Si estás planeando tus vacaciones de verano y tu idea es salir fuera de España, te damos algunas razones para que tu próximo destino pase por Holanda, un país que es mucho más que la maravillosa Amsterdam. Y aunque está claro que su capital es una de las ciudades imprescindibles, también queremos poner la vista en otros lugares menos frecuentados y que pueden llegar a ser igual de interesantes. En este caso nos vamos hasta Breda, una ciudad donde el estilo de vida tranquilo, sus calles históricas atravesadas por canales y el hecho de que se mantenga alejada de las rutas turísticas habituales lo convierten en uno de los destinos neerlandeses más fascinantes.
Qué ver en Breda
Comenzamos a descubrir Breda por su pintoresco centro histórico de edificios antiguos y canales sobre las aguas del río Mark. La plaza principal, repleta de terrazas y cafés, acoge también un mercado que se celebra los martes y viernes. Aquí se encuentran algunos de los monumentos principales, como el Antiguo Ayuntamiento y la Gran Iglesia (Grote Kerk) que, a lo largo de sus 750 años de historia, ha ido combinando el estilo gótico con el renacentista. Lo más destacado es su torre de 97 metros de altura y las hermosas vidrieras. Dentro también se pueden ver impresionantes murales y la Capilla del Príncipe que acoge el mausoleo de los antepasados de la Casa Real holandesa, la familia Nassau.
La atmósfera atemporal del beguinario
A unos pasos de la Plaza del Mercado se encuentra este recinto histórico que es un verdadero oasis de paz y tranquilidad. En este lugar de encantadoras casas estruturadas alrededor de un patio ajardinado residía desde el siglo XIII una comunidad de beguinas. Si quieres descubrir cómo vivían estas mujeres que, sin pertenecer a una orden religiosa, eligieron un retiro de vida en comunidad puedes visitar el museo del beguinario.
Y muy cerca del Beguinaje te recomendamos visitar la Iglesia Valona (del siglo XV), que en un principio fue utilizada por las beguinas hasta que, en el siglo XVI, se convirtió en un lugar de culto de los protestantes francófonos que no podían practicar libremente su fe. Hoy acoge conciertos y reuniones.
La fortaleza medieval de Breda
También en el casco antiguo verás este elegante castillo que está muy vínculado a la historia de la ciudad. Su estructura representa uno de los primeros ejemplos de arquitectura renacentista monumental en los Países Bajos. Desde el siglo XIX acoge la Real Academia Militar por lo que solo se puede visitar el Día de los Monumentos Abiertos que se suele celebrar el segundo fin de semana de septiembre. Lo que sí que puedes es disfrutar de una bonita vista de la fortaleza desde el canal y el puente de enfrente.
Una ciudad de parques y muchas zonas verdes
Breda es también perfecta para disfrutar de largos paseos aprovechando que cuenta con numerosos espacios verdes. Entre los parques más populares está el de Valkenberg, con jardines y estanques, pero también puedes acercarte hasta Mastbos, un bosque histórico que bordea la ciudad y tiene más de 500 años. En este espacio natural, muy cercano al centro, encontrarás árboles centenarios y bonitos senderos para recorrer a pie o mejor en bicicleta, ya que estás en un país que tiene mucha cultura ciclista. Aprovecha que te encuentras en este espacio para visitar, aunque sea por fuera, el bonito e histórico Castillo de Bouvigne, rodeado de agua y vegetación. Cuenta con tres jardines, uno francés, otro inglés y otro alemán, con una colección de esculturas.

