Hubo un momento en el que parecía que el regreso del Citroën 2 CV era poco más que un ejercicio de nostalgia recurrente. Una idea atractiva, sí, pero difícil de aterrizar en un contexto dominado por la electrificación, los costes industriales y una normativa cada vez más exigente. Sin embargo, ese escenario ha cambiado. Citroën ya no esconde sus cartas y trabaja activamente en reinterpretar uno de los nombres más influyentes de su historia reciente.
Confirmado desde dentro
La confirmación ha llegado por boca de su consejero delegado, Xavier Chardon, que reconoce abiertamente que el proyecto está en marcha y que su objetivo no es otro que recuperar el espíritu del modelo original. No se trata de replicarlo, sino de traducirlo al lenguaje actual: un coche sencillo, accesible y pensado para cubrir necesidades reales. En paralelo, desde el área de diseño, Pierre Leclercq insiste en una idea clave: el 2 CV fue, ante todo, una herramienta de movilidad básica para las masas. Si vuelve, deberá seguir siendo eso, aunque el contexto haya cambiado radicalmente.
Y ese contexto tiene un claro detonante. El éxito del Renault 5 eléctrico (con más de 120.000 reservas en Europa), o la excelente acogida que ha tenido el reciente nuevo Twingo han demostrado que el mercado no sólo compra tecnología, sino también relato. La conexión emocional con el pasado, bien ejecutada, tiene valor comercial. Citroën ha tomado nota y ha decidido posicionarse en un escalón incluso más bajo, atacando el terreno del coche eléctrico asequible con una propuesta más pragmática.
El futuro 2 CV será, previsiblemente, un utilitario 100% eléctrico desarrollado sobre la plataforma Smart Car del grupo Stellantis, la misma base que ya utiliza el Citroën ë-C3. La diferencia estará en el enfoque: menos equipamiento superfluo, baterías de tipo LFP más económicas y una filosofía de diseño claramente minimalista. El objetivo es evidente: bajar la barrera de entrada por debajo de los 15.000 euros.
Por tamaño y planteamiento, todo apunta a un posicionamiento intermedio entre el Citroën Ami y el ë-C3, acercándose en concepto a modelos como el Dacia Spring. Esto implica dimensiones contenidas (en torno a los 3,7 metros), cuatro plazas utilizables y prestaciones modestas pero suficientes para el día a día, con autonomías previsibles en el entorno de los 200 kilómetros.
Eso sí, conviene no perder perspectiva. El 2 CV original nació para motorizar a una sociedad rural en plena reconstrucción tras la posguerra. El nuevo tendrá que responder a otro tipo de necesidades: movilidad urbana, costes controlados y facilidad de uso en entornos cada vez más regulados. La esencia cambia menos de lo que parece, pero el contexto es completamente distinto.
Si no hay cambios en la hoja de ruta, el primer anticipo oficial llegará a finales de este mismo año, previsiblemente en el Salón del Automóvil de París 2026. Será entonces cuando se mida el verdadero interés del público. Porque aquí no basta con apelar a la nostalgia: si el producto no es coherente en precio, uso y propuesta, el mercado lo va a penalizar sin contemplaciones.

