El suroccidente colombiano ha despertado hoy bajo el estruendo de una tragedia que parece repetirse en bucle, pero con una crueldad cada vez más refinada. El atentado terrorista perpetrado ayer en el sector de El Túnel, municipio de Cajibío, no es solo una cifra más en la estadística de la violencia; es el grito desesperado de una región que siente que el Gobierno Nacional ha cedido el control territorial a los grupos armados ilegales.
Una carnicería en plena vía pública
Lo que debía ser un sábado de mercado y retorno a casa se convirtió en un escenario de guerra. El ataque, ejecutado presuntamente con cilindros bomba (pipetas) lanzados contra un bus de transporte público y vehículos particulares en la Vía Panamericana, deja hasta el momento un saldo desgarrador: 14 personas muertas y más de 30 heridas.
Entre las víctimas se encuentran familias enteras que regresaban de un sepelio, líderes comunitarios y trabajadores que nada tenían que ver con el conflicto. Las imágenes de vehículos volcados y cuerpos esparcidos sobre el asfalto han inundado las redes sociales, generando una ola de indignación nacional.
¿Dónde está el Gobierno?
La pregunta que resuena en las calles de Popayán y los corregimientos del Cauca es una sola: ¿quién gobierna aquí? Mientras el Ejecutivo insiste en las mesas de diálogo y los ceses al fuego que las estructuras criminales parecen ignorar a conveniencia, la población civil queda en medio de un fuego cruzado y una ofensiva terrorista que ya suma 11 atentados de gran magnitud en lo que va de 2026.
Puntos críticos de la crisis institucional:
Ausencia de control territorial: La facilidad con la que los grupos armados (disidencias de las FARC y el ELN) instalan explosivos en la principal arteria vial del país evidencia una falta de inteligencia y presencia militar efectiva.
Promesas de seguridad incumplidas: A pesar de los consejos de seguridad realizados tras los ataques de febrero y marzo, la respuesta institucional se percibe como reactiva y no preventiva.
Crisis hospitalaria: Las redes de salud en Piendamó y Popayán están al límite, denunciando la falta de insumos para atender emergencias de tal magnitud.
La «Paz Total» en entredicho
Para analistas y líderes políticos regionales, el Cauca se ha convertido en el laboratorio fallido de la política de seguridad actual. «No podemos seguir hablando de paz mientras nos entierran por docenas», manifestó una líder local que prefirió el anonimato. La percepción generalizada es que el Estado ha «abandonado» el suroccidente a su suerte, permitiendo que las economías ilegales y el terror se conviertan en la ley del territorio.
El atentado en Cajibío es un recordatorio sangriento de que, en el Cauca, el silencio del Gobierno suele ser el preludio de una nueva detonación. Mientras el país espera una respuesta contundente que vaya más allá de un mensaje en redes sociales, el departamento sigue contando sus muertos.

