
Las madres contra la droga zarandeando la verja de entrada de Pazo Baión, entonces propiedad del narcotraficante Laureano Oubiña, era una imagen que Xavier Zas, director general de la bodega Condes de Albarei, no lograba quitarse de la cabeza. La protesta desesperada de aquellas madres de la Ría de Arosa, que veían como el narcotráfico estaba destrozando a sus hijos, fue en 1994.
En 2008, Condes de Albarei compró el impresionante Pazo en subasta pública. Entre las condiciones estaba dar 400 jornadas anuales para la rehabilitación de drogodependientes, y un 5% de los ingresos al Plan Nacional sobre Drogas. Aun así, la imagen perseguía a Zas, porque su objetivo no sólo era hacer vinos de mucha calidad; sino potenciar el enoturismo.
Condes de Albarei es una poderosa cooperativa que nació en 1985, llamándose Salnesur (viticultores del sur del valle del Salnés, el corazón del albariño en Ría Baixas), tres años antes de que se constituyera la denominación de origen Rías Baixas en 1988. Posteriormente tomó el nombre de su marca más conocida, y se organizaron como una sociedad anónima, con una dirección general y un equipo muy profesional.
El indiano que plantó un palmeral
Cuentan con la enóloga Andrea Obenza al frente de la elaboración, y con José Hidalgo, uno de los grandes “popes” de la enología española, como asesor externo. Elaboran una línea de blancos cien por cien albariño de mucha calidad, desde el más sencillo, Condes de Albarei, joven del año; pasando por el Enxebre; el “En Rama”, y el más potente de todos, el Condes de Albarei Carballo Gallego, que fermenta en barricas de roble gallego, una auténtica curiosidad.
Ya a principios de este siglo empezaron a plantearse la compra de viñedo para incorporar a la cooperativa, ya que con los de los socios la propiedad estaba muy atomizada. El objetivo es hacer con estos nuevos viñedos vinos especiales, incluso meterse en el enoturismo. Miraban de reojo al Pazo Baión, una preciosidad de 30 hectáreas juntas, 22 de ellas plantadas de albariño, con su casa señorial, su impresionante palomar, sus edificios anejos, su palmeral.
La finca perteneció a finales del XVI a los señores de Fontán, nobles gallegos; y muchos años después a Adolfo Fojo, un indiano que volvió rico y plantó, como no, el palmeral.
IMAGEN: Viñedo de 'El Pazo Baión'. Cedida por la bodega.
En 1988 la compró Laureano Oubiña, hasta su incautación en 1995, en que un administrador judicial se hace cargo de la propiedad y da su explotación vinícola a Freixenet. En 2008, cuatro poderosas empresas pujaron por la propiedad. La administración judicial abrió la plica, o sobres cerrados, donde venían las propuestas económicas. Ganó Condes de Albarei, que había ofrecido algo más de 15 millones de euros.
La cuarta parte se pagaría por créditos personales que suscribirían los socios; y el resto con préstamos inmobiliarios y de capital riesgo. Los socios, pequeños viticultores, votaron por unanimidad, el jugársela. “Fue algo muy emocionante” comenta Xavier Zas. Ahora ya, con la de este año, serán 17 vendimias, y el resultado un éxito.
IMAGEN: Viñedo de 'El Pazo Baión'. Cedida por la bodega.
Sutileza y elegancia
El vino principal tiene el nombre de la bodega, Pazo Baión, el primer vino de pago de toda Galicia; luego está Vides de Fontán, una gama más alta, y hasta un vino dulce, el Gran a Gran. En cuanto al enoturismo, el objetivo se ha cubierto, ya que la finca e instalaciones son espectaculares.
Luego se hacen las catas, se organizan comidas y eventos; y hay mucho movimiento, aunque no se descarta que algunos visitantes también puedan venir con el morbo de ver lo que habían comprado los Oubiña, con sus negocios.
Ahora acaban de sacar el Albarei Tempero 2017, un vino de guarda, un albariño con 8 años, más los que dure, que serán unos cuantos. Con él, se afianza la tendencia de vinos de guarda, de muchos años que se está dando ahora en la D.O. Rías Baixas. Es una elaboración muy original de uvas procedentes del Pazo Baión.
IMAGEN: Botella de 'El Pazo Baión'. Cedida por la bodega.
Tras la fermentación pasa un año con sus lías; al año siguiente se las quitan y ponen otras nuevas. Así durante cuatro años. Se embotelló en el 2022 y desde entonces hasta ahora, que sale al mercado, ha estado reposando en botella.
Un vinazo donde arranca muy sutil, adivinándose ya su elegancia, y tras dejarle abrirse aparece con una excelente intensidad aromática. Cien por cien albariño, salen en nariz las notas típicas de la variedad, como manzana, melocotón y cítricos; pero unidas con otras más complejas donde hay toques ahumados y de pastelería, típicas de la crianza entre lías.
Un vino para disfrutar un buen rato oliéndolo. En boca es potente, envolvente, mucho volumen, sabroso y con una acidez muy equilibrada, que lo hace fresquísimo. P.V.P. 50 euros.
Hay todo tipos de vinos en Rías Baixas, empezando por esta casa, desde los jóvenes del año que buscan frescura, aperitivo y tardeo; a estos, poderosos, caros, de guarda, pero que representan lo más lejos que ha ido, hasta ahora, esta denominación de origen.

