El piloto que lidera una empresa de aviación que se convirtió en la más grande de vuelos en helicópteros y jets privados

El piloto que lidera una empresa de aviación que se convirtió en la más grande de vuelos en helicópteros y jets privados

En su oficina, justo detrás de su escritorio, Ricardo Trujillo tiene un cuadro de uno de los helicópteros que marcaron la historia de Helistar. Una aeronave que ha recorrido innumerables veces el territorio colombiano y que, de alguna manera, resume buena parte del camino de la compañía. Desde allí, como director de operaciones, Trujillo sigue el movimiento de la flota: cuáles están en el aire, cuáles permanecen en tierra, cuáles atienden operaciones petroleras, cuáles salen a una emergencia o cuáles llevan a algún artista o futbolista famoso hacia su próximo destino.

Hoy habla con orgullo de lo que ha llegado a ser Helistar. La empresa cuenta con una certificación que le permite operar vuelos chárter no solo entre Colombia y Estados Unidos, sino también dentro del territorio estadounidense. En temporada electoral, además, estuvo a cargo de transportar a Abelardo de la Espriella. Pero para entender cómo llegó hasta allí, hay que retroceder varios años, cuando todo comenzó con un solo helicóptero y una apuesta que, entre esfuerzo e ilusión, terminó convirtiéndose en una de las operaciones aéreas privadas más amplias del país.De un Bell 206 en Medellín a siete tipos de helicópteros

La operación privada arrancó entre 2005 y 2006, según la compañía. Aunque, la historia de Helistar como empresa había comenzado unos años antes. Ricardo Trujillo, cuenta que en 1999 nació en Medellín bajo el nombre de Aeroregional, con un helicóptero monomotor Bell 206, conocido como Ranger.

Hacia 2005 cambió su nombre a Helistar, incorporó aeronaves bimotores y orientó su negocio al transporte comercial y de pasajeros VIP. En su presentación corporativa, la compañía informa que fue fundada el 9 de junio de 1999 y que hoy cuenta con alrededor de 400 trabajadores.

Referencia de Bell 206, más no es la aeronave precisa que tuvo Helistar.

El crecimiento se puede seguir a través de los helicópteros que fueron llegando. Primero estuvo el Mi-17, de fabricación rusa, con capacidad para transportar 23 pasajeros o cuatro toneladas de carga. Esa aeronave le abrió a la empresa las puertas de las operaciones del sector de petróleo y gas. Hacia 2007 llegaron cinco Bell 412 y, desde 2010, ocho Eurocopter 145, completados en 2013 y que, según Trujillo, fueron los primeros de su tipo en Colombia.

Helistar Mi-17

No era simplemente sumar aeronaves a un hangar. Cada modelo ampliaba lo que Helistar podía hacer. La llegada de los EC145 representó un salto tecnológico, con más automatización y capacidad para operar costa afuera, en una actividad conocida como offshore. En 2014 comenzó la incorporación de los AW139, helicópteros de mayor tecnología para las operaciones marítimas. Hoy, la flota suma siete tipos de helicópteros y la compañía acumula unas 7.300 horas de vuelo offshore.

Trujillo ha sido testigo de buena parte de esa transformación. Antes de llegar a Helistar pasó 28 años en la Fuerza Aérea, donde alcanzó el grado de coronel. Ingresó a la empresa como copiloto del Mi-17; después fue piloto del Eurocopter 145, instructor y jefe de pilotos. Lleva cerca de ocho años como director de operaciones y, según sus cuentas, la compañía ha completado casi 53.000 horas de vuelo de manera segura.

De los helicópteros a los jets que cruzan el Atlántico

Mientras los helicópteros ampliaban el alcance de sus operaciones, Helistar empezó a mirar hacia otro lado del negocio: los aviones. Entre 2009 y 2010 decidió explorar el ala fija, primero con el King Air 350 y luego con el salto a los jets. Llegó un Hawker 900XP, que Trujillo recuerda como el primero de ese modelo en el país. Después vino el Falcon 2000, capaz de volar de Buenos Aires a Barranquilla, y más adelante el Gulfstream G500, el avión que hoy la compañía considera la joya de la corona.

KIing 350 de Helistar

El G500 puede permanecer hasta diez horas en el aire y alcanzar los 50.000 pies de altura, condiciones que le permiten cubrir rutas como Bogotá-Madrid. Tiene espacio para 15 pasajeros, cocina, internet privado y cuatro camas que pueden configurarse según el vuelo. Sus ventanas se oscurecen y el área de pasajeros puede aislarse de la bodega y de la cabina de pilotos. Trujillo lo describe como un hotel en el aire.

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No es solo cuestión de comodidad. En este mercado, cada detalle hace parte del servicio: el avión viaja con auxiliar de vuelo y tanto los pilotos como los auxiliares son bilingües y cuentan con certificaciones, pues buena parte de sus pasajeros son extranjeros.

Para competir en ese segmento tampoco bastaba con comprar aeronaves. Helistar obtuvo la certificación FAR 129 de la Administración Federal de Aviación de Estados Unidos, la FAA, que, según Trujillo, la convirtió en la primera empresa colombiana habilitada para realizar vuelos chárter entre Colombia y ese país, e incluso dentro del territorio estadounidense. También cuenta con las auditorías Argus y Wyvern, exigidas por intermediarios internacionales, y ha avanzado en la certificación europea de EASA, que requería demostrar la capacidad de sus aviones para cruzar el océano con un solo motor.

