
Fiel a su cita con los lectores, llega aquí una nueva entrega del consultorio de Psicología que atiende nuestra experta, Mª Jesús Álava Reyes. En esta oportunidad, vuestras inquietudes tratan asuntos de temática muy variada, como la difícil relación con adolescentes cuando tienen una actitud más que rebelde, incluso violenta, el duelo mal llevado acompañado de soledad o los celos e inseguridades tras un divorcio.Sí tienes dudas o inquietudes, si estás pasando un mal momento y quieres respuestas, al comienzo de este consultorio tienes la forma de enviar tu pregunta a nuestra experta.LIDIA | Tenemos un hijo adolescente, 17 años, que es muy rebelde. Pero de forma extrema. Me ha zarandeado un par de veces aprovechando que no está su padre. Ha roto sillas de su cuarto, tira los libros de la estantería si se enfada. No sabemos cómo ponerle límites. Si nos pide dinero y no se lo damos nos monta un escándalo de inmediato (sí le damos dinero, pero no podemos hacerlo continuamente, claro).La relación está fatal. Solo quiere estar con los amigos y no quiere saber nada de nosotros. ¿Cómo podemos atajar esto?Sin duda necesitan ustedes (los padres) ayuda profesional. En estos casos tan extremos, los psicólogos siempre empezamos trabajando con los padres. En la primera sesión, hacemos la anamnesis (el historial), pero les pediremos que hagan anotaciones literales de esas conductas disruptivas (violentas, agresivas…) que manifiesta su hijo.Deberán anotar exactamente qué hace, cómo reaccionan ustedes y qué vuelve a hacer él. Poco a poco les daremos orientaciones muy precisas y pautas muyconcretas para poder establecer unos límites y normas muy claras.En estos casos, el adolescente no quiere venir al psicólogo, pero es mucho lo que podemos hacer con ustedes, los padres; y de hecho, la mayoría de las veces, cuando ven que la situación en casa cambia, que ustedes han ganado en confianza y seguridad, que son capaces de establecer y hacer respetar unas normas claras…, termina diciendo que quiere venir al psicólogo/a que está trabajando con ustedes.No lo duden ni un instante más; lo que relata nos indica que el tema no va a mejorar, todo lo contrario; cuanto antes reciban ayuda profesional antes se podrá encauzar la situación.María Jesús Álava ReyesCRIS | Ha fallecido mi madre, a la que estaba cuidando en casa. Yo tengo 47 años y ella ha fallecido con 72, un poco joven. El caso es que no estoy pasando bien el duelo. Era toda mi ocupación y no sé qué hacer, cómo reemprender mi vida. Al trabajar en remoto desde hace siete años pues podía cuidarla y me había hecho a esa rutina. Soy hija única y mi padre ya murió hace tiempo. Me encuentro muy perdida. Me doy cuenta de que no me he relacionado con nadie desde hace mucho.Siempre, en los procesos de duelo, lo primero que hacemos los psicólogos es ver las palancas y pilares que presenta la persona: trabajo, amigos, relaciones sociales, ocio… En su caso, es lógico que le cueste superarlo, pues esos pilares son débiles: teletrabaja (con lo cual, poca relación con sus compañeros), apenas sale, pues le dedicaba todo el tiempo a su madre (poco contacto social), pocas actividades de ocio, ambiente familiar reducido (es hija única)…Seguro que usted ha hecho un gran trabajo con su madre, pero ahora toca “reconstruir” su vida, enfocar su energía en usted misma: aprender a cuidarse, a darse la importancia que merece, buscar acciones que la ilusionen, que rompan ese ámbito tan reducido en que se mueve…, y ahí lo más aconsejable es pedir ayuda psicológica.Es una situación que vemos constantemente en consulta, y que usted podrá leer en libros como “La soledad del cuidados” de Vicente Prieto (psicólogo de nuestro equipo); ahí detalla ese trabajo ingente, callado, continuado en el tiempo… y esa renuncia que a veces hace la persona a su propia vida. No se trata de que le digan que ahora tiene que salir y relacionarse más; el tema es más complejo que eso; por eso conviene pedir ayuda psicológica.La buena noticia es que estos casos, cuando se trabajan adecuadamente, se encauzan muy bien.María Jesús Álava ReyesMARTA G. L. | En octubre empecé una relación con un chico, nos conocimos de una manera casual. Empezamos a tener una relación muy bonita donde siempre hacíamos planes juntos con amigos, él es muy generoso y me ha hecho muchos regalos, que sabe que me encantan. Todo genial. Su padre está enfermo, lo que le hace ser cabeza de familia. Se encuentra agobiado en general. A comienzos de abril me dijo que necesitaba un tiempo para estar solo, espacio para pensar porque todo había ido demasiado deprisa. Francamente, no ha ido excesivamente deprisa, pero quizás yo haya sido demasiado intensa con los mensajes y las llamadas. Me gustaría que me indicase qué puedo hacer.En estos casos, cuando la otra persona nos pide tiempo y nos dice que siente que todo ha ido demasiado rápido, resulta crucial respetar ese tiempo, esos espacios y esa distancia que nos solicita.Es habitual que cuando parece que hemos encontrado a la persona ideal, nos entusiasmemos tanto, que podamos terminar resultando algo agobiantes; queremos estar todo el tiempo posible con la otra persona, que nuestra actividad social sea siempre con ella, que participe en todos nuestros planes… y puede llegar un momento en que esa persona necesita respirar, analizar con calma su situación y sus emociones, sentir libertad para hacerlo… En definitiva, necesita poner cierta distancia para ver cuál es su situación, cómo se siente, qué ha cambiado en su entorno, qué le gustaría o necesitaría hacer en estas circunstancias…, y ahí será crucial que sienta la libertad que nos pide y no cuestionemos su decisión.Aunque sea duro, si nos ha dicho que de momento prefiere poner en pausa la relación, hay que respetar su decisión; y eso implica, seguramente, no llamar durante un tiempo, no enviar mensajes… Él dirá los términos de esa pausa o tiempo de reflexión, y ahí una prueba de amor es respetar y conceder eso que tanto nos cuesta, y tanto miedo nos da. Estos hechos ponen a prueba la fortaleza de una relación y, sin duda, forzar los acontecimientos no es la mejor opción.María Jesús Álava ReyesJUAN C. | Tengo 38 años, llevo 5 divorciado. He estado 10 años con mi exmujer. La razón de la separación fue que me dejó por un compañero de trabajo. Desde entonces no puedo tener relaciones de pareja porque me muero de celos, de inseguridades. Sé que si te eligen es porque quieren estar contigo pero no consigo controlarloLa vivencia de la ruptura, y la causa que la desencadenó fueron muy traumáticas para usted. En estas circunstancias, con frecuencia nuestras emociones van por un sitio y nuestra “mente” por otro.Sus miedos, celos e inseguridades, nos indican que aún no ha superado adecuadamente esa ruptura; que aún no ha recuperado la confianza y el equilibrio emocional que tanto necesitamos, especialmente cuando nos enfrentamos a nuevas relaciones.Estos casos son muy frecuentes en las consultas de psicología. Habitualmente, la persona viene sin demasiada confianza en que la podamos ayudar; pero, afortunadamente, cuando nos permite trabajar con la profundidad que el tema merece, poco a poco, y más rápido de lo que pudiera pensar, empieza a recuperar la confianza que tanto necesita.En libros como “Amar sin Sufrir” detallo cómo superar estas situaciones y cómo ayudamos a las personas que las padecen. ¡No permita que esa experiencia pasada le arruine su presente y su futuro!María Jesús Álava Reyes

Publicado enRecetas
