La extrema conservadora

La extrema conservadora

Este texto recorre la historia del autoritarismo apoyado por el fanatismo religioso y advierte sobre el riesgo de votar sin conocer las ideologías

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Ninguna extrañeza debe provocar el hecho de ver al presidente Abelardo caminando ostentoso entre cadáveres de guerra, agitando a Cristo Rey como grito de combate y menospreciando las instituciones democráticas, si lo reconocemos como hijo político de Trump. 

Si sabemos que este presidente norteamericano practica la barbarie imperial con la facilidad de un super poderoso cruel y demencial: promueve guerras, bombardea escuelas, invade territorios, asesina inmigrantes, desconoce organismos democráticos, bombardea lanchas de presuntos narcotraficantes… 

Si reconocemos que Abelardo tiene un tío llamado Netanyahu, genocida del pueblo palestino; y un pariente lejano llamado Putin, políticamente diferentes, pero humanamente iguales, que masacra al pueblo ucraniano; y un abuelo alemán, el hiperbólico genocida del verdadero pueblo judío. Si logramos identificarlos a todos ellos como descollantes figuras de la extrema derecha del conservadurismo internacional.

Si conocemos la esencia de esa ideología criolla heredada de la España medieval: la que privilegiaba a la elite aristocrática y menospreciaba a los siervos de la gleba, imponía su poder a través de los militares y la Iglesia, conquistó a la América indígena con la espada y la cruz, traficó con seres humanos del África como mercancía barata para esquilmar las riquezas minerales de los territorios enajenados.

La misma ideología que en 1782 descuartizó a José Antonio Galán y paseó sus partes por distintas regiones de la Colonia, terrorismo para los Comuneros que reclamaban rebajar los altos impuestos. La misma que en 1816 fusiló y decapitó a Camilo Torres Tenorio y expuso públicamente su cabeza en Santafé, para escarmiento de quienes persistían en la independencia del coloniaje español.

La misma que dejó sembrada en el territorio nacional una élite de terratenientes con su espíritu bárbaro. Muchos de ellos opuestos a la independencia porque moralmente se sentían más súbditos del rey español que ciudadanos de una nación libre. Esa misma élite nacional que institucionalizó el Partido Conservador para defender la tradición, la familia católica y la propiedad privada. Que gusta gobernar por la razón o la fuerza, ya por las buenas o las malas, con leyes o con balas.

La misma ideología que azuzó la guerra partidista durante una década, masacres contra liberales del común, apoyada por sectores católicos de la época. Exterminio de alta crueldad, cortaban la cabeza de la víctima, la dejaban colgando de la piel y la llamaban cínicamente Corte de Franela. No menos cruel el llamado Corte de Corbata, zanjaba el cuello de la víctima y le sacaba la lengua para que semejarla a una corbata. El exceso de barbarie no nos abría el camino a la civilización.

Ni siquiera hubo civilización en nuestra Historia reciente cuando proliferaron los paramilitares durante los diferentes mandatos de Álvaro Uribe Vélez. Ellos perpetraron masacres en pueblos inermes con la complicidad de algunos miembros del Ejército Nacional, del sector empresarial y miembros del Estado. Decapitaban campesinos señalados como enemigos y, según múltiples testimonios, jugaban fútbol con sus cabezas. Así sucedió en el Putumayo, en El Salado, en La Gabarra y en el Catatumbo, hasta en la Comuna 13 de la propia Medellín.

Por eso, ignorar la ideología de los políticos puede convertirse en una ignorancia excesivamente peligrosa. Puede significar, al momento de elegir, la perpetuación de la barbarie o el ascenso a la civilización. Normal si la barbarie o civilización reside en la consciencia del votante, 

 Lo sugirió Platón en su texto icónico de La República: “El precio de desentenderse de la política es ser gobernado por los peores hombres.” Por los peores salvajes, diría yo: Trump, Netanyahu o Putin; pavorosa estela de bárbaros donde Abelardo solo aparece como un sumiso epígono tercermundista que practica sus primeros pinitos.

Jorge Elías Guebely Ortega

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Egresado de la Escuela Normal de Barranquilla, de la Universidad libre de Bogotá, del Instituto Caro y Cuervo, doctor en Literatura Hispanoamericana de La Sorbona en París, profesor de Literatura durante 30 años en la Universidad Surcolombiana de Neiva. Autor de varias novelas, libros de cuentos y ensayos literarios.

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