La renaturalización del río Manzanares por el soterramiento de la M-30 ha traído muy buenas noticias. Como el retorno de aves autóctonas llamas garcetas o martín pescador. Sin embargo, igual han vuelto al río especies bonitas, también han vuelto otras no tan deseadas. En concreto, la mosca negra. «Es una especie muy alérgica que pone sus larvas en las especies vegetales del río. Solo pican las hembras, que necesitan sangre de vertebrados para crear sus huevos y las principales víctimas son los humanos y los perros», explicaba el veterinario responsable del control de plagas del Manzanares.
Su modus operandi para hacerse con la sangre se divide en tres pasos. Primero, se posa en la piel de la víctima. Segundo, inyecta su saliva con activos anestésicos para que el picado no se dé cuenta de su acción. Tercero, crear un agujero por el que extrae la sangre necesaria. Después de esto, abandona la víctima. Cuando al mordido se le pase el efecto adormecedor de la saliva, empezará el dolor y la reacción alérgica que este líquido provoca sobre los vertebrados. «Algunos llegan a tener que ir al hospital», explicaba el experto.
Desde el 2019, el Ayuntamiento lleva a cabo tareas de fumigación para combatir las plagas, que despiertan una vez empieza el calor en la capital. Estos trabajos consisten en dos tipos de acciones: el desbroce de la vegetación acuática en contacto directo con el agua y la aplicación de tratamientos larvicidas biológicos dirigidos específicamente a las larvas de mosca negra. Los puntos de tratamiento se encuentran en el azud de El Pardo, Playa de Madrid-Fuentelarreina, Club de Campo, presa 9 y aguas arriba de la Caja Mágica.
El objetivo: interrumpir el ciclo vital de la mosca
En concreto, para no afectar al resto del ecosistema del Manzanares se emplea un biocida biológico basado en el microorganismo Bacillus thuringiensis variedad israelensis, que actúa únicamente sobre las larvas de dípteros y no afecta al resto de la biodiversidad acuática. Este producto se aplica mediante pulverización directa sobre el agua. Este larvicida impide que las larvas evolucionen, interrumpiendo el ciclo vital de la mosca negra. Como complemento esencial, se llevan a cabo labores de desbroce de la vegetación acuática.
Para saber cuándo comenzar con la campaña, el Ayuntamiento monitoriza el río Manzanares desde abril a noviembre para saber cuándo las larvas empiezan a despertar. El día anterior a la aplicación del tratamiento larvicida, técnicos de Madrid Salud inspeccionan el cauce, que se repite entre 24 y 48 horas posteriores. Esta doble revisión busca medir con exactitud la efectividad de cada intervención para ajustar los tratamientos a las necesidades detectadas en cada tramo del río. Una vez empezada la campaña, los trabajos se extienden desde el inicio de la primavera hasta el mes de octubre.

Con esta metodología, el servicio de Madrid Salud realizó un total de siete tratamientos larvicidas en el cauce del río en 2024, logrando acabar con un 86,6% de la población del insecto. También se llevaron a cabo 209 muestreos, un 40% más que en la campaña de 2023. Esta lucha contra la mosca negra empezó en 2019. Y, desde entonces, el Consistorio lleva a cabo actuaciones biológicas y físicas de forma continuada para controlar este díptero. Pero, en 2022, el Ayuntamiento de Madrid puso en marcha un nuevo contrato de conservación del río para «mejorar la protección ambiental y la gestión integral del Manzanares», según fuentes del área de Medio Ambiente y Movilidad. Este contrato se centra en la lucha contra la mosca negra, en la protección de los ecosistemas fluviales, la calidad hídrica y en la adecuada gestión de las instalaciones relacionadas.

