
Una garrafa de casi cuatro litros, vodka u otro licor, agua, saborizantes y, en ocasiones, electrolitos o cafeína. Es la fórmula del BORG, acrónimo de blackout rage gallon, una bebida que se ha hecho popular entre universitarios estadounidenses de la mano de las redes sociales y que algunos jóvenes han llegado a presentar como una forma supuestamente más segura de beber. Sin embargo, una nueva investigación pone cifras a sus riesgos: en una sesión típica, los consumidores encuestados tomaron el equivalente a entre nueve y diez bebidas alcohólicas estándar y casi uno de cada tres sufrió un blackout o laguna de memoria provocada por el alcohol.El trabajo, liderado por Andrea C. King, del Departamento de Psiquiatría y Neurociencia del Comportamiento de la Universidad de Chicago, estudió a 103 universitarios estadounidenses de entre 18 y 25 años que declaraban episodios semanales de consumo intensivo de alcohol. De ellos, 63 habían consumido BORG durante el último año. Los resultados, publicados en Journal of Studies on Alcohol and Drugs, muestran que el 98% de estos últimos afirmó haberse sentido achispado o borracho durante estas fiestas, el 29% sufrió un blackout, el 17% vomitó y el 59% reconoció haber dicho o hecho algo que posteriormente consideró vergonzoso. A pesar de ello, alrededor de dos tercios manifestaron su intención de volver a consumir BORG en el futuro.El tamaño de la garrafa puede contribuir a ocultar la verdadera magnitud del consumo. Un BORG preparado con una botella de 750 mililitros de un destilado de 40 grados puede albergar aproximadamente 17 bebidas estándar estadounidenses, según un informe oficial de Pensilvania sobre consumo de alcohol de alto riesgo entre menores y jóvenes. Eso no significa que todos sus usuarios ingieran esa cantidad —el nuevo estudio sitúa el consumo típico en nueve o diez—, pero explica por qué los especialistas consideran especialmente peligrosa una moda en la que una sola persona puede disponer durante horas de una enorme cantidad de alcohol.Una presentación muy alejada de la realidadLa moda tampoco nació ayer. Los BORG comenzaron a extenderse por los campus estadounidenses a comienzos de esta década y encontraron en TikTok un formidable escaparate. Una investigación publicada en 2024 analizó 103 vídeos populares etiquetados con #borg y encontró alcohol visible en tres de cada cuatro; la cantidad media mostrada en los recipientes que contenían alcohol alcanzaba los 865 mililitros. Además, 25 vídeos atribuían algún supuesto beneficio a esta forma de beber frente a otras, mientras que solo nueve incluían advertencias sobre sus posibles daños. Los investigadores concluyeron que la presentación divertida y desenfadada de los BORG en las redes podía favorecer conductas de consumo de riesgo entre los jóvenes.Uno de los argumentos que ayudaron a popularizarlos resulta paradójico: el BORG fue defendido en las redes como una herramienta de “reducción de daños”. Al prepararlo uno mismo y conservar la garrafa durante toda la fiesta, sus defensores sostenían que permite saber qué contiene la bebida, controlar la cantidad de alcohol y reducir el riesgo de que alguien introduzca sustancias en un vaso desatendido. El agua y los electrolitos también alimentaron la idea de que podría reducir la deshidratación o la resaca. Sin embargo, especialistas estadounidenses ya advertían cuando la tendencia explotó en 2023 de que estas posibles ventajas no eliminaban el problema fundamental: la enorme cantidad de alcohol que puede introducirse en el recipiente.Las consecuencias dejaron de ser una preocupación teórica en marzo de 2023. Durante unas fiestas estudiantiles en torno a la Universidad de Massachusetts Amherst, las autoridades tuvieron que movilizar apoyo regional ante la cantidad de intoxicaciones alcohólicas. La universidad confirmó que los servicios de emergencia gestionaron 28 transportes en ambulancia y que muchos estudiantes llevaban garrafas identificadas como BORG. CBS News informó posteriormente de que 46 estudiantes fueron trasladados al hospital; ninguno presentó lesiones consideradas potencialmente mortales y finalmente fueron dados de alta. El episodio convirtió una tendencia de TikTok en un problema visible para los servicios sanitarios y las universidades estadounidenses.Hay además otra razón para no trivializar los blackouts. No equivalen simplemente a quedarse dormido o perder el conocimiento: son periodos en los que una persona puede permanecer despierta e interactuar con los demás, pero el cerebro no consolida adecuadamente nuevos recuerdos debido a la intoxicación. Una investigación publicada en 2026 que siguió tres muestras independientes de universitarios estadounidenses señala que estos episodios son reconocidos como marcadores de intoxicación aguda y de un mayor riesgo de sufrir consecuencias relacionadas con el alcohol. Otro estudio reciente con jóvenes universitarios ha investigado además la relación entre el consumo de alta intensidad, los blackouts y alteraciones cognitivas percibidas al día siguiente.El BORG parece así envolver un viejo problema —el consumo intensivo de alcohol entre universitarios— en un formato nuevo, individualizable y perfectamente adaptado a las redes sociales. De hecho, otro estudio realizado con 581 universitarios estadounidenses encontró que, entre quienes bebían alcohol, un 20% había probado ya un BORG y un 31,9% conocía personalmente a alguien que lo había hecho. Para los investigadores, estos datos sugieren que no se trata únicamente de una curiosidad viral y justifican estudiar mejor sus efectos y diseñar intervenciones específicas. La conclusión del nuevo trabajo de King resulta especialmente significativa: agua, electrolitos, una garrafa personalizada y la sensación de controlar lo que se bebe pueden proporcionar una apariencia de seguridad, pero no neutralizan los riesgos de ingerir nueve, diez o incluso más bebidas alcohólicas en una sola sesión.

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