En 1970, el sistema tradicional frenó al general Rojas Pinilla con una jugada a medianoche. Así nació el descontento que marcó a toda esa generación
Realmente el olvido llega cuando se dejan de mencionar las cosas. Han pasado 50 años desde aquel 19 de abril de 1970, cuando disputaron la Presidencia de la República Misael Pastrana Borrero, Evaristo Sourdis Juliao, Gustavo Rojas Pinilla, José Elías del Hierro y Belisario Betancur.
El mundo político daba como posible ganador al general Rojas por encima de todos los pronósticos. Sin embargo, para nadie era un secreto que desde los partidos tradicionales, Liberal y Conservador, se fraguaba un plan para atravesársele en el camino a Gustavo Rojas y evitar que ocupara por segunda vez el solio de Bolívar. El Partido Conservador estaba hecho pedazos: tres de sus figuras representativas peleaban el poder. El Partido Liberal, por consiguiente, veía a sus militantes repartirse según sus afectos.
Basta imaginar cómo era Colombia hace 50 años: su sistema de comunicación terrestre era un desastre y las terminales aéreas se podían contar con los dedos de las manos. El país estaba realmente atrasado. Los boletines electorales eran narrados a través de la Radio Nacional, y queda la duda de si existían emisoras en el Amazonas, Putumayo, el Chocó y otros lugares recónditos de nuestra geografía.
Lo que parecía un día normal de fiesta democrática terminó marcando un punto de inflexión en la historia política de nuestro país. Cuando se conocieron los primeros resultados electorales que favorecían al general Rojas, el gobierno de Carlos Lleras Restrepo cerró subrepticiamente la señal de radio y televisión a la medianoche.
Al día siguiente, resultó ganador del debate electoral Misael Pastrana Borrero. Un grupo de estudiantes, indignados por lo que se conoce en la historia como la gran estafa electoral de Colombia, se organizó en un nuevo movimiento político conocido como el M-19, en alusión a la fecha de las elecciones.
Desde entonces germinó el descontento popular y la rebeldía ciudadana que, como el río de Heráclito, se volvió intemporal. Ahí vamos, tratando de dar la vuelta para inspirar un nuevo porvenir que nos arrastre a la consolidación de las reivindicaciones de la sociedad colombiana.
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