La polarización instalada en Estados Unidos, agudizada por la crispación política y la violencia, es el caldo de cultivo ideal para que los grupos extremistas alimenten sus discursos y proclamas y alimenten el odio. En este convulso escenario, un tirador de 22 años acabó con la vida de un activista conservador, Charlie Kirk, ante la mirada atónica de centenares de oyentes y a plena luz del día. Kirk era el brazo del movimiento 'Make America Great Again' (MAGA) en el ámbito estudiantil, pero también tenía un pódcast en el que difundía su mensaje a miles de personas. Era el rostro visible de un movimiento que se ha quedado 'huérfano', aunque un anglo-canadiense podría coger el testigo pero con un perfil que aprovecha el convulso panorama para lanzar mensajes más exacerbados.
Responde al nombre de Garvin McInnes, nació en Reino Unido, se mudó a Canadá cuando era niño y ahora le siguen, solo en la red social X, 252.000 personas -sus cuentas de Facebook e Instagram, y posteriormente de YouTube, fueron suspendidas-. Pero la influencia de McInnes se extiende mucho más allá de lo que cuenta en su pódcast 'Get Off My Lawn'. El comentarista político cofundó en 1994 la revista 'Vice', la cuna de la cultura hípster. Con sus gafapasta, barba y bigote, tirantes y pelo perfectamente arreglado, logró junto a Shane Smith y Suroosh Alvi que la cabecera tuviese 36 delegaciones por todo el globo y una productora de televisión.
Sin embargo, a la par que la publicación conseguía más adeptos, el comportamiento de McInnes se complicaba y se volvía más radical. Sus comentarios racistas, xenófobos y misóginos provocaron que su propia cabecera prescindiese de él en 2008 bajo la versión oficial de que se habían producido diferencias creativas. Volvió a intentar mostrarse como el azote de la corrección política y un revolucionario con la creación de un nuevo portal, 'Streetcarnage', pero fracasó. Después lo intentó con dos libros, se unió a los creadores de contenido de YouTube y empezó a colaborar en medios de extrema derecha.
IMAGEN: Gavin McInnes en su programa.
Fue en 2015 cuando consiguió su propio programa y una columna de opinión en un portal radical. Un año después, su trabajo desencadenó en la idea de fundar un grupo que aunara a los hombres blancos heterosexuales y de valores conservadores pero, sobre todo, orgullosos de serlo, los 'Proud Boys' ("chicos orgullosos", en español). El club hacía alarde de la violencia, de la misoginia y del ultranacionalismo, cuyos estatutos eran una defensa férrea de la cultura occidental, del hombre blanco como líder del mundo y con el papel de la mujer relegada a ser ama de casa.
Obsesionado con la violencia: "No eres hombre hasta que has pegado una paliza"
McInnes es la representación de la obsesión con la violencia. "Una pelea lo arregla todo", aseguraba en un pódcast el entonces líder de la organización considerada neofascista. "No eres un hombre hasta que le has pegado una paliza a otro o te la han pegado a ti", defendía.
Pero la violencia ejercida por este grupo de "muchachos orgullosos" empezó a dejar de ser solo verbal y pasó a ser física. Tras las protestas de Portland (Oregón) por el asesinato de George Floyd que desembocaron en una batalla campal entre los manifestantes que cargaban contra la forma de actuar de la policía y grupos de extrema derecha, como los Proud, estos últimos también quisieron participar en Charlottesville.
En la ciudad de Virginia se convocó una manifestación bajo el lema "Unite The Right" ("Unid a la derecha", en español), pero terminó siendo otro alarde de violencia con contramanifestantes y uno de los individuos de extrema derecha atropelló y mató a una simpatizante de izquierdas.
"Quiero violencia, quiero puñetazos en la cara. Estoy decepcionado de los partidarios de Trump por no golpear lo suficiente", llegó a pronunciar.
Las declaraciones de McInnes se volvían cada vez más provocadoras, asegurando cosas como que amaba ser blanco y que se debían "cerrar las fronteras" y que "todo el mundo debería asumir la cultura occindetal, el estilo de vida blanco". Llegó a escribir una guía sobre cosas que odiaba de los judíos y afirmó que le gustaba dónde se ubicaban las oficinas de 'Vice' porque no era una zona de población de "jodidos negros y puertorriqueños". También se burlaba de los homosexuales y de las mujeres, de quienes consideraba que debían ser siervas del hombre.
Nuevo líder de los 'Proud Boys'
El FBI llegó a catalogar el club de hombres blancos como "extremista", "de odio" y "con lazos con el nacionalismo blanco". Y el grupo fue incluído en listas de organizaciones peligrosas y vio vetada su entrada en lugares como Australia por las declaraciones racistas.
IMAGEN: Miembros de los 'Proud Boys' con ropa de la marca Fred Perry. EP
Las marcas que tanto habían celebrado su auge por la moda hipster, como los polos Fred Perry, que se volvieron seña de identidad de los Proud, decidió dejar de vender en EEUU para alejarse del movimiento. En 2018, McInnes optó por dejar los 'Proud Boys', aconsejado por sus abogados tras la ingente cantidad de demandas.
Pero resurgió en 2020, cuando durante el debate de campaña de Trump y Joe BIden, el republicano envió un mensaje al club, instándolos a apartarse y a que dejasen trabajar a las autoridades. El actual dirigente del grupo y líder de la asociación 'Latinos for Trump', el afrocubano Enrique Tarrio, aceptó las palabras del magnate, pero McInnes quiso dejar claro al ahora presidente que era él quien seguía estando al mando y que no iba a hacer lo que pedía.
IMAGEN: Enrique Tarrio, líder de los 'Proud Boys' y de 'Latinos for Trump'. EP
De hecho, pese a que Trump aseguró que no conocía al grupo, Tarrio era el líder de los 'Proud Boys' cuando se produjo el asalto al Capitolio del 6 de enero de 2021, donde estuvieron muy presentes. Posteriormente, Tarrio fue indultado por el presidente estadounidense.
Emerge su discurso
Así, el ferviente ambiente, en el que los discursos se polarizan cada vez más, provoca que comportamientos extremistas sean vistos como rebeldes y ejemplo de lucha. En este escenario, el discurso radical busca estrategias para mantenerse activo y ahora cuenta con más facilidades: plataformas, pódcast, teléfonos móviles y redes sociales. En el caso de McInnes, pese a ver sus cuentas suspendidas, aún se rescatan sus vídeos, participa en entrevistas, sube vídeos y sus contenidos cuentan con cientos de miles de reproducciones. Su discurso emerge.

