«El año pasado los clientes entraban y compraban sus vacaciones. Ahora te dicen que se lo tienen que pensar». Ana Ruiz, directora de la agencia de viajes IRsemar, en el Paseo de las Delicias de Madrid, explica que en enero y febrero las reservas de viajes iban muy bien, pero fue empezar la guerra en Irán, el 28 de febrero, y experimentar «un parón de dos meses». Con la llegada temprana del calor, a mitad de mayo, «la gente vuelve a mirar vacaciones, pero han subido mucho los precios y eso se nota en sus decisiones», explica Ruiz.
José Miguel Sánchez, director de la agencia de viajes Galápagos Otras Rutas, también en Madrid, confirma ese «parón» en el ritmo de las reservas que achaca «a la convulsión general» y dice que está afectando más a los viajes de largo recorrido, sobre todo en rutas con escala en el Golfo. «El ánimo de viajar está ahí», señala Sánchez, «pero la gente se está reteniendo un poco, se queda más en Europa y en España. Algunos no van ni a Sicilia. Te dicen: si pasa algo no quiero que me pille por ahí».
Las agencias de viaje y los expertos en turismo nacional confirman a 20minutos que cada vez más españoles modifican o posponen sus planes de vacaciones de este verano, optan por destinos cercanos y recortan los días de viaje para hacer frente a los conflictos y al alza de los precios.
El catedrático en Economía por la Universidad de Jaén Juan Ignacio Pulido, director del Laboratorio de Análisis e Innovación Turística, asegura que no se puede hablar de una contracción general del deseo de viajar en España, sino que el turista nacional se ha vuelto «más sensible al precio, más selectivo, y más atento al riesgo». Ahondando en esa teoría, y a pesar de la incertidumbre geopolítica, del encarecimiento del queroseno, de las cancelaciones de vuelos, y del aumento general de precios, el experto no ve un escenario de renuncia masiva a las vacaciones, sino ante un cambio en la forma de decidirlas. En su opinión, el turista español sigue queriendo viajar, pero lo hace con más cálculo, comparando mucho el precio y exigiendo más seguridad en la reserva.
Su pronóstico para el verano de 2026 es que «habrá una demanda todavía fuerte, aunque más sensible al precio y al riesgo».
Viajes más cortos
El comportamiento de los viajeros en un contexto de incertidumbre internacional preocupa a los grupos turísticos también. En su estudio, Ávoris revela que el 59% de los españoles prevé viajar este verano, aunque hará menos desplazamientos hacia opciones «percibidas como más cercanas y seguras». Por encima de las cancelaciones, los cambios de planes que se están dando implican el cambio de destino, seguidos de fechas o duración.
La Asociación Internacional de Transporte Aéreo, IATA, ha publicado un informe esta semana que revela que más pasajeros optan por viajar distancias más cortas. En el caso de los europeos señala que viajarán un 8% menos a destinos fuera de la UE entre junio y septiembre, mientras que dentro del continente aumentan los viajes un modesto 2%. La demanda general desciende un 2%. Y, sobre el impacto de la guerra en Irán, el informe de las aerolíneas explica que las perturbaciones geopolíticas suelen provocar cambios en los patrones de reserva, como que los viajeros planifiquen sus viajes con poca antelación.
En España, los datos del INE todavía no reflejan todavía, a pesar de la incertidumbre geopolítica, que se esté produciendo una sustitución del viaje internacional por el nacional. El catedrático Juan Ignacio Pulido cree que el turista español no ha renunciado a salir al exterior: «Más que dejar de viajar fuera, veremos una selección más conservadora: destinos europeos próximos, viajes más cortos, más coche o tren cuando sea posible y más atención al coste total del viaje».
Una tendencia nueva para este verano según los expertos es que pueda reforzarse el turismo nacional entre los perfiles más sensibles a los precios: «Especialmente jóvenes, familias y rentas medias», acota Pulido. También lo perciben así en el Observatorio Nacional del Turismo Emisor, Observatur, donde están en proceso de realizar una encuesta para comprobar si, como están detectando, «hay un mayor interés por el turismo doméstico, especialmente entre los menores de 35 años», explica su director, Marcos Franco. Esta tendencia vendría impulsada por el alza en las tarifas aéreas y de los precios hoteleros. No en vano, un estudio de Allianz Partners revela que el 87% de los españoles está «preocupado por el incremento de costes» turísticos.
