«Apurad, que allí os espero si queréis venir, pues cae la noche y ya se van, nuestras miserias a dormir. Vamos subiendo la cuesta, que arriba mi calle, se vistió de fiesta”. El veinte aniversario de El Intermedio venía con una sorpresa final. Wyoming cogió los mandos de su banda. Miró al frente, apareció por la escalera Victor Manuel y empezó a sonar Fiesta, una canción que habla tan bien de la España que celebra. Hasta cuando se va a soñar.
Unos segundos más tarde, Ana Belén también descendió la escalinata. El cameo inesperado. El aplauso espontáneo. Y la luz del escenario se encendió todavía más. Y sin necesidad de prender más focos. Todo gracias al ímpetu de Ana interpretando una letra de Joan Manuel Serrat que describe, en el fondo, la esencia de El Intermedio desde que nació a la vez que La Sexta: la verbena que todo lo reúne, todo lo congrega, todo lo satiriza, todo lo permite. La juerga de la comedia que consigue que duelan menos los golpes. Incluso ayuda a coger aire de la rutina mientras afrontas las decepciones de la propia rutina. Pero lo haces con esa sonrisa cómplice de la que nadie nos podrá desahuciar nunca.
Y así en El Florida Park, donde Tina Turner actuó frente a Concha Velasco, Raffaella Carrà sufrió una pelea del público en plena actuación y donde Lola Flores perdió el pendiente, El Intermedio ha puesto de acuerdo a la política, la prensa, la industria audiovisual y el espectáculo en una noche para celebrar la supervivencia de la televisión que no solo habla, también cuida la artesanía de la elaboración: la documentación, el guion, la redacción, la realización, la puesta en escena y la escucha. Porque El Intermedio escucha. Y mucho. Hasta cuando se indigna.
Y, claro, también a abierto los oídos en su cumpleaños. La mejor celebración siempre es la que viene con inspiración entre amigos. Ha sucedido con el primer gran invitado: Iñaki Gabilondo, con una curiosidad incesante que siempre acaba convirtiéndose en una brújula que señala el camino para salir del aturdimiento colectivo que nos oprime: «El otro día unos chicos se me acercaron y me dijeron que eran de Vox porque ‘decían las verdades claras’. Y yo les dije, hombre, ‘porque dicen las verdades claras’ puedes seguir a un periodista, puedes seguir a un profesor. Pero a un político le tienes que seguir porque te digan ‘cómo van a resolver los problemas que tienes, ¿te han dicho cómo van a resolver los problemas que tienes? Y no me supieron contestar”.
Gabilondo desactiva rápido la demagogia con el argumento tejido en el matiz. Eso que debemos entrenar más y mejor. Eso que falta tanto en la televisión de la fanfarria y, en cambio, ha convertido a El Intermedio en un contrainformativo que sobrevivirá en el imaginario colectivo entre tanto ruido de mensajes efímeros: porque hay debates placebo retransmitidos y, luego, está la tele que hace retrato social sin fecha de caducidad. Lo consigue desde la fiesta crítica que siempre nos hará pensar para que bailemos mejor juntos: «Hoy el noble y el villano, el prohombre y el gusano, bailan y se dan la mano, sin importarles la facha. Juntos los encuentra el Sol, a la sombra de un farol, empapados en alcohol, piropeando a una muchacha. Y con la resaca a cuestas vuelve el pobre a su pobreza, vuelve el rico a su riqueza y el señor cura a sus misas. Se despertó el bien y el mal, la zorra pobre al portal, la zorra rica al rosal y el avaro a las divisas… Se acabó. El Sol nos dice que llegó el final. Por una noche se olvidó, que cada uno es cada cual. Vamos bajando la cuesta, que en El Intermedio, se acabó la fiesta».

