¿Qué está pasando con la generación zeta?

¿Qué está pasando con la generación zeta?

No hay consenso de cuándo empezó todo. Están los que hablan de las protestas de los chalecos amarillos en Francia allá por el 2019; quizás la primavera árabe con miles de jóvenes desesperados tomando las calles de Tunez y Egipto en 2011. Otros hablan del año 2019 con la niña sueca Greta Thumberg y sus huelgas por el clima; también se citan las protestas en Estados Unidos con el movimiento Black Lives Matter en plena pandemia.

Da igual porque la realidad es que llevamos un tiempo en el que es difícil encontrar una temporada sin jóvenes incendiando las calles en alguna parte del mundo. Hace dos años Bangladesh; el año pasado Nepal y este mes de mayo las famosas cucarachas en la India (nombre del perfil en una red social de un chaval, bautizado con ese animal tras escuchar el insulto de un juez que tildó de cucarachas a los manifestantes contra el paro juvenil). Por no hablar de la invasión de Ceuta este verano por miles de adolescentes de Marruecos.

Ahora todo ha vuelto de nuevo al corazón de Europa. En septiembre los alumnos de un instituto parisino se quejaron por la falta de recursos y fue la mecha de una de serie de protestas que se extendieron por toda Francia. El resto ya es conocido y quedarán en nuestras retinas las llamas del consistorio de Limoges o las tiendas saqueadas en Paris, Milán o Barcelona.

¿Qué les pasa a los miembros de la generación zeta para estar tan enfadados? Responder a esta pregunta exige antes entender quienes formar parte de esta cohorte de edad. Son los chicos nacidos a partir de 1994 y hasta el 2010. Esos son los años en los que internet empieza a entrar en los hogares y por tanto todos ellos se educaron y socializaron con las redes sociales en su apogeo. Solamente se puede explicar la forma de ser de todos esos jóvenes que paralizan las ciudades de medio mundo, mencionando internet. De modo y manera que su personalidad está basada en la irreverencia y la inmediatez. La pérdida de respeto a sus mayores y también a la autoridad de profesores, gobiernos o policías porque Instagram, ‘X’ o Tik Tok no lo controla nadie, solo ellos; es el lugar donde pueden decir lo que les de la gana sin que ningún adulto les pare los pies. Esa actitud ha saltado de las pantallas a las aceras.

Al mismo tiempo la rapidez de las interacciones en esas plataformas digitales, bien para comprar, conocer gente o entretenerse ha forjado una personalidad que necesita la inmediatez. Precisan reacciones instantáneas o pierden la paciencia, en su vida digital pero también en su día a día. No quieren esperar -ni mucho ni poco- para conseguir sus deseos, sea un empleo digno, una vivienda o viajar a un lugar del mundo con mejores expectativas.

De modo y manera que el denominador común en todos los disturbios juveniles del planeta es internet. Por supuesto que siempre ha habido muchachos en cualquier revolución, la diferencia es que ahora ellos dominan las herramientas para que cualquier chispa se convierta en un infierno en llamas. Lo que costará más demostrar es que exactamente igual que en otras insurrecciones, la revolución francesa, rusa o americana siempre en la retaguardia están los menos jóvenes que propician las revueltas, llámese burguesía o marxismo.

La duda ahora es saber si tras los altercados de estos meses está sólo el hartazgo de miles de jóvenes acelerado por las redes sociales o también poderes ocultos interesados en generar el caos en esta parte del mundo y así beneficiarse ellos mismos. No hace falta pensar en sofisticados planes de oscuros grupúsculos sino en partidos políticos a las puertas de las elecciones galas, gobiernos vecinos preparando negociaciones por inversiones en el norte de África o presidentes en guerra contra Ucrania.

Enfadados, sí. Desesperados, puede que también. Pero al mismo tiempo instrumentalizados, como siempre, por los que no estarán nunca en el campo de batalla sino echando gasolina al fuego, esta vez usando el combustible más rápido de la historia: internet.

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