Artistas, pasajeros VIP y un FBO en El Dorado

En ese mundo de vuelos privados, los nombres conocidos también han pasado por sus aeronaves. Según la empresa, en sus aviones han viajado artistas como Karol G, Feid, Shakira, Beéle y Blessd; integrantes de la familia Char, y futbolistas como James Rodríguez, Radamel Falcao García y Luis Díaz.

Jugadores de la Selección de Brasil viajando con Helistar

Trujillo recuerda que Karol G utilizó el G500 durante tres meses de gira, con trayectos entre Europa y Estados Unidos. También cuenta que Helistar fue escogida, entre otros operadores, para transportar a Donald Trump Jr. en un vuelo privado desde Estados Unidos hacia Centroamérica.

Pero no todos los pasajeros llegan con una agenda de conciertos o compromisos públicos. Trujillo recuerda a una mujer de unos 80 años que contrató un vuelo desde Aruba. Cuando la tripulación revisó los pasaportes para preparar el viaje, descubrió que ese día era su cumpleaños. Decidieron recibirla con globos, torta y champaña. La pasajera terminó llorando de la emoción.

Esa atención empieza incluso antes de subir al avión. En El Dorado, Helistar cuenta con un FBO, sigla en inglés de operador de base fija: una terminal privada donde los pasajeros pueden hacer migración y aduanas lejos del público y las cámaras. Por allí han pasado grupos como Scorpions y, esta semana, Caifanes. El servicio incluye parqueo, planes de vuelo, catering, transporte y hoteles. La idea es que el viaje privado no se limite a volar en un avión exclusivo, sino que permita ahorrar tiempo desde que el pasajero llega al aeropuerto.

La pandemia también cambió las dimensiones de ese mercado. Trujillo señala que desde 2020 la demanda de aviación privada se disparó, especialmente en Estados Unidos, donde hoy hay más demanda que oferta. Para Helistar, ese crecimiento abrió la posibilidad de participar en operaciones internacionales, siempre que cumpliera los requisitos de los intermediarios y los clientes.

Del lujo a las emergencias: el otro rostro de Helistar

Pero la misma compañía que prepara vuelos para artistas y pasajeros VIP también ha puesto sus aeronaves al servicio de comunidades que, en medio de una emergencia, quedan aisladas. El contraste está en los destinos: de las rutas internacionales y las terminales privadas a poblaciones donde llegar por tierra puede ser imposible.

A comienzos de este año, el Mi-17 participó en el apoyo humanitario durante las inundaciones que afectaron a Córdoba y el área de Montería, llevando ayudas a comunidades incomunicadas. Después del terremoto del 10 de agosto, las aeronaves de Helistar llegaron a poblaciones de difícil acceso en el Chocó y el Valle, entre ellas El Cairo y El Águila, y al propio San José del Palmar, señalado como epicentro.

En esa respuesta también participó la ambulancia aérea, un EC145 medicalizado. Poner una aeronave al servicio de pacientes no consiste simplemente en instalar una camilla. Según Trujillo, la operación exige certificaciones aeronáuticas, distritales y del Ministerio de Salud, además de tripulaciones y personal médico entrenados. La inversión en equipos puede superar el medio millón de dólares y una camilla especializada cuesta cerca de 30.000 dólares.

Trujillo cuenta que la ambulancia voló 24 horas para llegar a comunidades a las que ningún otro medio de transporte podía acceder. El balance de la compañía registra una operación de diez días con dos aeronaves, que llegó a comunidades de Bagadó y resguardos indígenas. En ese tiempo trasladaron a 109 personas, entre adultos, niños y neonatos; llevaron 26.000 kilos de ayudas y donaron más de 35 horas de vuelo.

Pocas semanas después, otro helicóptero tuvo que cambiar el transporte de pasajeros por una tarea distinta: combatir el fuego. Entre el 29 de agosto y el 2 de septiembre, un Mi-17 equipado con un balde de 1.600 litros ayudó a enfrentar los incendios en Tolima. La Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres activó la operación y le asignó al helicóptero la zona cercana a la bocatoma de Suárez, amenazada por las llamas y fundamental para el suministro de agua del municipio.

La aeronave trabajó unas 30 horas en tres días. Al terminar la operación, la Alcaldía le entregó una placa de reconocimiento. Para una empresa acostumbrada a medir sus vuelos en rutas, pasajeros y horas de operación, esa misión tuvo otra clase de resultado: ayudar a proteger una fuente de agua de la que dependía una comunidad.

Lo que viene

Helistar sigue ampliando su flota. La compañía anunció la llegada de un nuevo AW139 equipado para búsqueda y rescate, que presenta como el primero con esas características en una empresa priva|da colombiana. También proyecta incorporar un Pilatus PC-24 en 2027 y sumar un Gulfstream G300 en 2028.

Ilustración 7AW139

La distancia entre aquel niño que miraba aviones en Pamplona y la empresa que hoy opera helicópteros de transporte, aeronaves medicalizadas y jets ejecutivos se mide en modelos, rutas y horas de vuelo. Pero también en la variedad de situaciones en las que una aeronave puede hacer la diferencia. El King Air 350 que comenzó como un gusto personal terminó abriendo la puerta a los vuelos chárter; los helicópteros que primero atendieron operaciones puntuales hoy llegan a zonas donde el transporte aéreo puede ser la única salida.

En Helistar, el cielo se convirtió en el espacio donde una afición encontró un negocio y donde ese negocio, con los años, aprendió a cumplir tareas muy distintas: llevar a un pasajero a su destino, acercar a un artista a su próximo concierto o llevar ayuda a una comunidad que espera en tierra.

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