«La amenaza de retroceso es real, pero no puede significar parálisis». Lo dice la secretaria de Estado de Igualdad y sus temores no son infundados. En estos tiempos en los que algunos, o muchos, demonizan los avances logrados por la cuarta ola del feminismo, de CEOs de tecnológicas que presumen de su machirulidad, de tiktokers que perseveran en la cultura machista y de la creciente brecha entre jóvenes –ellas, más concienciadas; ellos, más alejados–, este 8-M es más de reivindicación, si cabe, que otros. Porque a la lucha por la igualdad salarial, contra todas las violencias machistas, por la corresponsabilidad en los cuidados… el sábado se unirá el grito de «ni un paso atrás» ante las amenazas que se ciernen sobre el que ha sido el movimiento más transformador de las democracias en los últimos años. Porque las mujeres somos mayoría absoluta.

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