
De alguna manera Elena Pacheco representa la evolución imparable de una firma y de una zona en permanente avance. Ella es la tercera generación, y ya hay una cuarta, trabajando a su lado, de una familia de bodegueros jumillanos. Sus vinos son radicalmente diferentes a los que empezó a hacer su abuelo Francisco Pacheco en 1948, primero en un lagar en su propia casa, y luego poniendo en marcha una pequeña bodega, en la parte más al sur del término municipal de esta localidad murciana, lo que se llama El Estrecho de Marín.
No quiere decir que fueran vinos malos, simplemente distintos, porque fundamentalmente iban y van a públicos diferentes. Hay pocas zonas vinícolas en España como Jumilla. A finales del siglo XIX había ya numerosas bodegas que elaboraban vino a granel, que se exportaba desde el puerto de Alicante. Vendían a espuertas y la capital del Altiplano Murciano se convirtió en una zona muy próspera. Cuando Francisco Pacheco montó su bodega, el mercado a granel seguía funcionando muy bien. Los vinos se hacían como lo exigía el mercado, es decir, vinos de mucho grado y color, con baja acidez, para mezclar con vinos centroeuropeos que no tenían ni color ni grado, sólo acidez.
La zona más cálida
En 1978, 30 años después, Paco Pacheco, el hijo de Francisco, inaugura una nueva bodega, mucho más moderna, para seguir haciendo graneles, con otras características, menos grado y color y más acidez; pero, aun así, graneles. Ya por esas épocas comienzan las bodegas jumillanas a pensar en una evolución, que se materializaría en los noventa cuando la mayoría de las firmas de la denominación de origen, deciden pasarse a hacer vinos embotellados. Paco Pacheco está ahí, enseguida, apoyándose en su hija Elena. Joven, con muchas ideas en la cabeza, con una visión del vino diferente, conectada con las nuevas tendencias que surgen, tanto a nivel internacional, como en su propia zona vinícola, va imponiendo sus criterios.
Interior de la bodega | Foto cedida por la bodega
Por lo visto, en esta familia, cada generación pone en marcha una bodega nueva, junto a las anteriores. En 2005 se hace la bodega moderna impulsada por Elena. Aquí están las naves de elaboración, crianza, tienda y oficinas. La del abuelo se utiliza para despacho de grandes formatos; la del padre en envasado y producto terminado, e incluso la vieja casa y el pequeño lagar donde arrancó en 1948 Francisco Pacheco, se ha convertido ahora en un restaurante de muy buena factura, que se llama precisamente La Casa de los Abuelos, con una gastronomía de base tradicional, con toques modernos; y al que hace unos días acaban de darle un Sol Repsol. Y que naturalmente forma parte del proyecto enoturístico de la familia.
Interior del restaurante | Foto cedida por la bodega
Los viñedos de la firma están en la zona al sur, en la parte más cálida y seca de la D.O. Jumilla, pero tienen una aliada, una variedad que lleva allí más de 2000 años, la “monastrell”, muy mediterránea, aclimatada y resistente al duro secano. Es una joya. Y como todas las variedades grandes, cuando se las trabaja bien dan unos resultados extraordinarios. Y en medio de ese clima, Elena Pacheco y su equipo, con la enóloga Pilar Abellán, a la cabeza, logran sacar uvas equilibradas y frescas, muy alejadas de aquellas uvas sobremaduras de los viejos tiempos que, como contábamos, daban dinero, pero también mala imagen.
Más imágenes del interior de la bodega
Bruma del Estrecho de Marín
Elena Pacheco es una de los representantes de esta nueva generación, que le han dado la vuelta como un calcetín a una zona caracterizada por la dureza del clima y la sequía. Que en estas tierras se puedan dar vinos frescos, con buena acidez, de paso muy agradable, hace años no lo soñaba nadie; y ahora es seña de identidad de esta denominación de origen.
Elena Pacheco FOTO: Cedida por la bodega
Viña Elena tiene diferentes tipos de vinos, todos ellos ecológicos, unos para clientes de toda la vida, más tradicionales, como los Familia Pacheco; y otros, su punta de lanza, que son los vinos de marca Bruma. Hemos seleccionado dos de estos últimos con las características antes explicadas. Uno más genérico, que es Bruma Paraje Marín 2024, con uvas de diferentes parcelas. Elaborado 100% con “monastrell”, es un vino joven que ha reposado 7 meses en depósitos de hormigón. Presenta una nariz muy expresiva, con personalidad, con mucha fruta fresca, roja, sobre todo, tonos balsámicos y un fondo mineral. La boca tiene cuerpo medio, afilada, equilibrada, con frescura. P.V.P. 9 euros, una bicoca.
El otro es el Bruma Paraje Mandiles, procedente de un viñedo plantado hace 70 años con una crianza en barrica de 11 meses y también totalmente de “monastrell”. Una nariz con carácter, clase, elegancia y finura, muy frutal, con especias, recuerdos tostados y final mineral. En boca es estructurado, con potencia y esa frescura que le da brío y viveza. P.V.P. 30 euros.
La modernidad mediterránea que está protagonizando Jumilla, merece la pena ser conocida por los buenos aficionados. Utilicen Viña Elena como ejemplo.

