Petro tiene VAR propio que le da fraude y Argentina es el primero en jugar con 14: los 11 habituales, un árbitro suyo en cada partido y varios del VAR
Estos días de intenso frío y calores que se intercalan de forma ciclotímica, transcurren como si el cerrajero que mantiene las llaves del mundo anduviera drogado.
Miren si no. Entre lo más curioso, un androide (robot industrial con figura de persona) que asistía a su primer día de trabajo entre compañeros humanos, seguramente luego de severas pruebas de calidad y mucha IA, se volvió loco, típicamente loco como un colega borracho y la emprendió a patadas de karate contra sus compañeros de oficina. Verlo es simplemente delirante.
Nada que envidiar (por parte del robot, desde luego) a Recep Tayyip Erdoğan, presidente de Turquía, quien en la reciente reunión de la OTAN en donde se decidía cuántas armas debe comprar cada país poderoso para darle más bombazos a este mundo, entregó como presente en una cajita impecable a todos los líderes mundiales, primeros ministros, presidentes y presidentas asistentes a la reunión, un revólver Gumusay .357 Magnum, cada uno con seis balas reales.
Es tiempo de mundial y todo pasa desapercibido. Aunque no del todo. Mientras la FIFA “suspendía” en un acto sin precedentes la tarjeta roja a un jugador de los EE. UU. para que este pudiera estar presente en el partido contra Bélgica, se afirma que con influencia de Trump, Argentina se ha ido convirtiendo en el primer equipo de la historia en jugar sus partidos y llegar a la final del torneo con 12 o 14 jugadores: los once habituales, un árbitro a su servicio en cada contienda y el “autodenominado” VAR, que le mide o acomoda fueras de lugar y faltas como un titiritero eficiente.
Es tiempo en serio raro. Hace poco menos de un mes, en la jornada de elecciones presidenciales en Colombia, mucha gente corría al mercado a proveerse de víveres por lo que pudiera suceder en la noche. El país, sin embargo, acababa de presenciar la votación más alta y la abstención más baja de la historia; acaba de asistir a una contienda electoral entre dos posiciones ideológicas absolutamente antagónicas, precedidas incluso por campañas con gestos de barras bravas, y en todo caso no se incendió.
Ganó la derecha, sí, una derecha de rasgos extremos; Petro, a destiempo y tras una participación en política que no le hizo bien a nadie, mucho menos a la izquierda, bajó un poco los guantes; Cepeda, tarde, se dio cuenta de que no era lo suyo convocar al fuego, pero en los días siguientes todo empezó a desorientarse: el electo quiere posesionarse en un batallón militar, Petro tiene un VAR propio que le dice que hubo fraude, y Cepeda quien lucía siempre coherente ha empezado a tirar patadas como el androide loco.
¡Estamos locos, Lucas! Aunque por ahora sigue el mundial.
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