«Ni el peor enemigo de Franco le hubiera diseñado una muerte tan cruel y dolorosa»

«Ni el peor enemigo de Franco le hubiera diseñado una muerte tan cruel y dolorosa»

Si es difícil encontrar un periodista que estuviera en activo durante la dictadura de Francisco Franco, dar con alguien que se atreviera a escribir algo en contra del dictador es casi un milagro. Miguel Ángel Aguilar (Madrid, 1943) fue procesado por el Tribunal de Orden Público en 1967 por un artículo en el diario Madrid. Sufrió la censura cuando informó sobre la muerte del Caudillo, desde los vestíbulos del Hospital de la Paz. O meses antes, durante los fusilamientos de cinco miembros de ETA y las FRAP, acusados de diversos asesinatos. Ahora, narra «libremente» aquellos acontecimientos a través de su crónica de la «larguísima y cruel» agonía de Franco: No había costumbre. 

¿Dónde estaba cuando se enteró de la muerte de Franco? 

Acababa de regresar a mi casa después de haber pasado prácticamente el día en el vestíbulo de la Clínica de la Paz donde estaba ingresada su excelencia. Me estaba metiendo en la cama cuando sonó el teléfono y un colega me dijo ‘Miguel Angel, Franco ha muerto’. Me volví a vestir y me fui para allá.

¿Qué es lo primero que pensó?

Por fin. Por fin, Franco ha muerto. Porque llevábamos mucho tiempo siguiendo esa agonía prolongada de manera artificial, cruel y contra toda humanidad. Ni el mayor enemigo de Franco hubiera diseñado para él una agonía como la que su familia le propinó.

¿Su familia? ¿Por qué? 

Porque tenían la pretensión fantasmagórica de que Franco durará hasta el 26 de noviembre, cuando caducaba el nombramiento del presidente de las Cortes Falangistas, Alejandro Rodríguez de Valcárcel. Es decir, se quería dar la sensación de que Franco estaba consciente y que había manifestado su interés en que siguiera Valcárcel.

MIGUEL ÁNGEL AGUILAR (MADRID, 1943)

  • Licenciado en Ciencias Físicas y Periodismo, inició su carrera en el diario Madrid. Fue corresponsal en Bruselas, redactor jefe de Cambio 16 y más tarde director de Diario 16. También dirigió la Agencia EFE y el diario El Sol. Ha ocupado distintos cargos en Tele5 y ha colaborado con El País, La Vanguardia o Cinco Días. Ahora, firma en 20minutos, escribe libros y es fundador y secretario general de la Asociación de Periodistas Europeos.

¿Para qué?

Porque esta gente, capitaneada por Cristóbal Martínez-Bordiú, el ‘yernísimo’,  quería atornillar la continuidad del franquismo con un franquista irrestricto como Valcárcel.

¿Y todo esto se sabía entonces?

Como decía aquel dibujo de Chumy Chúmez: ‘Usted, ¿cuándo escribe por qué se calla todo lo que dice?’. O sea, lo sabíamos, lo decíamos, pero no lo escribíamos. Yo escribía en la revista Posible y como corresponsal en Madrid para La Libre Belgique, un periódico belga. Lo que no podía contar en un sitio, lo contaba en otro. ¡Imagínate el grado de esquizofrenia en el que tenía que moverme!

¿Qué hubiera sucedido si usted, o cualquier periodista, hubiera escrito algo contra el Régimen?

No lo hubiera escrito, o si lo hubiera escrito, no se hubiera publicado. Porque desde 1936 había censura previa. Luego en 1966 salió la ley [de prensa e Imprenta] famosa de Fraga, que el artículo 1 defendía las libertades y el artículo 2 decía ‘no se le ocurra a usted ponerlas en práctica porque se va a enterar’’. Vamos, Fraga dice que acaba con la censura, pero establece un sistema de sanciones disuasivo que iban contra el periódico y contra el autor de la publicación, que podían ser sancionados directamente, no por un juez, sino por las autoridades gubernativas.

Un poco de política ficción: si Franco no hubiera muerto en cama, sino víctima de un atentado, ¿cree que hubiera cambiado mucho la historia?

Hubiera cambiado para mal. A mí me han preguntado sobre otro supuesto: si se facilitó la transición tras el asesinato de Carrero Blanco. Desde mi punto de vista, no. La eliminación de Carrero solo la hizo más difícil, porque produjo un endurecimiento del régimen. Si Carrero hubiera seguido vivo, hubiese dejado que la Transición siguiera. De Carrero se pueden decir muchas cosas, como que era de gatillo fácil, pero no actuaba por dinero, sino por convicción. 

