La bolita se mueve, la bolita va y viene. ¿Dónde está la bolita? Hay tres vasos y una sola bola. Parece fácil, pero tiene truco. Me gustaba ver a los trileros en Barcelona, con su mesa de camping y su silla de tijera, nómadas del timo, siempre preparados para huir cuando se acerca la autoridad. Los trileros tienen un gancho entre el público que se hace el despistado y gana de vez en cuando, y poseen, además, la curiosa habilidad de jugar con la ambición de los incautos y de hacerlos quedar mal.
El asunto de la llamada quita de la deuda autonómica es trilerismo político de primer nivel. Hay una excusa para hacerlo: seguir en el poder. Eso lo justifica todo, lo acepta todo, es la mayor justificación existente. Seguir en el poder, ya lo sabemos, supone ceder a lo que te piden algunos. Y por el camino, viene el famoso relato. Ya lo hemos dicho varias veces: el relato es mentir con la ayuda de tus palmeros. Punto. Habrá que repetirlo cien mil veces.
Ya lo hemos dicho varias veces: el relato es mentir con la ayuda de tus palmeros.
Algunas comunidades autónomas se llevan una ayudita con vistas a la recuperación del poder territorial y otras se enfrentan a una trampa peligrosa. La realidad es que la deuda no desaparece sino que se transfiere al estado. Algunos deberán menos, otros deberán más y todos lo pagarán. La explicación para niños de patio de colegio es un insulto a la inteligencia del ciudadano medio. Gobiernan para idiotas o eso es lo que creen.
Pilar Alegría cuenta desde su rueda de prensa posterior al Consejo de Ministros que esto es como si te perdonaran una parte de la hipoteca. Se queda tan tranquila. Trilerismo cutre. Los ganchos le echan un cable desde sus tribunas y sus medios paniaguados, pero el relato, repito, es mentira. La hipoteca se va a pagar igual, pero a otro banco. El que será su rival en las próxima elecciones autonómicas, Jorge Azcón, aparece, por cierto, explicando el asunto en una pizarra y algunos titulares dicen que está “en plan youtuber”.
Prefiero que alguien intente explicar su verdad con cifras, en mangas de camisa y tomando al ciudadano como alguien capaz de entender una resta que lo que hizo Alegría tras el Consejo de Ministros. Hay que salir del puñetero relato que nos ha convertido en idiotas rotundos, incapaces de entender nada, hambrientos de estribillos que recibir, de memes, confrontación y frasecitas de monólogo que nos condenan a la estupidez.

