China no quiere perderla. Estados Unidos no quiere que la invadan. Desde hace décadas, Taiwán ya no es únicamente una isla, sino que se ha convertido en una pieza clave en lo que respecta a la tensión y el conflicto existente entre ambas potencias. Hay más de 11.000 kilómetros de distancia entre China y Estados Unidos, aunque eso no ha evitado la aparición de una guerra que todavía no hace ruido, pero que si estalla, el resultado puede ser fatal.
Taiwán es una isla pequeña, pero su valor e influencia es incalculable. Se trata del líder mundial en la fabricación de semiconductores avanzados, lo que provoca que este archipiélago desempeñe un rol crucial en lo que respecta al mercado digital y tecnológico internacional.
El punto caliente de un conflicto
Desde hace años, Taiwán es uno de los territorios más complicados en lo que se refiere al marco geopolítico internacional. Una de las razones es su papel céntrico en la disputa existente entre Estados Unidos y China, quienes se encuentran compitiendo por los beneficios que les aportaría tener control en la isla.
“Para China es vital reincorporar ese territorio a la propia soberanía de China. Taiwán es parte de China desde el punto de vista de la continuidad histórica, territorial, cultural, lingüística…Muy pocos países reconocen a Taiwán como un Estado independiente”, explica Pablo Sapag, profesor en la Universidad Complutense de Madrid.
China y Taiwán mantienen un enfrentamiento desde hace 76 años, que comenzó al finalizar la Guerra Civil China en 1949. Ese fue el momento en el que Taipéi, la capital de la isla asiática, se separó de Pekín. A partir de entonces, esta primera actúa como un Estado de facto, no obstante el gigante asiático nunca ha estado dispuesto a aceptar esa separación.
Esta cuestión se puede observar en la cantidad de buques militares chinos que se han detectado en la zona. Según informó el medio Taipéi Times, el 12 de febrero de este año se localizaron más de 30 incursiones chinas en aguas y espacio aéreo de Taiwán. El 9 de agosto, se percibieron otras 63 incursiones chinas en veinticuatro horas, y 38 de ellas cruzaron la línea media del estrecho de la isla.
Otro ejemplo reciente es el que ha tenido lugar hace apenas unos días, más concretamente el 27 de septiembre. El Ministerio de Defensa Nacional de Taiwán comunicó que se hallaron un total de 19 aviones militares, siete buques de guerra y dos barcos oficiales chinos operando en la zona.
Todas estas acciones no son hechos aislados, sino que forman parte de una estrategia de presión que lleva a cabo Pekín para hacerse con dos cuestiones clave que le aportaría la isla: la obtención de una posición dominante en el Indo-Pacífico y ser líder en la fabricación de semiconductores.
Sin embargo, Estados Unidos también adquiere un papel fundamental en lo que respecta a Taiwán. Actualmente, la principal garantía de seguridad de la isla asiática es Estados Unidos. Bien es cierto que la potencia norteamericana mantiene una denominada “ambigüedad estratégica", y es que públicamente no reconoce a Taiwán, pero tampoco permitiría una invasión china.
Una de las razones principales es que Taipéi mantiene un peso muy importante en la industria tecnológica, ya que en el país se encuentra la empresa taiwanesa TSMC (Taiwan Semiconductor Manufacturing Company), líder mundial de la fabricación de semiconductores. Si China invade la isla, ostentaría este título, lo que le otorgaría aún más poder del que ya tiene, algo que Estados Unidos no está dispuesto a permitir.
No obstante, se trata de un terreno complicado marcado por la tensión y un objetivo difícil de conseguir. Este miércoles Taiwán rechazó una propuesta estadounidense que buscaba que la isla fabricase la mitad de sus chips en suelo norteamericano. La viceprimera ministra Cheng Li-chiun aclaró que su equipo “nunca se comprometió” a esa producción compartida y se mantiene que la mayoría de los chips deben fabricarse en la isla.
Más allá de sus propios intereses estratégicos, la potencia norteamericana mantiene una cooperación militar sólida con la isla desde hace décadas, que se sustenta principalmente en lo siguiente: marcos legales y programas de asistencia; transferencias de armamento y entrenamiento; y un diálogo operativo-industrial continuado.
“Desde 1979, la Taiwan Relations Act establece que Washington pondrá a disposición de Taiwán artículos y servicios de defensa y mantendrá la capacidad de resistir la coerción contra la isla”, expone Javier Arribas Cámaras, también profesor en la Universidad Complutense de Madrid.
Por otra parte, según explica Pablo Sapag, la isla asiática le permite al país donde gobierna Donald Trump tener una base militar situada aproximadamente a 100 millas náuticas de China. Esto permite a Washington adquirir información del que es en este momento su mayor rival.
¿Podría China invadir Taiwán?
Se trata de una pregunta lógica teniendo en cuenta el conflicto de intereses existente entre ambas potencias. Según publicó Reuters este verano, Donald Trump dijo que Xi Jinping le aseguró que China no invadirá Taiwán mientras él sea presidente de Estados Unidos
“Él me dijo: ‘Nunca lo haré mientras tú seas presidente’. El presidente Xi me dijo eso, y yo le respondí: ‘Bueno, lo aprecio’, pero también dijo: ‘Pero soy muy paciente, y China es muy paciente’”, relató el mandatario estadounidense.
No obstante, el temor a una invasión que podría ocasionar la Tercera Guerra Mundial continúa en el entorno. Tal y como explica Pablo Sapag, “ a China no le interesaría tener un conflicto con Estados Unidos a 100 millas de su propio territorio. Además, hay que destacar que los taiwaneses son chinos. Por lo tanto, esto ya no tendría el carácter de un conflicto entre dos Estados que no tienen nada que ver. Tendría el carácter de un conflicto fratricida”.
Por ello, el gigante asiático tendría que lidiar con repercusiones internas, ya que no se entendería como un conflicto con un enemigo externo, sino como una lucha entre hermanos, algo muy difícil de gestionar políticamente. China tiene la capacidad de invadir Taiwán, pero hacerlo supondría la pérdida de su gran poder en el marco económico y geopolítico internacional.