¿Usted conoció personalmente a Franco?

No. Vamos, lo vi pasar. Pero nunca le saludé.

¿Franco tenía costumbre de hablar con periodistas como cualquier mandatario actual?

No, no tenía esas costumbres que suele ser muy insanas para un político. Él siempre dijo que no había tenido nunca ningún problema con la prensa. De que no tuviera problemas con la prensa se encargaba la censura, claro.

No os hubieran dejado publicar esta entrevista durante la etapa franquista

¿Entonces era imposible, por ejemplo, tener una entrevista con Franco?

Franco dio muy pocas entrevistas. Si dio algunas, siempre fue a la prensa extranjera. La primera al Chicago Tribune, cuando acaba de suceder la masacre de Badajoz de 1936 […] donde asesinan en la plaza de toros a no sé cuánta gente. Para que cundiera el terror, que es una cosa que ayuda mucho a gobernar. Y le dice al periodista americano ‘yo voy a liberar a España a cualquier precio’. El periodista le pregunta ‘¿aunque tenga que fusilar a media España?’ Y él contesta: ‘He dicho a cualquier precio’. Entonces, dio tres o cuatro entrevistas en toda su vida y todas a la prensa extranjera. 

Tuvo un papel importante la prensa extranjera en la etapa franquista… 

Porque la prensa extranjera no estaba bajo el control del régimen, aunque este lo intentaba. Por ejemplo, el periódico extranjero que más trataba los asuntos de la oposición democrática en España era Le Monde. Y, en particular, su corresponsal permanente en Madrid, José Antonio Novais, al que difamaron y machacaron. Le Monde era prohibido con mucha frecuencia, pero leerlo era la garantía de estar informado. Los líderes de la oposición y de los sindicatos pugnaban porque sus actividades fueran recogidas en la prensa extranjera. Les daba aliento para seguir. 

¿Hubiera sido posible un franquismo sin Franco?

Pues yo creo que no. Pero se podía haber intentado, porque aunque no hubo estalinismo sin Stalin o maoísmo sin Mao, hay castrismo sin Castro. En cualquier caso, había gente en el núcleo duro que quería intentarlo.

El triunfo del rey Juan Carlos I fue renunciar a los poderes aboslutos que le transfirió Franco

Dos días después de la muerte de Franco, el 22 de noviembre de 1975, Juan Carlos I es proclamado rey, rechazando, a la postre, los poderes absolutos que le había transferido el dictador, lo que abre formalmente la etapa de la Transición. ¿Cómo fue la ceremonia?

Esa proclamación, donde estuve en la tribuna de prensa, tenía un aire fúnebre. La prensa y la radio del movimiento fomentaban la animadversión hacia la monarquía. Y los falangistas gritaban aquello de: ‘Que no queremos reyes idiotas que no sepan gobernar. Lo que queremos es la democracia… La, no sé qué.. La revolución cívica’. Eso lo vivió Don Juan Carlos, porque mientras estaba aquí educándose, había gentes que le saludaban con mucha deferencia, pero también los había que le insultaban cuando iba a la Facultad de Derecho en la Universidad Complutense. Él vivía en esa situación.

Esta semana, el emérito celebrará el 50 aniversario de su proclamación como rey fuera de España. ¿Qué le parece?

Vamos a ver, no tengo todos los datos del problema. Pero sí suficientes para que lo que aflora de su persona me produzca bastante disgusto. Su comportamiento con los dineros, las amantes, lo que sea… Eso está ahí. Ahora bien, para mí tiene primacía lo que consiguió: el cambio de lealtades de las fuerzas armadas del franquismo a la democracia. Recibió los poderes de una democracia que yo llamaría alauita. Su triunfo consiste en renunciar sistemáticamente a esos poderes.

Una encuesta reciente del CIS dice que 1 de cada 5 jóvenes volara positivamente la dictadura de Franco.

Solo se aprecia aquello de lo que se ha carecido. Nosotros apreciamos mucho la libertad porque estuvimos carentes de libertad. Las gentes que nacieron cuando todo era vida y dulzura, afortunadamente, no saben lo que es la falta de libertad. De manera que esas reacciones están impregnadas de ignorancia. ¿Cómo que era mejor? ¿Qué era mejor? ¿Que se fusilara?

