Anant Ambani le envió una carta a Colombia para detener la eutanasia y trasladar 80 hipopótamos a su mega zoológico en la India pero parece que es demasiado tarde
La carta del millonario indio llega cuando un juez de Bogotá ya avaló la decisión de matar a los hipopótamos. El hombre que la firma es Anant Ambani, hijo del magnate indio Mukesh Ambani. Su propuesta, que sigue sobre la mesa, es directa: detener el sacrificio y permitir que esos animales sean trasladados a la India.
Meses atrás, en agosto del año pasado, su padre había planteado una idea similar: llevarse una parte de los más de 170 hipopótamos que hoy viven fuera de control en el país. Ahora es el hijo quien retoma esa iniciativa y la convierte en una propuesta concreta. La intención es trasladarlos a Vantara, un santuario de fauna silvestre ubicado en Jamnagar, en el estado de Guyarat, al noroeste de la India.
¿Es tarde para mover los animales?
Vantara ocupa 1.225 hectáreas y reúne especies que incluyen elefantes, tigres, reptiles, aves y herbívoros de distintos tamaños. El complejo está diseñado con infraestructura poco común: piscinas para hidroterapia, cocinas adaptadas a dietas específicas y un hospital especializado en elefantes con sala de masajes. Detrás de ese proyecto está el millonario Anant Ambani, quien ha asumido la gestión del santuario y ha centrado buena parte de su actividad en el cuidado de animales.
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La propuesta aparece cuando ya el Gobierno colombiano cerró la discusión ordenando sacrificar a los animales. Las autoridades ambientales han dicho que los hipopótamos representan un riesgo tanto para las comunidades como para los entornos naturales. Los hipopótamos, introducidos en Colombia de manera ilegal hace décadas, se han adaptado con rapidez y se reproducen sin control. Las estimaciones indican que, de no hacer algo, la población de estos pesados animales podría acercarse al millar en los próximos años.
La culpa es de Pablo Emilio Escobar
El origen del problema se remonta a los años en que Pablo Escobar importó animales salvajes desde un zoológico de Estados Unidos para instalar su colección privada en la Hacienda Nápoles. Entre ellos llegaron los hipopótamos. Al principio fueron dos machos y luego les llegó la hembra. Tras la muerte del narcotraficante, los animales quedaron en libertad y comenzaron a expandirse por la región. Lo que en un principio fue una curiosidad terminó convirtiéndose en un desafío ambiental de gran escala. Hoy en día llegan casi a los 200 individuos.
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El gobierno consideró la alternativa de trasladarlos al extranjero, pero, además de las dificultades logísticas y los elevados costos, ya un juez del Juzgado Tercero Administrativo de Bogotá emitió un fallo que respalda la decisión de sacrificarlos. La propuesta de los Ambani introduce una variable distinta: asumir ese proceso sin que haya costo para Colombia y enviar a los animales a un lugar que ya cuenta con infraestructura para recibir fauna de gran tamaño.
Los millonarios Ambani
La familia Ambani tiene los recursos para hacerlo. Su fortuna se origina en Reliance Industries, un conglomerado energético y tecnológico fundado en 1966 por Dhirubhai Ambani, el abuelo del hombre que se quiere llevar lo animales para su país. Tras la muerte del patriarca, en 2002, el control del grupo pasó a sus hijos, Mukesh y Anil, quienes en 2005 decidieron dividir los negocios. Mukesh quedó al frente de Reliance Industries, consolidando una de las mayores fortunas de Asia, él es el patrocinador de su hijo y del santuario al que podrían llegar los hipopótamos.
El heredero
Anant Ambani forma parte de esa estructura empresarial, pero su perfil público ha estado marcado por otros factores. En julio de 2024 se convirtió en una figura global tras su matrimonio con Radhika Merchant en Mumbai. La boda reunió a celebridades y líderes internacionales como Shakira, Kim Kardashian, John Cena, Tony Blair y Boris Johnson, y fue considerada uno de los eventos sociales más llamativos del año.
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Más allá de esa exposición mediática, su trabajo en Vantara ha sido presentado como un proyecto personal enfocado en el bienestar animal. La eventual llegada de los hipopótamos colombianos encajaría en esa línea, aunque también reforzaría la visibilidad internacional del santuario.
De momento, no hay pronunciamiento oficial sobre si la propuesta será aceptada o no. Lo que sí determinó el juez del Juzgado Tercero Administrativo de Bogotá es que las opciones no letales son insuficientes para aplacar el impacto que tienen los hipopótamos en el ambiente, lo que da vía libre a su sacrificio.
Mientras tanto, entre los pronunciamientos de los ambientalistas que defienden la reubicación de los animales, la carta del multimillonario indio, el fallo del juez y la postura del gobierno, los hipopótamos siguen reproduciéndose en los ríos y caminos de varias regiones del país.
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