Cuando faltaban solo 13 kilómetros para aterrizar en el Aeropuerto de Rionegro, el vuelo 2933, cargado de ilusiones, se estrelló en el cerro por falta de combustible. Aunque seis personas sobrevivieron milagrosamente, 71 pasajeros murieron.
Esta tragedia marcó la historia del deporte mundial y, especialmente, la vida de los bomberos que hicieron hasta lo imposible por rescatar a la mayor cantidad de personas.
La Aeronáutica Civil reveló que la aeronave incumplió el plan de vuelo al no reabastecerse de combustible en Bogotá. El vuelo chárter tenía una parada obligatoria en la capital, pero decidió volar directamente a Medellín.
Para periodistas con la larga trayectoria de Rouget Taborda, la cobertura del accidente aéreo del equipo Chapecoense representó uno de los momentos más tristes y difíciles de su carrera.
La responsabilidad de conducir una noticia de esa naturaleza exigió un profesionalismo extremo. Rouget y sus colegas tuvieron el deber de informar con la máxima precisión y sensibilidad, equilibrando el dolor humano masivo con la necesidad de entregar datos veraces a un público conmovido y ávido de información. Fue una lección de que el periodismo, incluso el deportivo, en ocasiones debe navegar la más profunda de las tragedias.
Por su parte, Yony Gutiérrez, con más de 23 años de experiencia en el periodismo deportivo y hoy referente en el país, destacó la importancia de entregar la información desde Medellín a los familiares de las víctimas en Brasil. Particularmente, le tocaron mucho las historias de los futbolistas fallecidos, como la del jugador que le pidió matrimonio a su novia justo antes de viajar.
El periodista Gutiérrez indicó que, a pesar de que la tradición paisa marcaba desde hacía más de dos décadas la explosión de alegría de la Alborada el 1 de diciembre, ese amanecer de 2016 fue radicalmente diferente. Las calles de Medellín, normalmente encendidas por la pólvora, guardaron un silencio sepulcral.
Fue una mañana sin fiesta, una muestra de luto colectivo tan profundo; que parecía que los 71 fallecidos no eran extranjeros, sino paisas que se habían ido en el cerro. La ciudad detuvo su fiesta más ruidosa para honrar un dolor que sintió como propio.
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