Un estudio confirma que la risa humana y de los grandes simios funciona igual y es gracias a un ancestro compartido

Un estudio confirma que la risa humana y de los grandes simios funciona igual y es gracias a un ancestro compartido

Los grandes simios (chimpancés, gorilas, bonobos y orangutanes) son las especies animales más parecidas al ser humano. Con ellos compartimos grandes rasgos como el poder vivir en sociedad u otros más físicos como los pulgares oponibles. Pero la ciencia ha descubierto que compartimos otra cosa: la risa.

Un estudio publicado este jueves por expertos de la Universidad de Warwick (Reino Unido), sostiene que el ritmo característico de la risa humana se ha mantenido prácticamente inalterado durante al menos 15 millones de años y que tiene sus raíces en un antiguo ancestro compartido con chimpancés, gorilas, bonobos y orangutanes.

La doctora Chiara De Gregorio, autora del estudio, afirma: «El habla no deja fósiles y el lenguaje complejo solo existe en nuestra propia especie. Pero hemos encontrado una pista de 15 millones de años en un lugar inesperado: nuestra risa. A diferencia del habla, la risa es un rasgo común a todos los grandes simios vivos».

«Al comparar cómo ríen diferentes especies, podemos observar que una estructura rítmica básica se ha mantenido inalterada desde nuestro último ancestro común. Eso es extraordinario«, dice la doctora De Gregorio.

En el estudio, los investigadores analizaron grabaciones de risas de cuatro orangutanes, dos gorilas, tres bonobos, cuatro chimpancés y cuatro humanos. Tras analizar 140 secuencias de risa, descubrieron que todas las especies producen risa con intervalos rítmicos uniformemente espaciados entre sonidos sucesivos.

Los análisis revelan que, si bien el ritmo básico se mantuvo constante, la risa humana se ha vuelto más rápida, más variable y ha adquirido un control sofisticado que depende del contexto.

De entre los grandes simios, solo los humanos tienen la capacidad de controlar cuándo y cómo ríen, dependiendo del contexto. Por ejemplo, una risa incontrolable al recibir cosquillas difiere notablemente de una risa educada en una reunión, una risa nerviosa después de un error o la risa contagiosa que se propaga entre un grupo de amigos.

Los resultados de este estudio sugieren que, a lo largo de la evolución de los grandes simios, nuestros antepasados desarrollaron gradualmente un mayor control sobre el momento de sus vocalizaciones, incluida la risa.

Los autores proponen que esta estructura rítmica básica ya estaba presente en un ancestro común hace 15 millones de años y se ha conservado notablemente, ya que todos los grandes simios actuales siguen mostrando el mismo patrón subyacente.

«Contrariamente a la noción clásica de que los primeros humanos adquirieron repentinamente capacidades de control vocal notablemente diferentes a las de sus predecesores, la evolución de la risa nos indica que los humanos se encontraban en un continuo, una prolongación de capacidades de control vocal que ya se habían ido perfeccionando acumulativamente durante 15 millones de años», concluyen.

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