El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, ha subido este miércoles a la tribuna de la Asamblea General de Naciones Unidas con un duro ataque, aunque sin citar a ningún Gobierno en concreto, contra las «fuerzas reaccionarias» que, según ha denunciado, buscan desmontar el orden multilateral. «No hace falta señalarlos, todos sabemos quiénes son», ha dicho antes de resumir esa estrategia en «el egoísmo, la ignorancia y la crueldad». Durante una intervención de casi 15 minutos y en español, Sánchez ha reclamado una ONU más fuerte, ha pedido regular la inteligencia artificial, ha reivindicado el feminismo y ha defendido que ha llegado el momento de que una mujer latinoamericana ocupe la Secretaría General, además de mencionar la crisis de Ceuta en la recta final de su discurso.
Vestido con traje azul marino, camisa blanca y corbata oscura, y con el pin multicolor de los Objetivos de Desarrollo Sostenible en la solapa, Sánchez ha comenzado mirando ocho años atrás, a su primera intervención ante la Asamblea General. Su diagnóstico no ha sido optimista. Desde entonces, ha dicho, el mundo ha cambiado «a peor» y principios como la paz que hace unos años parecían compartidos están ahora siendo cuestionados e incluso atacados.
El presidente ha descrito ese retroceso como un intento de «demolición planificado, coordinado» del sistema multilateral impulsado por los gobiernos y fuerzas políticas reaccionarias. Sánchez ha resumido esa estrategia en «tres pilares equivocados»: «El egoísmo», que ha definido como «la absurda creencia de que el mundo es un juego de suma cero en el que la ganancia de unos implica necesariamente la pérdida de otros»; «la ignorancia», porque «se desprecia la evidencia científica» y se asume que hay países tan poderosos que pueden abusar del resto sin necesitar a nadie para prosperar; y «la crueldad», que «ya ni se inmuta al ver las costillas de un niño hambriento o un hospital reducido a escombros».
Se construye sobre tres pilares equivocados. El primero de ellos es el egoísmo. La absurda creencia de que el mundo es un juego de suma cero en el que la ganancia de unos implica necesariamente la pérdida de otros».
Pero Sánchez ha querido contraponer a esa visión una llamada a la esperanza. Ha recordado las movilizaciones en defensa de la naturaleza, la paz y los derechos civiles, el trabajo de activistas y servidores públicos y los avances científicos alcanzados durante estos años. Para el jefe del Ejecutivo, la humanidad puede inclinarse hacia uno u otro lado y Naciones Unidas sigue siendo uno de los lugares donde se decide esa dirección.
Reformar la ONU y limitar el poder de los ‘tecnoligarcas’
A partir de ahí, el presidente ha reclamado una reforma profunda de Naciones Unidas. Ha pedido modificar el Consejo de Seguridad para dar una representación más justa a todas las regiones y acabar con el derecho de veto de sus miembros permanentes, además de reforzar agencias, fondos y programas y dotar de mayor capacidad a organismos como la Corte Penal Internacional.
Sánchez también ha llevado al atril una de las cuestiones que ha repetido durante su estancia en Nueva York: el poder de las grandes empresas tecnológicas y los riesgos de la inteligencia artificial. Ha reclamado «una regulación estricta» tanto para las redes sociales como para el desarrollo de la IA y ha contrapuesto el futuro de los niños y jóvenes a los intereses económicos de quienes ha denominado ‘tecnoligarcas’.
«Ahora le toca a una mujer»
El tramo más simbólico del discurso ha llegado cuando Sánchez ha hablado del futuro liderazgo de Naciones Unidas. «Nueve hombres han ocupado la Secretaría General de esta organización en sus 80 años de vida. Ahora le toca a una mujer, a una mujer latinoamericana», ha proclamado, sin mencionar ningún nombre concreto.
La reivindicación ha dado paso a una defensa explícita del feminismo. Sánchez ha argumentado que la ausencia de una mujer al frente de la ONU constituye una «deuda histórica» y ha advertido de que ese compromiso cobra todavía mayor importancia cuando, según ha señalado, el feminismo está siendo atacado y miles de mujeres continúan siendo víctimas del machismo, la violencia y la xenofobia.
Ha sido entonces cuando ha llevado a la sufragista Clara Campoamor hasta la Asamblea General. El presidente ha reivindicado a las mujeres que, como la política española, defendieron la renuncia a la guerra y apostaron por la empatía y la paz. «El feminismo es una de las principales fuerzas de transformación y progreso que ha conocido el mundo en el último siglo», ha afirmado. La declaración ha provocado aplausos en la sala antes de que Sánchez insistiera en que Naciones Unidas necesita una secretaria general latinoamericana.
Ceuta entra en el discurso
La política española también ha aparecido en la recta final de su intervención. Sánchez ha mencionado expresamente la crisis migratoria de Ceuta, a la que se ha referido como «ciudad española», y ha recordado que atraviesa una de las mayores crisis migratorias de los últimos años tras la entrada masiva de migrantes procedentes de Marruecos a finales de julio.
El presidente ha atribuido esa situación a una combinación de desigualdad, desesperación y desinformación y ha advertido de que, en momentos así, existe la tentación de «convertir al migrante en enemigo» y vulnerar la legalidad.
Sánchez ha elogiado, sin embargo, la respuesta de la ciudadanía ceutí, que está demostrando que una crisis de estas características puede afrontarse «sin renunciar a la decencia», manteniendo la legalidad y respetando los derechos humanos. «España no elige el camino más fácil, elige siempre el camino más justo», ha afirmado.
El discurso ha terminado retomando la idea de que el orden internacional atraviesa un momento decisivo. Sánchez ha asegurado que España no dejará de defender los Objetivos de Desarrollo Sostenible ni la cooperación internacional, pese a los ataques contra ese modelo. Y ha proyectado la mirada hacia las próximas generaciones, que, ha dicho, acabarán preguntando qué hicieron los actuales dirigentes cuando empezaron a quebrarse las reglas.
«Queremos poder decirles que no dejamos de luchar», ha resumido antes de abandonar la tribuna, después de casi un cuarto de hora de intervención, dejando como mensaje final la defensa de un mundo «más pacífico, más sostenible» y «más justo».
