Todas las anécdotas de un paseo por la Feria del Libro ‘persiguiendo’ a la reina Letizia

Todas las anécdotas de un paseo por la Feria del Libro ‘persiguiendo’ a la reina Letizia

Los 30 grados están a punto de caer. Son las 11 de la mañana y el verdor de El Retiro no mengua apenas el calor que sobrevuela ya el entorno de la caseta 127, donde se espera la llegada de la reina Letizia para inaugurar la 84.ª edición de la Feria del Libro de Madrid.

El calor es tal que cuatro horas más tarde, la prensa se enterará de que el parque (y, por tanto, la Feria) cierra sus puertas por alerta roja y fenómenos meteorológicos adversos. Pero antes de que eso se sepa, hay un largo paseo por delante acompañando a Letizia, quien llegará bolso en mano que enseguida entregará a un ayudante para poder coger con más libertad tantos libros como se abren a su paso. 

Empieza una gymkana cultural para la propia reina, para los políticos, cargos, embajadores (de 12 países, casi todos iberoamericanos y tres europeos) y asistentes que conforman su amplia comitiva; para los escoltas que, trajeados, luchan como pueden contra la calurosa atmósfera y el público enfervorizado; y para los periodistas que la seguimos entre casetas como quien sigue a Hamelín con su flauta, mansos y ordenados.


Está previsto que la reina se detenga en una docena de casetas, previamente seleccionadas para imprimir ligereza al recorrido, aunque su espontaneidad alarga siempre los plazos: conoce (por su nombre) a mucha gente, a la que saluda personalmente, pregunta insistentemente por títulos que le interesan y revisa de manera casi fotográfica los contenidos de las casetas. 

La reina saluda afectuosamente a la dueña de la librería Alberti, Lola Larumbe.
La reina saluda afectuosamente a la dueña de la librería Alberti, Lola Larumbe.
José Ruiz

Después de que ella salude, por ejemplo, a Juan Casamayor, editor de Páginas de Espuma, Philipine González-Camino, escritora y editora de La Huerta Grande, y Lola Larumbre, dueña de la legendaria librería Alberti (en este caso hay besos incluidos dado el afecto personal), el público -generalmente señoras jubiladas, algún extranjero que se pregunta qué pasa y muchísimos escolares- se hace ‘fuerte’ en el paseo de Carruajes.

Selfies, achuchones, piropos

Ahí es cuando Letizia ya no sabe a dónde ir: un selfie por aquí, miles de manos por allá, fotos a tutiplén, intentos de aproximación infinitos… Una señora particularmente insistente que no sabía usar su móvil (o eso daba a entender por su apuro) consigue que el fotógrafo de la Casa Real le termine haciendo el retrato con la reina. Todo esto, cruzado por grupos de estudiantes que la van jaleando entre algún ‘Viva la madre que te parió’ muchos ‘guapa’ y también cantos sueltos a favor de la monarquía y de España. Va a ser la banda sonora de la mañana.

En su lento avance, la reina se detiene a saludar a quienes hacen el programa cultural El ojo crítico, de RNE. También ha hablado para televisiones como la pública, Telemadrid, Antena 3. Es una nube de micros y móviles tratando de captar las palabras de la reina, que anima de forma común a la gente que acuda a la Feria y a El Retiro. Elude, eso sí, elegantemente recomendar ninguno. «La verdad es que no, porque todos son interesantes», dice diplomática.

La reina con un ejemplar del libro 'La piedra blanda', de su amigo el director de cine Rodrigo Cortés y Tomás Hijo.
La reina con un ejemplar del libro ‘La piedra blanda’, de su amigo el director de cine Rodrigo Cortés y Tomás Hijo.
José Ruiz

Con el libro de Rodrigo Cortés

Sus gustos se van viendo conforme la serpiente de personas que van detrás de ella camina: le interesan la filosofía, la ficción, el ensayo, el cómic, la literatura infantil…  Muchos libreros, como los propietarios de Olavide, cuentan lo mismo: la reina les dice que ha ido de incógnito a sus librerías y que, incluso, sabe qué venden y dónde. En algún punto, coge un ejemplar de La piedra blanda, libro espectacular que firma su gran amigo, el director de cine Rodrigo Cortés, junto al ilustrador Tomás Hijo y que en un 99% de posibilidades tiene y ha leído. 

Pero como buena consumidora y amiga de sus amigos, es probable que, también desee ‘aconsejar’ al público con su gesto esta maravilla de edición de Penguin Random House. 


La reina Letizia atiende a 'Espejo Público' en la Feria del Libro de Madrid.

En el puesto de Indómitas, dedicado a editoriales independientes, apura la mirada. Le regalan un muestrario de manuscritos de Federico García Lorca de Poeta en Nueva York. Y también una edición en cartón de Carmen Martín Gaite y Ana María Matute, Hable con ellas. Todos estos nombres relumbran en esta edición de la Feria.

Letizia se sienta en un pupitre a hacer un cómic

La ruta continúa, como la temperatura creciente y las pamelas de las infiltradas inasequibles a los escoltas y a la policía que vigila, hasta el Pabellón Iberoamericano. Es el cuarto que puebla la Feria y es de estreno absoluto, aunque tiene vocación de permanencia. Se ha pasado luego por el sector universidades, hoy golpeado por Trump en su país, al no permitir estudiantes extranjeros. Quizás tenga mensaje esta parada, pero si no, lo parece.

Termina esta riada de gente siguiendo y persiguiendo a Letizia en el pabellón infantil. Allí, escolares del colegio FEM están haciendo un cómic con las instrucciones de una apasionada monitora. La reina se sienta entre dos niñas, que la observan calladas y ruborizadas por el pudor de compartir pupitre y pinturas con una alumna semejante. 

La reina observa un libro con la foto del último premio Cervantes, Álvaro Pombo.
La reina observa un libro con la foto del último premio Cervantes, Álvaro Pombo.
JJ Guillén

La monitora ‘canta’ lo que hay que hacer, a lo que la reina responde levantando el brazo. Se sonroja en broma Letizia cuando la instructora dice que también hay que tocarse el ‘sobaquillo’. No verá nadie esa foto, aunque la situación produce risas distendidas y los niños continúan su tarea ilustradora.

Del calor a las palabras de Lázaro Carreter

Para cuando la visita real concluye, ya no hay sombra que proteja de la ola de calor. Hasta la reina se ha abanicado con una hoja de papel que ha encontrado en el pupitre que ha ocupado.  Caminar así por la Feria, piensan algunos, es como hacerlo en un parque de atracciones en día de descuento. Pero ha merecido la pena, dicen los más. En palabras del académico de la Lengua Fernando Lázaro Carreter, estampadas en el pabellón iberoamericano, todo sea por el español y sus libros: «Escribo contra el uso ignorante de nuestro idioma, porque el español pertenece a muchos millones de seres que no son españoles, porque es nuestro patrimonio común más consistente y porque si se rompe, todos quedaremos rotos y sin la fuerza que algún día podemos tener juntos».

Queda inaugurada la 84ª Feria del Libro de Madrid. A pesar del calor.

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