Riohacha pierde su centro histórico y nadie rinde cuentas

Riohacha pierde su centro histórico y nadie rinde cuentas

Riohacha deja caer su centro histórico mientras faltan respuestas. Juana Cordero pide un plan, inversión y control antes de que ya no quede nada por salvar

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Camina por el centro histórico de Riohacha y mira con calma. Hay fachadas agrietadas, techos vencidos y puertas cerradas desde hace años. Algunas casas aún conservan la dignidad de otra época. Otras esperan que alguien actúe antes de la próxima lluvia.

Cuando una pared se cae, pasa casi siempre lo mismo. La noticia circula en redes durante unas horas. Tú compartes la fotografía. Yo también. Todos preguntamos quién responde. Al día siguiente, las preguntas siguen sin respuesta y continuamos con nuestra vida.

Hasta el próximo derrumbe.

Una casa histórica es parte de nuestra identidad. Allí vivieron familias, abrieron sus negocios comerciantes y crecieron generaciones que construyeron la ciudad que hoy habitamos. Muchas de esas historias no están en ningún archivo oficial: viven en la memoria de nuestros abuelos. Cuando una casa desaparece, también se pierde una parte de esa memoria.

Riohacha tiene casi cinco siglos de historia. Fundada en 1545, su vida portuaria y comercial, su relación con el Caribe y su diversidad cultural le dieron una identidad propia. Sin embargo, seguimos sin tratar nuestro patrimonio como la riqueza que representa.

Hablamos de turismo, de desarrollo económico y de recuperación del espacio público. Pero ¿cómo invitamos a los visitantes a conocer nuestra historia si dejamos deteriorar los lugares donde permanece viva?

Los instrumentos de planificación existen. El Plan de Ordenamiento Territorial de 2015 contempló acciones para valorar y proteger el patrimonio. También se han planteado propuestas para recuperar inmuebles históricos y convertirlos en parte de un circuito cultural.

Entonces, la pregunta es inevitable: ¿qué tanto de esa visión se ha convertido en realidad?

Exijo al Distrito respuestas públicas y verificables: ¿cuántas edificaciones históricas están inventariadas?, ¿cuántas necesitan intervención urgente?, ¿cuánto dinero se ha invertido en su conservación y quién hace seguimiento a los compromisos?

Un documento no resuelve un problema. Hay que ejecutarlo.

Santa Marta y Barranquilla: experiencias que debemos estudiar

Santa Marta, fundada en 1525, ha impulsado planes para recuperar su centro histórico. Barranquilla también ha promovido iniciativas para revitalizar espacios tradicionales. Ambas ciudades enfrentan desafíos, pero sus experiencias permiten reconocer la importancia de articular la recuperación urbana, el patrimonio, la actividad comercial y la vida cultural.

La lección para Riohacha es clara: pintar fachadas o intervenir una plaza no basta. Se necesita una visión de conjunto, recursos y continuidad.

No tenemos que competir con nuestros vecinos ni imitar sus modelos. Tenemos que aprender de sus experiencias y diseñar una estrategia propia, acorde con nuestra historia, nuestras condiciones económicas y las características de nuestro centro histórico.

El centro histórico no puede depender de la próxima administración

Propongo cinco decisiones concretas.

Primero, un inventario público y actualizado de las edificaciones históricas, que identifique su estado estructural, nivel de riesgo y necesidades de conservación.

Segundo, un programa de conservación preventiva. Hay que intervenir los inmuebles antes de que una pared se convierta en una amenaza para sus habitantes y para quienes transitan por el centro.

Tercero, mecanismos de financiación compartida entre el Distrito, los propietarios, las entidades nacionales, las universidades y el sector privado, respetando las normas de protección patrimonial.

Cuarto, recuperar el centro histórico como un espacio vivo, donde puedan convivir la vivienda, el comercio tradicional, la gastronomía, la cultura y el turismo. No queremos un centro convertido en un escenario vacío, sino un lugar donde la gente viva, trabaje, emprenda y se encuentre.

Quinto, rendición de cuentas. Los riohacheros merecen conocer cuánto se invierte, qué edificaciones se recuperan, cuáles siguen en riesgo y qué resultados se obtienen cada año.

La responsabilidad no recae únicamente en el alcalde de turno. Los propietarios también tienen obligaciones de conservación, mientras las instituciones deben orientar, acompañar y hacer cumplir las normas. Por eso necesitamos coordinación y una política pública que no dependa de la voluntad de una sola persona ni desaparezca con cada cambio de gobierno.

El patrimonio no puede seguir esperando.

Todavía estamos a tiempo

No quiero que un niño tenga que preguntarle a su abuela dónde quedaba aquella casa que ella recuerda con cariño y que nadie supo conservar.

Riohacha todavía puede salvar parte de su patrimonio. Pero cada lluvia, sin medidas de prevención, aumenta el riesgo de perder otra edificación.

La recuperación del centro histórico no es un lujo ni un asunto reservado para quienes estudian arquitectura. Es una responsabilidad con nuestra identidad, con las generaciones que nos precedieron y con las que vendrán.

La decisión es nuestra: actuar ahora, con un plan, recursos y responsables definidos, o seguir llegando tarde, cuando ya no quede nada que restaurar.

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