En 2019, el Gobierno de Pedro Sánchez exhumó los restos del dictador Franco y los trasladó del Valle de Los Caídos al cementerio de Mingorrubio, en el Pardo. ¿Era necesario?

Bueno, con la exhumación de José Antonio Primo de Rivera no se hizo tanta bulla. Ya no está enterrado en el Valle de los Caídos. Lo recogió la familia. Y está en el cementerio de San Isidro. Se podía haber hecho una cosa así con Franco, pero se prefirió el espectáculo. Yo le he dicho a algún ministro: ‘si ha sido tan glorioso, que lo hagan todos los años’. ¿No celebramos todos los años la Semana Santa? Pues, celebremos también la salida de Franco del Valle de los Caídos a Mingorrubio. Pero nada de huella de carbono, nada de llevarlo en helicóptero. A hombros, que se tardan 8 o 10 horas. 

¿Y por qué cree que se ha espectacularizado tanto aquello?

Para explotarlo políticamente, no se me ocurre otra cosa. Pero es que el presidente del Gobierno ha llegado a decir que quiere pasar a la historia como el presidente que sacó a Franco del Valle de los Caídos. En fin, me parece que hay cosas mucho más meritorias….

¿Cómo cree que va a pasar a la historia Pedro Sánchez?

No lo sé, porque ya sabe cómo se escribe la historia. Hay una tendencia a coger el punto final y reescribirla desde el principio. Yo soy partidario de juzgar cada momento en su momento. Así que no sé cómo va a terminar. Desearía que bien, desearía incluso que Sánchez se diera cuenta de que todas las dificultades que está teniendo terminarían si se marchara. Pero hay un grupo grande, numéricamente, de asesores que le dice: ‘Presidente, no te vayas de Moncloa. En Moncloa es donde estás mejor y más defendido, y además es donde seguimos cobrando a fin de mes’.

La Transición fue posible gracias al espíritu de concordia y entendimiento entre la derecha y la izquierda. Hoy parece imposible que PP y PSOE lleguen a un acuerdo. ¿Vivimos en la época más polarizada desde el 75?

Yo creo que sí. Y creo que esa bronca no lleva a ninguna parte. Ese espíritu de concordia, de entendimiento, fue fundamental. La situación de la que partíamos era mucho más difícil que la situación de ahora, pero las actitudes de entonces eran muchísimo mejores que las de ahora.

¿Los políticos estaban más preparados antes?

En parte sí. Ahora hay mucha fantasmagoría, mucha, gente, en fin, que está a medio cocer. Cojamos, por ejemplo, la composición del Consejo de Ministros de Adolfo Suárez, Calvo-Sotelo, Felipe González y me atrevo a decir que Aznar. Había altos funcionarios del Estado, abogados del Estado, letrados del Consejo de Estado, o gente, con fuste. El asunto empieza a flaquear con Zapatero… Y ahora se cambian de modelito todas las semanas, pero oiga, sustancia, ¿qué hay? 

Abascal es impresentable. Sus pretensiones confrontan con alguna de las cosas que más respetamos. Como nota, le pondría un uno

¿Qué nota le pondría a Pedro Sánchez como presidente?

Le pondría, por ejemplo, un 3 y medio.

¿Y a Alberto Núñez Feijóo como jefe de la oposición?

Un tres, yo creo.

¿Yolanda Díaz?

«Yolanda, Eternamente Yolanda» [canción]. Un dos y medio.

Por último, ¿Santiago Abascal?

Le pondría un uno.

¿Por algo le pone menos nota que al resto?

Porque me parece impresentable.

¿Y por qué le parece impresentable?

Pues me parece impresentable por las pretensiones que lanza, que confrontan directamente con algunas de las cosas que más respetamos: la igualdad de los seres humanos, las libertades públicas, los inmigrantes…

A veces parece que el PP busca recuperar los votantes perdidos de Vox, otras que intentan captar a los decepcionados de Sánchez. ¿Hacia dónde va el PP?

Es una buena pregunta, no te sabría decir. Creo que el PP es un creador de desconcierto. Cuando todo parece sonreirle, llega el PP y se dedica a meter goles en su propia portería. Porque tiene una especie de vértigo de ‘a ver si voy a ganar’. 

Llegamos al final, quiero saber si esta entrevista se podría haber publicado durante la etapa franquista.

No, no hubiera salido. Nos hemos metido en algunos jardines críticos, hablando del Marqués de Villaverde, la agonía de Franco… No hubiera salido, no se hubiera permitido.

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