«Si tengo que ser un símbolo de algo, prefiero que sea del sexo antes que de otras cosas»

«Si tengo que ser un símbolo de algo, prefiero que sea del sexo antes que de otras cosas»

Si hablamos de iconos inextinguibles del cine, Marilyn Monroe está siempre en lo más alto de la lista. Otra cosa es lo que la actriz, nacida Norma Jeane Mortenson en 1926, hubiera pensado de esa fama: si su corta vida (murió a los 36 años) estuvo llena de sinsabores, su celebridad póstuma se ha visto aliñada por rumores de mal gusto, testimonios sensacionalistas y biopics de calidad dudosa. 

A pesar de todo, el mito perdura. Así lo demuestra Marilyn: The Lost Photographs, The Last Interview, un libro que conmemora el centenario de su nacimiento con una selección de imágenes tomadas por el fotógrafo Allan Grant y la última entrevista que concedió la actriz, cuyos extractos ofrecemos vía People. El cinco de agosto de 1962, dos días después que la charla se publicase en la revista Life, el cuerpo inerte de Monroe fue encontrado en su apartamento de Nueva York. 

Así fue la última entrevista de Marilyn

No es ningún secreto que la carrera de Marilyn Monroe fue una lucha constante para que se la respetase como actriz, algo que solo consiguió (a duras penas) durante sus últimos años. «Un sex symbol se convierte en una cosa, y yo odio ser una cosa», explicó a su entrevistador, el director de Life Richard Meryman. 

El análisis de Marilyn acerca de su condición de mito sexual, sin embargo, presentaba matices. «Si tengo que ser un símbolo de algo, prefiero que sea del sexo que de otras cosas para las que también hay símbolos», explicó. Asimismo, dejaba claro que dicho estatus resultaba exagerado.

«Creo que la sexualidad solo es atractiva si resulta natural y espontánea, y yo nunca he actuado conscientemente desde un punto de vista sexual», proseguía la actriz. «Para empezar, nunca he rodado una escena erótica: siempre he querido hacer la prueba y ver si era capaz de hacerlo», añadía, y remachaba: «Todos nacemos como criaturas sexuales, gracias a Dios».

Tampoco es extraño que buena parte de la entrevista verse sobre la fama y sus inconvenientes. «Es como el caviar: está bueno, pero si tienes que probarlo cada maldito día, es demasiado», bromeaba Monroe. Acto seguido, recordaba el acoso que sufrió por parte de los fans tras haber sufrido una operación de vesícula en 1961: «La multitud empujaba tanto que la cicatriz de mi costado se abrió. Me di cuenta de que esa gente quiere comprobar que eres real». 

El resto de la conversación abordó temas como la infeliz juventud de la estrella («A los dieciséis ya era un ama de casa»), su famoso Happy Birthday en el cumpleaños de John Fitzgerald Kennedy («Me dije: ‘cantaré esta canción aunque sea lo último que haga en la vida») y también la relación con sus hijastros, tanto los de su matrimonio con Joe DiMaggio como los de su relación con el dramaturgo Arthur Miller. 

«Una vez pillé a mi hijastro Bobby [hijo de Arthur Miller] con una revista que tenía escondida», recordaba. «Era uno de esos artículos asquerosos hablando de mí. Y yo le dije: ‘Bobby, si quieres saber algo sobre mí, pregúntamelo. Pero no te enteres de segunda mano a través de estas cosas». 

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