No es al azar: De la Espriella con traje de militar al cuerpo y en EEUU Trump hablando del trasero, la mandíbula o los hombros de políticos aliados
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De verdad sin entrar en descalificaciones a priori o diagnósticos tempranos, he tratado de entender por qué alguien que llega a la presidencia, a la más importante investidura civil del país, de un país con tantos y tantos problemas en lo económico, lo social y lo moral, por qué alguien que consigue llegar allí para atacar desde allí esos males, toma la decisión de vestirse con atuendos de campaña militar justos al cuerpo, con pistola al cinto y chaleco de operativo policial, para encabezar redadas nocturnas de delincuentes en las ciudades.
Que nadie se llame a confusiones, solo pregunto por qué, por qué se ubican allí algunas prioridades, sin cuestionar un resultado que puede ser meritorio como el de desarticular una o algunas redes de criminales que, capturados una y otra vez, son dejados en libertad inmediata por jueces y un sistema de justicia con muchas fallas y venialidades.
Pues bien, con la pregunta en la cabeza me encontré con un artículo hilarante, y si no hilarante cuando menos clarificador. Quizá no sea la respuesta, pero puede ser una capa de esta.
Ocurre que durante la campaña a las legislativas en Estados Unidos, las que se llevarán a cabo el 3 de noviembre, Trump ha sorprendido a todos al referirse recurrentemente a la espalda, el trasero, los hombros o la mandíbula de algunos políticos aliados.
Desde luego, allá él, aunque ha aclarado que eso no es lo suyo. Sucede en el fondo, o en el trasfondo, que la reivindicación de la figura masculina, con buena dosis de testosterona brotando por los poros y en la simbología de confrontación, estratégicamente viene asociándose a la representación de una mayor capacidad para gobernar, para ejercer el liderazgo político, precisamente en este tiempo de reivindicaciones de género, de diversidad, de antirracismo (al que despectivamente se le ha denominado wokismo), y al que se quiere combatir desde algunos sectores que prefieren la tradición.
La política hoy y hace rato, a decir verdad, más que en el debate de las ideas o en las cuestiones hondas del poder y la libertad, se juega y afina en la mesa de pocos señores que deciden la economía que les sirve (a ellos), y en la mesa de señores que saben de marketing, imagen y publicidad, algo que conocen tanto para condicionar intenciones y preferencias de los consumidores (que básicamente somos todos, de cosas o de ideas), como Einstein sabía de masa y energía.
Así que la pinta no es lo de menos. El nuevo presidente lo tiene perfectamente claro y se empeña en serlo y parecerlo; un comando en operativo antidelincuencial, un comando con figura varonil, aguerrida y traje de campaña al cuerpo erguido (no propiamente la figura de Petro o Samper, o la de Barco o Lleras en sus tiempos), imagen que a algunas y algunos les parecerá la de un tipo apuesto, pero que en todo caso encarna el símbolo de lo que las estrategias de marketing político de hoy prefiguran como una llamativa imagen que proyecta liderazgo, decisión, heroicidad.
Fundamental, eso sí, que el fondo sea siempre más trascendental y racional que la forma.
Bueno, a todo esto, me he olvidado de lo más importante: la película Pisingaña, de Leopoldo Pinzón, un humanista sin estampa de titán, pero ADN de gran hombre, de amigo de las ideas, de la compostura, del debate racional y consecuente, ha sido restaurada y durante un par de días volvió a las pantallas en la Cinemateca de Bogotá luego de su estreno en 1985.
Leopoldo ha sido merecidamente reconocido estos días, y no es que no lo haya sido antes en sus 86 años, genuinamente por ese carácter que tiene de maestro, de gran cineasta, de escritor de la condición humana.
Un goce ver la película otra vez, aunque una dureza comprobar a través del cine que tantas durezas, que algunos pasados no han pasado. Con seguridad, quienes quieran podrán consultarla en Patrimonio Fílmico y quienes prefieran también pueden pasarse una tarde de cervezas y palabras con Leopoldo en Honda, otro deleite que como sea habitará mucho tiempo por delante.
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