Naia y los vinos de Rueda de diseño

Naia y los vinos de Rueda de diseño

El origen y la trayectoria de este grupo, y de la bodega Naia, hay que encontrarlo a partir de 2006, hace 20 años. El empresario gallego Manuel Jove, que empezó como carpintero y terminó siendo uno de los hombres más ricos de España, fue el protagonista. En pleno impulso de los negocios de la construcción y burbuja inmobiliaria, era propietario de la constructora Fadesa, una de las más poderosas del país.

La vendió a tiempo, por un pelo, y una fortuna, antes del crack inmobiliario, y se dedicó a invertir en otros sectores. Gran accionista del BBVA, monta la corporación Iveravante dedicada a la inversión de capital, a la energía, gestión y desarrollo del suelo, patrimonio y una quinta pata que es Avante Selecta, ahora Terraselecta, dedicada a la alimentación y sobre todo al vino.

En 2007 comienza a comprar bodegas, y al grupo pertenecen Dominio de Atauta y La Celestina, en Ribera del Duero; Viñedos del Cenit en Tierra del Vino de Zamora; Mano a Mano de Tierra del Vino de Castilla; Viña Nora, en Rías Baixas; Pazos del Rey, en Monterrei; Bodegas Óbalo en Rioja: y Álvaro Domecq, en Jerez. Manuel Jove falleció en 2020 con 78 años y sus herederos continuaron con los negocios

Las dos “ruedas”

Naia, fue una de las primeras bodegas que adquirió, en pleno corazón de la denominación de origen Rueda, en el triángulo entre ese pueblo, y los de La Seca y Serrada. Allí elaboran con las variedades de verdejo y “sauvignon blanc” vinos de muy buena factura, con la marca Naia y uno más especial fermentado en barrica, llamado Náiades. Al frente cuentan con la enóloga Laura Sanz, nacida en La Seca, de familia de viticultores y que naturalmente conoce a la perfección el terreno que pisa.


Enóloga Laura Sanz | Foto cedida por la bodega

La denominación de origen Rueda se extiende fundamentalmente por la provincia de Valladolid, pero también por la de Segovia y algún pueblo abulense como Orbita. En la zona segoviana hay una decena de pueblos, pero el más famoso por sus viñedos viejos es Nieva. Hay diferencias entre unas zonas y otras. Fue a principios de los años 70 cuando aterrizaron en la parte vallisoletana, Francisco Hurtado de Ámezaga, de la riojana bodega Marqués de Riscal, junto con su colega enólogo y sabio especialista francés, Emilie Peynaud. Están buscando por España alguna variedad de uva blanca con fuerza y capacidad para resistir el envejecimiento en barrica. Ya habían pasado por Galicia y no habían encontrado lo que querían. Lo encontraron en estas tierras, donde bodegueros de toda la vida, que elaboraban en calados subterráneos, trabajaban con la verdejo. Se quedaron allí, montaron una moderna bodega junto al pueblecito de Rueda e impulsaron la constitución de una denominación de origen, que nació en 1980 con el nombre de Rueda, que es donde tenían la bodega.  


Foto cedida por la bodega

El éxito de la variedad blanca verdejo fue total, de tal manera que esta denominación, en la actualidad, es la más potente en vinos blancos de todo el país. Pero también se puede morir de éxito, y con el tiempo surgieron dos “ruedas” en esa zona: los elaboradores de calidad, que hay muchos, afortunadamente, entre ellos Naia; y los que trabajan a destajo con grandes extensiones de viñedo plantados en espaldera, que se vendimian por la noche con maquinaria, lo que de entrada no tiene por qué ser malo; pero que sobre todo utilizan levaduras para fermentar, industriales, que compran, baratas y de fácil utilización, y que dan a los vinos esos aromas de fruta de la pasión , maracuyá, piña, todos iguales, y que combaten unos con otros por precio, a veces increíbles, en todos los baretos de España.

Es verdad que los buenos elaboradores cuyos precios responden precisamente a su esfuerzo, venden sus vinos más caros, como es lógico; pero prestigian la variedad y su zona de producción.

Los vinos

La zona segoviana se quedó al margen de las grandes producciones, entre otras cosas por sus viñedos muy viejos, plantados en vaso, de vendimia a mano y con la utilización de levaduras que llaman “indígenas”, procedentes de las mismas uvas. A esta zona se han subido los de Naia para hacer una de sus elaboraciones de los Naia Prehistóricos. Han seleccionado un viñedo de unos cien años, en Nieva, para hacer este vino de la añada 2023. Verdejo cien por cien fermentado en barrica y con nueve meses de crianza con sus lías, aparece muy complejo en nariz y hay que dejarle que se abra un poco, ya que al principio dominan los aromas de crianza con tonos de vainilla, que van quedando en segundo plano al poco rato, para que dominen los tonos especiados, minerales, y ya los tonos ahumados y tostados bien integrados. La boca, soberbia, untuosa, grasa, con volumen y estructura, final largo y salino.


Foto cedida por la bodega

Con los mismos criterios la enóloga Laura Sanz seleccionó una parcela centenaria en Orbita, fermentó y crio en barrica como su hermano de Nieva, y el Naia Prehistórico Orbita 2023 presenta una nariz elegante, sutil, con muchos registros, un punto cítrico, melocotón; y una boca potente, sabrosa, con una equilibrada acidez que lo hace muy fresco y un final amargo, muy agradable. Ambos vinos tienen un P.V.P. de 50 euros.

Sí, son vinos especiales, de diseño, de alto nivel y de poca producción; pero que enseñan en que consiste una verdejo de verdad, bien elaborada. Forman parte de una de las dos “ruedas”, claro. De la buena.       

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