
La impresionante imagen de la cubierta ondulante de la bodega Ysios, frente a la Sierra Cantabria que retiene las nubes, está pensada para impactar. Así lo concibió Santiago Calatrava, el arquitecto que construyó la bodega en Laguardia, en la Rioja Alavesa, que sabía que la gran ventaja climática de esta zona vinícola, y la calidad de sus viñedos se debe a esa sierra que frena las precipitaciones que vienen del Cantábrico, y permite que llueva lo justo. Montar la bodega en ese enclave paisajístico fue todo un acierto.
La bodega empezó su construcción en el año 1998, en la época en que muchas firmas decidieron contratar arquitectos famosos. Marqués de Riscal buscó a Frank Gehry, el creador del Guggenheim de Bilbao; Chivite a Rafael Moneo; Familia Martínez Zabala a Norman Foster. También hay otros, quizá menos famosos pero muy buenos, como Ignacio Quemada, que hizo la bodega de Campo Viejo; o Jesús Manzanares, que, tras hacer Enate, pasó a Pago de los Capellanes y a Aalto en Ribera del Duero.
Ysios digamos que pertenece al grupo Campo Viejo, que son estas dos bodegas más Azpilicueta, las tres en Rioja, y Tarsus en Ribera del Duero. Las cuatro han pasado por varias manos. La última este mismo año en que la multinacional Pernod Ricard, su anterior propietaria, ha decidido venderlas a Accolade Wines, otra multinacional de origen australiano elaboradora de vinos y espirituosos; y han constituido una nueva compañía llamada Vinarchy.
40 millones de botellas
Realmente este grupo Campo Viejo forma parte de la historia de Rioja que ha hecho grande a esa denominación de origen. Y merece la pena repasarla rápidamente. Todo empieza con un donostiarra llamado Juan Alcorta, que funda en su ciudad la firma Savin, en 1959. Por aquella época para comprar vino la mayoría de la gente bajaba a la bodeguita de la esquina y se llevaba a casa un “cuartillo”, que le vendía a granel el bodeguero. Y entonces apareció Savin, que vendía sus vinos en botellas de un litro, llamadas de seis estrellas, de vidrio retornable y que se cerraban con un taponcito de plástico. Y se comieron el mercado.
Luego Alcorta se lanza a por Rioja, la denominación de origen más importante del país. Allí ya existían grandes vinos embotellados de bodegas centenarias y de otras firmas potentes; su objetivo era popularizar el vino de precios más asequibles, pero con denominación de origen, ya en botellas de tres cuartos de litro, con su buena etiqueta y con su tapón de corcho. Así nacen San Asensio y Campo Viejo; y otras firmas de la competencia, como Paternina o Berberana. Eran los años setenta y el consumo de vino per cápita de entonces era más de cuatro veces superior al de ahora.
Luego el empresario guipuzcoano da otro paso y se hace con bodegas por casi todas las denominaciones de origen del país; y comienzan a hacer vinos en Navarra, Ribeiro, Mancha, Valdepeñas, Jumilla, Rueda y se convierten en la firma más potente del sector. Es entonces en 1989 cuando lo compra el Banco de Bilbao. Empieza a continuación una nueva época de dinamismo, absorbe a la competencia, que es Bodegas AGE y su marca Azpilicueta, y el conjunto de Bodegas y Bebidas, que es como se llama la firma, con Campo Viejo a la cabeza, elabora 40 millones de botellas de Rioja al año, representando ellos solos más del 20 % de todo el vino que se hace en la denominación. La empresa cotiza en bolsa y es mayor productor de vinos tintos y blancos del mercado español.
En los años noventa, en pleno crecimiento del mundo del vino, Bodegas y Bebidas funda Ysios, como una joyita en Laguardia, y la super bodega Juan Alcorta en Logroño para unificar todo Campo Viejo. Una bodega que en su interior guarda 30 millones de litros de vino y más de 70.000 barricas de roble. Con el comienzo del siglo XXI el banco vende el grupo a la multinacional de la distribución de bebidas espirituosas Allied Domecq. Luego pasaría a Pernod Ricard y ahora es Vinarchy.
Viñedos Singulares
Mientras, las bodegas de la casa en general, e Ysios en particular, siguen trabajando, y bien, al margen de compra ventas. En el caso de la bodega de Laguardia, aparte de una línea básica moderna se están inclinando a los vinos de “viñedos singulares”. Esta es una clasificación, aprobada en 2017, que el Consejo Regulador de la D.O. Ca. Rioja ha establecido como lo más top de los vinos que se elaboran en su zona. Tienen que ser parcelas homogéneas de viñedo, con más de 35 años de edad, vendimiadas a mano, con bajos rendimientos y que el vino procedente de ahí tiene que pasar una segunda cata clasificatoria realizada por los servicios técnicos del Consejo Regulador.
Ysios acaba de sacar un blanco de la variedad viura, que se une al ya existente tinto de tempranillo de su viñedo singular, Finca El Nogal. La enóloga de la firma, Clara Canals, para elaborar este Finca el Nogal 2023 ha utilizado la variedad viuda plantada en la parcela hace 60 años. Ha fermentado en barricas de roble francés y ha permanecido en crianza con sus lías durante un año. El resultado es un vino complejo y fino, donde en nariz dominan los aromas frutales, sobre todo de fruta blanca, unido a tonos florales y todo ligado por la presencia tenue pero agradable de la crianza en madera y sus tonos vainillas. En boca tiene cuerpo, untuosidad, así como equilibrio y frescura. El vino se presentó el 11 de agosto pasado, y 20 días después no tiene aún precio oficial.
En cuanto a Ysios Finca el Nogal 2020 tinto, está elaborado cien por cien con tempranillo, también de viñedos con 60 años de edad. Presenta una nariz muy intensa, explosiva de fruta negra como ciruela y mora; especias, como la pimienta; balsámicos de regaliz y eucalipto; grafito de punta de lápiz. En boca es potente, robusto, salino, con un tanino firme que anuncia que crecerá con los años. P.V.P. 60 euros.
Todo indica que seguirán en la línea de elaborar vinos de viñedos singulares en Ysios, en el futuro con la idea de impresionar, casi tanto, como la visión de la fachada de la bodega de Calatrava con la Sierra Cantabria de fondo.

