En el segundo piso de la Galería El Cometa se exhibe una selección de esculturas de su acervo; un recorrido fascinante con Jesús Soto, Ramírez Villamizar, Negret
Por motivos prácticos, he visitado en varias ocasiones la Galería El Cometa. En el segundo piso se exhibe una selección de esculturas pertenecientes a su acervo; el recorrido resulta fascinante. Como bien sabemos, el venezolano Jesús Soto es el gran maestro de la geometría del siglo XX. En su trabajo convergen constantes rítmicas —casi musicales—, matemáticas y físicas que permiten el tránsito de la segunda a la tercera dimensión.
Jesís Soto, Galería El Cometa
La pieza presente en la galería es representativa, aunque carece de esa plenitud que Soto denominaba «la conquista del espacio». El artista nació cerca del río Orinoco, en Ciudad Bolívar, donde dejó un museo que resguarda su legado y que —espero— se mantenga intacto frente a los recientes acontecimientos políticos.
La relevancia mundial de Soto es indiscutible; baste recordar su imponente Penetrable a la entrada del Centro Pompidou en París, el emblemático edificio de Renzo Piano y Richard Rogers. Para Soto, el cuadrado era la unidad de medida esencial del espacio. En la escultura expuesta en El Cometa, la ausencia del hilo de nailon le resta dinamismo óptico, pero no por ello deja de ser una pieza de gran interés.
Eduardo Ramíeez Villamizar,Galetìa El Cometa
Compartiendo sala, aparece una segunda escultura: una estructura de hierro oxidado del colombiano Eduardo Ramírez Villamizar. Al igual que Soto en Ciudad Bolívar, el pamplonés cuenta con un museo dedicado a su obra en su ciudad natal. El Museo de Arte Moderno Ramírez Villamizar, ubicado en una hermosa casona colonial, ofrece un contraste perfecto con la modernidad de sus formas oxidadas.
Por un giro del destino, la muestra también incluye piezas de Edgar Negret. El payanés, quien descubrió la geometría en los semáforos de Nueva York, encontró más tarde inspiración en la geografía y la estatuaria precolombina. Negret fue un artista polifacético que también legó un museo a su ciudad natal, aunque tristemente se comenta que ha sido casi desmantelado.
Edgar Negret, Galerìa El Cometa
Debo confesar que la escultura de Negret aquí expuesta suscita ciertas suspicacias, especialmente considerando el cuestionable manejo comercial que ha sufrido su producción en años recientes. Si bien la asistente de la galería mencionó la existencia de avalúos y certificaciones, estos documentos brillaron por su ausencia durante mi visita. Aunque el prestigio de El Cometa sugeriría que no incurrirían en un error de tal magnitud, la duda es imperativa: ¿quién avala realmente la autenticidad de esta pieza? En un mercado donde las certificaciones a menudo provienen de manos dudosas, la transparencia documental es el único antídoto contra la incertidumbre.
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