Antonio Pampliega (Madrid, 1982) ha recorrido las calles de Alepo (Siria) en plena guerra, sin chaleco ni casco porque no se lo podía permitir debido a las pésimas condiciones en las que trabajaba como periodista freelance. Allí mismo fue secuestrado durante 299 días por Al Qaeda en 2015.
Después de más de una década informando de diferentes guerras sobre el terreno, ha decidido cambiar las crónicas bélicas por la novela, y los reportajes en papel por un programa de televisión en el que entrevista a sicarios y se infiltra en las maras latinoamericanas.
El periodista toma el testigo de Territorio Comanche, de Arturo Pérez Reverte, y relata en Cowboys en el infierno (Editorial Diéresis), a través de Lucas Corso y El Guaje, todo lo que vivió en Alepo, y que es a la vez un homenaje a esos años y una despedida.
Publicas Cowboys en el infierno, una novela sobre cómo es ser corresponsal en la guerra de Siria, pero dices que es una despedida, ¿por qué?
Es una despedida del periodismo de guerra freelance. Tengo 43 años y después de casi 15 yendo a costearme los viajes, pues ha llegado un momento que obviamente he dicho que hasta aquí, que no tiene sentido seguir. Además, pues lo que supone el libro es hablar de una etapa de mi vida, que yo recuerdo con mucho cariño, donde puede sonar raro decirlo, pero pasé muy bien trabajando con otros compañeros.
El libro sería la 'continuación' de lo que hizo Reverte en el 94, somos los herederos de ese Territorio Comanche. Y lo que quería contar a la gente es cómo son los nuevos periodistas freelance, que no tienen nada que ver con la época de Arturo Pérez Reverte, cómo nos jugamos la vida, cómo fue la guerra de Siria, y cómo esa dejadez por parte de los medios de comunicación acabó convirtiéndose en un foco mediático con la entrada de Estado Islámico y obviamente de Al Qaeda, que con el tiempo se acababan apropiando de la revolución de los sirios. Lo que he querido hacer es una novela de aventura, sobre todo inmersiva, para que la gente se sienta durante 480 páginas como nosotros nos sentíamos recorriendo las calles de Alepo.
¿Crees que este libro está enfocado a un público más amplio al ser ficción?
A lo mejor puede ser un público más masivo que el que lea libros de reporteros de la guerra y pueda empatizar mejor con todo esto. Esa es la idea, que no fuera un ensayo, que es más de nicho, que va a ir dirigido a estudiantes de periodismo, a gente que está superespecializada en Siria, que le gusta el tema. Esto es una novela para todo el mundo, que es de aventuras, porque que te sientes en la piel de Lucas Corso y El Guaje, que son los dos protagonistas, recorriendo avenidas en Alepo, donde sabes que hay francotiradores y que solamente escuchas el silencio y algún tiro a lo lejos. Quiero que la gente se sienta corresponsal de guerra por un día, que además es una profesión que a todo el mundo le llama la atención.
Y lo que mencionas sobre las condiciones de estos reporteros hoy en día, que no tienen nada que ver con hace 20 o 30 años…
En Territorio Comanche de Reverte, él cuenta que pertenece a una cadena de televisión, y obviamente va con unos recursos que nosotros no hemos tenido en la guerra de Siria. La diferencia es que nosotros somos freelance, somos autónomos, no tenemos el parapeto de ningún medio de comunicación detrás, trabajamos por piezas, es decir, si un día no mandamos noticia, fotos o vídeo, ese día no cobramos. Vamos sin seguro de vida porque no nos lo podemos permitir, de nuestro bolsillo está pagada la comida, el traductor y en nuestro caso teníamos que vivir en el frente de combate en Alepo, en los barrios aterrados por el régimen porque no nos podíamos permitir regresar todos los días a Turquía y pagar la furgoneta de ida y vuelta, que eran 500 dólares, más el hotel… Teníamos que dormir en primera línea, porque nos pagaban 35 euros por crónica. Nos salía a cuenta porque colaborábamos con medios internacionales que pagaban entre 200 y 500 euros.
¿Eso qué supone?
Pues que duermes en una zona de combate donde obviamente toda la noche estás escuchando los cohetes, las cadenas de los blindados del régimen de Bashar al-Ásad y que no tenemos acceso ni a poder lavarnos ni a comer decentemente, pero es lo que había. Ahí conseguimos sacar un muy buen trabajo. De hecho, en la fotografía de portada de este libro hay un premio Pulitzer, que es Manu Bravo, y el que ha hecho la fotografía donde salimos nosotros, los cowboys, es otro premio Pulitzer. No haríamos tan mal trabajo cuando dos de esos que aparecen en las fotos son premios Pulitzer. En esa fotografía yo no llevo ni casco ni chaleco porque no me lo podía pagar.
Entonces, ¿cuál es tu futuro en el periodismo?
Mi futuro en el periodismo es que el día 1 de septiembre presento programa en Cuatro, que se va a llamar Territorio Pampliega. Yo sigo haciendo periodismo, pero he cambiado la trinchera de cualquier guerra por entrevistar a sicarios, narcotraficantes, viajar hasta Honduras para meterme en las maras latinoamericanas, perseguir a los sujetos más buscados de España con la Policía Nacional. Y bueno, espero que Cowboys en el infierno tenga el recorrido y los lectores suficientes para poder hacer una segunda parte, porque me gustaría seguir contando las aventuras de Lucas Corso y de El Guaje, que no han sido pocas en estos 15 años.

