «retrasa el diagnóstico, dificulta la aplicación de medidas preventivas y eso al final sí que va a perjudicar a toda la salud colectiva». Una gota de agua entre 97 millonesAdemás, hay que tener presente que la cantidad de personas que han llegado «son una gota de agua» entre los casi 97 millones de turistas internacionales que entraron a España el año pasado y que, en cualquier caso, «los sistemas están preparados para atender enfermedades transmisibles y brotes de acuerdo con los estándares internacionales de la OMS». «Ceuta tiene un buen sistema médico y hay hospitales preparados», prosigue, pero urge «garantizar su salud, satisfacer las condiciones de higiene, saneamiento, agua potable, pernocta digna y acceso a alimentos y atender a las personas con mayor vulnerabilidad clínica: menores, especialmente las niñas, y embarazadas». En este sentido, recalca la importancia de reforzar su estado vacunal, pero «eso se hace poco a poco, a medida que van accediendo al servicio sanitario», por eso es importante no estigmatizarles para que adquieran confianza en el sistema: «Si no la tienen no se van a vacunar, y eso sí es un peligro para todos, de la misma forma que si un español no se vacuna, es un peligro para todos». Sin olvidarse de la salud mental, porque han sufrido «un impacto psicosocial muy grande durante el proceso migratorio, sufren de estrés postraumático y esa es la mayor causa de morbilidad». Con todo, subraya la importancia de tener un «sistema resiliente y preparado para cualquier crisis», y eso pasa por invertir en salud pública para lograr un personal «estable, formado y con buenas condiciones laborales». Solo así se podrá dar una respuesta eficaz a crisis como esta que, deja claro, van a repetirse

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