«Clientes que el año pasado se iban una semana me dicen, Ana, búscame algo para cinco días. Necesitan evadirse, pero no pueden afrontar el mayor gasto»
Para Franco, «el viajero español de 2026 es más calculador que el de hace dos años: fracciona pagos o financia, dedica más tiempo a comparar, concentra el grueso del presupuesto en el viaje principal y compensa con escapadas cortas más asequibles», señala.
En su agencia de viajes, Ana Ruiz comprueba a diario que los españoles van a recorrer este verano menos millas y no únicamente por la guerra. «El riesgo preocupa a la hora de viajar, pero los precios importan más», defiende la directora de la agencia de viajes IRsemar, que ha visto encarecerse algunos vuelos de larga distancia a Asia más de 500 euros por evitar el Golfo. «Está mal que lo diga yo, pero no hay quien salga a ningún lado, los precios están prohibitivos. Clientes que el año pasado se iban una semana me dicen: ‘Ana, búscame algo para cinco días’. Necesitan evadirse, pero no pueden afrontar el gasto de una semana».
España, más cara
Sin embargo, quedarse en España este verano tampoco sale muy barato. El precio del alojamiento en los hoteles en abril fue un 7,5% más caro que en el mismo mes del año pasado, con la habitación media a unos 123 euros. Un ritmo de crecimiento de las tarifas de alojamiento que duplica el promedio europeo del 3,6% y que es el quinto más elevado de toda la UE.
Este encarecimiento se justifica en parte por la inflación. Al menos así se lo explican los hoteleros a las agencias de viaje: «Te dicen, es que tengo todo el día el aire acondicionado puesto en las habitaciones y la comida sube de precio, no solo cuando la compras para casa, también en el hotel. Resulta muy difícil así no subir los precios».
Sin embargo, los expertos también achacan este alza al incremento al número de llegadas de turistas desde el extranjero, viajeros con más poderío económico, que se esperan aumenten en un verano en el que España se vende como «un destino refugio», más seguro que otros ante la inestabilidad internacional y que propone eventos únicos como el eclipse del 12 de agosto, coinciden los expertos consultados. «España puede beneficiarse como destino seguro frente a zonas más inestables, pero debe tener cuidado con no confundir fortaleza de demanda con elasticidad infinita de precio», reflexiona el catedrático de la Universidad de Jaén, Juan Ignacio Pulido.
Aprovechar esta coyuntura simplemente para subir precios (en España) sería un error estratégico grave
En Observatur constatan el «efecto refugio» de España como destino turístico. «Los datos del INE muestran que España recibió 17,5 millones de turistas internacionales en el primer trimestre, un 2,5% más que en 2025, con un gasto turístico que creció un 6,3% hasta los 25.000 millones de euros. El visitante medio gasta más, y eso es una buena noticia. Ahora bien, no debemos caer en la autocomplacencia. Aprovechar esta coyuntura simplemente para subir precios sería un error estratégico grave: corremos el riesgo de erosionar nuestra competitividad a medio plazo frente a destinos emergentes y, sobre todo, de penalizar al propio turista nacional, que es el cliente más fiel y estructural de nuestros destinos. La oportunidad real no es subir precios, sino capturar valor mejorando producto y experiencia», reivindica Marcos Franco.
Para los expertos el verano de 2026 no debe leerse en clave de miedo, sino de reajuste. «El turista español no desaparece: se vuelve más estratégico». Y los destinos que funcionarán «serán aquellos capaces de ofrecer seguridad, flexibilidad, buena relación calidad precio y experiencias con sentido», describen.
A pocas semanas de las primeras vacaciones de verano masivas, el turista español —que se ha vuelto hipercomparador, cauto frente al riesgo, y que sigue atento cada anuncio que realiza Trump en un contexto internacional cambiante— estará preguntándose: «¿Me cojo un vuelo o no? ¿Reservo apartamento o un hotel? ¿Me decido por España o espero a ver si se acaba el conflicto y bajan los viajes a Tailandia?», reconoce Ana Ruiz, confiando en que los clientes empiecen a entrar a su agencia de viajes.

