España tiene aún alguna posibilidad para el Nobel de Literatura. La muerte de Javier Marías fue, también, la muerte de esas esperanzas. No obstante, escritores como Muñoz Molina o Vila-Matas suelen figurar como candidatos. Quien no lo hace tanto, y quizá acabe por darnos la sorpresa, es el dramaturgo Juan Mayorga, cuya proyección internacional es quizá la mayor de los escritores españoles vivos.
Prueba de ello es que François Ozon ha llevado su obra al cine con En la casa, mientras que, en nuestro país, la encargada ha sido la letraherida Paula Ortiz con Teresa. Sin embargo, la última adaptación, a primera vista, es la que más choca: El chico de la última fila, miniserie coreana de 5 episodios disponible en Netflix.
Choi Min-sik, protagonista de Old Boy, está al frente de esta producción original de la plataforma roja. El chico de la última fila adapta la obra homónima de Mayorga, un encargo que el dramaturgo (y matemático) llevó adelante para que, sobre las tablas, Ramón Barea interpretase al personaje principal.
En seguida, el libreto dio el salto al otro lado del Atlántico, con su propio plantel, y también a Francia, para regresar con relumbrón a España y representarse en Barcelona con Alberto San Juan y Willy Toledo. Y, más tarde, aterrizó en Corea del Sur, donde Kim Kyu Tae y/o Jang Myung-woo la verían y decidieron unirse para convertirla en serie.
¿De qué trata ‘El chico de la última fila’?
Mayorga no ha desatendido que los tópicos son tópicos porque funcionan. Por eso, El chico de la última fila comienza como una suerte de Indomable Will Hunting que se va complicando a medida que pasan los actos. Claudio, protagonista de la obra, es un chico tímido que intenta no llamar la atención en clase. En cambio, su profesor de literatura, Germán, descubre su talento y se ofrece a darle clases de escritura.
Esto desemboca en una apertura emocional que Claudio no esperaba: escribir le brinda la posibilidad de decir todo cuanto ha callado a lo largo de los años. Sus opiniones acerca de la vida, de su familia, de sus compañeros o del propio instituto. Este desahogo, en cambio, derivará a situaciones más complejas que desborden a su instigador, el profesor Germán.

