Hoy España despierta con la ilusión de volver a proclamarnos campeones del mundo en Nueva York y traer una segunda estrella en nuestra elástica. Nos hemos ganado por derecho propio y desde el buen fútbol el honor de hacer soñar a un país de nuevo.
Demasiadas similitudes con el Mundial de Sudáfrica han ido jalonando nuestro recorrido por el campeonato.
Y junto a todo esto unos futbolistas que han honrado con su comportamiento y actitud los valores que se exigen a los deportistas de élite que para muchos de nuestros niños son modelos a imitar desde la afición que profesan. Esta noche miles de esos niños en todo el país llevarán sus nombres a la espalda. Será Fabián, Lamine, Rodri, Cucurrella, Oyarzábal… Todos como mi pequeño José se sentirán orgullosos de cada uno de ellos.
Si algo nos ha demostrado nuestra selección es que no va de nombres, como ha pasado en otras selecciones a lo largo de todo el Mundial. Es un equipo. Incluso más que eso, me recuerda a la selección que nos ha llevado tantas veces a la gloria. En esta generación veo reflejados a Iker, Navas, los Xavis, Puyol y, cómo no, a Iniesta. Ojalá nos den la misma alegría de aquel 11 de julio. Estos futbolistas son una familia, no es un once, es un veintiséis donde todos suman de una forma o de otra y estoy convencida que en tan solo unas horas volverán a llevarnos de nuevo a lo más alto.
Al frente de esta familia, un gran seleccionador que transmite sencillez y saber estar dentro y fuera del campo. Luis de la Fuente, como Vicente del Bosque, siguiendo el legado de nuestro recordado Luis Aragonés, ha inculcado esa filosofía de equipo que al final pase lo que pase nos hacen sentirnos orgullosos de que defienden nuestros colores, orgullosos de que representen a España.
Nada más hay que contemplar ese banquillo y esa complicidad que transmiten entre todos, jugadores, cuerpo técnico, utilleros, cuerpo médico, todos a una. Ese comportamiento en sí es un motivo de peso que nos permite presumir más allá de los resultados. Una familia que nos lleva a seguir soñando con nuestra selección.
Cuánto necesita la sociedad y sus representantes, en una España tan polarizada, contagiarse de este espíritu deportivo donde más allá de la diferencia prevalezca la colaboración. Ojalá no se termine con el Mundial y ese sentimiento colectivo reflejado en ellos perdure en tiempo en un país que necesita más respeto a quienes piensan diferente, más diálogo y la búsqueda de acuerdos que favorezcan la unidad y la concordia en el deseo de una España mejor de todos y para todos. Ojalá nos unamos con la misma fuerza en la lucha por las desigualdades que todavía hoy sufren/padecen millones de españoles.
Quedan horas, quizás minutos para que millones de gargantas a lo largo y ancho de nuestro país vibren con su selección. Una marea de elásticas blancas y rojas teñirán las calles y las plazas de nuestros pueblos y ciudades. Está es la emoción que une a España en el deseo de volver a coronar el olimpo del fútbol y con este equipo podemos soñarlo.
En el estadio seguramente seremos minoría, los argentinos intentarán llevar en volandas a la albiceleste pero la Roja sabe que tiene detrás suya a todo un país. ¡Vamos, España!

