Se conocieron a los 15 años, crecieron entre risas y hoy, tras décadas de complicidad, llevan al teatro su reciente obra donde el humor y la vida se mezclan
A los 15 años, en la sala de la casa de un amigo común, Julián Arango y Antonio Sanint hicieron una pequeña presentación improvisada. Lo que pareció una disputa entre adolescentes terminó en el inició de una amistad que nada ha podido romper. No había escenario ni luces, solo un puñado de conocidos y los dos fueron los protagonistas de la noche.
Más de tres décadas después, esa intuición se convirtió en una sociedad creativa que ha resistido el paso del tiempo, los cambios de la industria y las diferencias personales. Hoy vuelven a coincidir en las tablas con “Par de Gü3vas”, una obra que mezcla stand-up comedy, actuación y la interacción directa con el público, haciendo que cada función sea distinta.
Amistad a toda prueba
Desde que se conocieron en la adolescencia su amistad ha sido constante. A toda prueba, ese vínculo se consolidó en fiestas, en reuniones con amigos, en esos primeros “mano a mano” donde imitaban, exageraban y probaban límites. Ambos son hijos de hogares clase media, y la falta de dinero para los buses la resolvían caminando por más de dos o tres horas para llegar a las reuniones de amigos, donde se convertían en los protagonistas.
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Esa dinámica inicial terminó siendo la base de proyectos que más adelante tendrían impacto en el circuito teatral colombiano, como “Ríase el show”, cuando el stand-up apenas comenzaba a encontrar su lugar en el país.
Ambos tomaron caminos que, en apariencia, iban por fuera del escenario. Estudiaron publicidad, apostaron por una carrera más estable, pero terminaron inclinándose hacia la actuación, el teatro y la comedia. No fue una decisión inmediata ni sencilla: fue el resultado de insistir, de construir una carrera sin atajos, ganándose cada personaje y cada espacio en la televisión. En el caso de Arango, su trayectoria tuvo un punto de inflexión con su primer protagónico en la novela Perro amor, junto a Danna García, que lo posicionó en la televisión más allá de sus papeles secundarios.
Opuestos complementarios
El contraste entre los dos siempre ha sido evidente. Arango tiende a ser introspectivo, con un humor ácido y una forma de construir personajes que busca capas oscuras y profundidad. Sanint, en cambio, se mueve con naturalidad en lo cotidiano, en la observación de lo diario, con una estructura precisa que convierte situaciones simples en material escénico. Esa diferencia, lejos de separarlos, se convirtió en el eje de su relación. Cada uno encuentra en el otro un complemento.
Son considerados pioneros del stand-up comedy en Colombia. Sus presentaciones en teatros ayudaron a consolidar un formato que hoy es masivo y que abrió camino a nuevas generaciones. Entre quienes han reconocido esa influencia está Alejandro Riaño, quien alcanzó gran popularidad con su personaje Juanpis González. El impacto de Arango y Sanint no solo se mide en sus propias carreras, sino en la forma en que ampliaron el lenguaje del humor en el país.
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En escena, la relación entre ambos se sostiene en elementos que no siempre son visibles. Los silencios, las miradas. Hay una comunicación que no depende únicamente del texto. En los camerinos, ese vínculo se traduce en trabajo: prueban chistes, ajustan tonos, descartan ideas, discuten detalles. Ese espacio funciona como un laboratorio donde se construye lo que luego parece espontáneo frente al público.
No todo lo que han hecho juntos ha llegado a escena o a la pantalla. También han compartido la realización de guiones que no prosperaron, ideas que quedaron en proceso y conversaciones creativas que nunca se materializaron y campañas publicitarias que se merecieron premios, como “estar en el lugar equivocado”, del Banco Davivienda, ingeniado por Arango. Esa parte invisible también forma parte de su historia, tanto como los proyectos que sí se concretaron.
La fuerza está en la diferencia
Fuera del trabajo, la relación se mantiene en lo cotidiano. Viajes, comidas, conversaciones donde el humor deja de ser herramienta y se vuelve simplemente una forma de estar. En ese terreno, la amistad está por encima de cualquier proyecto. No siempre piensan igual. Han tenido desacuerdos sobre actuación, comedia e incluso política, pero esas diferencias han enriquecido la relación en lugar de debilitarla.
También hay afinidades que los definen por fuera del escenario. Sanint tiene una relación más cercana con la música, disfruta tocar distintos instrumentos y explorar ese lenguaje. Arango, por su parte, encuentra en el fútbol una de sus pasiones más constantes. Son intereses distintos que, como en su trabajo, no buscan coincidir sino coexistir.
El respeto profesional es otro de los pilares. Sanint reconoce en Arango a un actor de gran profundidad, capaz de sostener personajes complejos. Arango valora en Sanint la estructura de su comedia, la manera en que construye cada rutina con precisión. Esa admiración mutua evita que la relación se desgaste en una industria donde el ego suele imponerse.
“Par de Gü3vas” aparece como una síntesis de ese recorrido. No es solo una obra, es una extensión de su dinámica: mezcla de estilos, diálogo constante con el público y una estructura abierta que permite que cada función cambie. No hay una repetición mecánica, sino una adaptación permanente a lo que ocurre en la sala.
Después de más de 30 años, la relación entre Arango y Sanint no depende de un proyecto específico. Se ha construido entre escenarios, camerinos, ideas compartidas y diferencias asumidas. Lo que comenzó como una presentación improvisada en la adolescencia se convirtió en una sociedad creativa sostenida en el tiempo, donde el humor ha sido el lenguaje común, pero no el único.
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