El presidente de Estados Unidos ahora puede estar más tranquilo. «Mi administración va a recuperar el Canal de Panamá, y ya hemos empezado a hacerlo», dijo Donald Trump el martes durante su primer discurso ante el Congreso de Estados Unidos. El presidente llevaba semanas hostigando a Panamá en relación con su activo más valioso, el canal de Panamá, afirmando que China explotaba la vía navegable y que estaba bajo el control de Pekín. Entonces intervino directamente el fondo de inversiones más grande del mundo, BlackRock, con la MSC, la mayor naviera del mundo, que comprarán los puertos, situados en ambos extremos del canal de Panamá, y más de otros 40 al conglomerado hongkonés CK Hutchison
El negocio de los puertos
La firma hongkonesa lleva décadas especializada en gestionar los puertos de diferentes partes del mundo y fue la primera en anunciar la operación, que le ha supuesto un regalo del cielo. La letra pequeña del acuerdo incluye el traspaso de 43 puertos situados en 23 países a través de diferentes filiales que posee CK Hutchison al consorcio creado por BlackRock y MSC. Por otra parte, CK transferirá el 90% de las participaciones que tiene en Panama Ports, empresa que controla las terminales de Cristóbal y Balboa. El importe total de la operación asciende a 22.800 millones de dólares (21.300 millones de euros) y se espera que se efectúe en un plazo de un mes.
Las conversaciones entre el consorcio dirigido por BlackRock y los ejecutivos de CK, propiedad de la familia Li, una de las más ricas de Asia, comenzaron hace unas semanas. Frank Sixt, codirector ejecutivo de CK Hutchison, quiso reducir la tensión en un comunicado, afirmando que la operación era “de naturaleza estrictamente comercial y totalmente ajena a las recientes noticias políticas sobre los puertos de Panamá”.
‘American First’
Esta adquisición por parte de un fondo gesto estadounidense forma parte de la reconocida política exterior de Trump. Con el lema de ‘America First’ el objetivo es volver a hacer nuevamente Estados Unidos una potencia mundial. Trump y sus asesores creen en un mundo en que las grandes potencias tengan el control y la influencia dominante en las áreas geográficamente próximas, por lo que el Canal de Panamá, uno de los puntos de tránsito de mercancías más estratégicos del mundo, y muy cercano a Estados Unidos, se ha convertido en una de sus prioridades. “Le dimos el canal a Panamá, no a China, y lo vamos a recuperar”, añadió el presidente en discurso del 20 de enero.
Otro tema que Trump quiere volver a tratar son las tarifas que cobra a las navieras que pasan por el Canal de Panamá, el presidente las considera demasiado elevadas. Las tarifas han crecido en los últimos años, pero la agencia panameña que maneja el Canal ha justificado ese aumento por las sequías y las inversiones en mejoras. Con esta adquisición, China desaparece del mapa panameño, lo que Donald Trump no ha tardado en celebrar. La principal especulación es que BlackRock podría utilizar esta compra para ganarse el beneplácito de la Casa Blanca, estrategia que Trump suele utilizar.
Independientemente de quién gestione los puertos de entrada, la administración del canal de Panamá está en manos del Gobierno centroamericano desde que los estadounidenses cedieran su gestión en un acuerdo firmado en 1977 por Jimmy Carter y que entró en vigor en 1999. Trump ha criticado duramente a Carter por dicho tratado.
De hecho el presidente de Panamá, José Raúl Mulino, ha aprovechado en un comentario en la red social ‘X’ para atacar a Trump y reiterar su posición sobre el Canal: “Nuevamente miente el Presidente Trump. El Canal de Panamá no está en proceso de recuperación y mucho menos es la tarea que en nuestras conversaciones con el Secretario Rubio ni ningún otro se haya ni siquiera conversado. El Canal es panameño y seguirá siendo panameño”
Puertos bajo la lupa del Supremo y la Contraloría
El anuncio del acuerdo de compra de los dos puertos panameños tiene lugar cuando la Corte Suprema de Justicia (CSJ) analiza una demanda de inconstitucionalidad contra el contrato ley que ampara la concesión, firmado en 1997 y renovado de forma automática por igual término en junio de 2021 en medio de denuncias de supuesta corrupción y de condiciones desfavorables para el Estado panameño, que cuenta con el 10 % accionarial.
Esto abre varios escenarios: si el contrato es declarado constitucional «no pasa nada», pero si la Corte decide su inconstitucionalidad habría que hacer uno nuevo y por la vía de la licitación. Es decir, «quedaría deshecha la compra que hizo Hutchison», el consorcio BlacRock-TiL desaparece, afirma Stoute. Además, la Contraloría General inició el pasado 20 de enero una auditoría financiera y de cumplimento a PPC, una semana después de que el titular de ese organismo, Anel Flores, afirmara que la concesionaria le está dando «muy poco rédito» a Panamá.
Por ahora Trump sigue con su política de «recuperación»: ayer con Panamá, hoy con Groenlandia y mañana se verá quien será el próximo.

