Beatriz (41 años), vecina de Cabezabellosa (Cáceres) atiende a 20minutos con cierta intranquilidad: mientras ellos se encuentran en Plasencia, desalojados de la localidad por el incendio de la localidad vecina de Jarilla que amenaza su municipio, sus padres y su hermano han accedido a sus viviendas en el pueblo. «La Guardia Civil les ha dado una hora para entrar en casa y dar de comer a los animales, pero mi hermano está intentando hacer un cortafuegos para evitar que el fuego llegue a su casa», explica. Con 4.600 hectáreas quemadas, la Guardia Civil se vio obligada a abrir una vía de evacuación en plena noche para sacar del municipio a 19 personas que, según las autoridades, permanecían en el municipio. Las autoridades extremeñas, que han pedido reiteradamente el seguimiento de las instrucciones de los servicios de emergencia, ordenaron el miércoles la evacuación total del municipio. Ante el conocimiento de que varias personas se encontraban aún en el pueblo, enviaron un mensaje de alerta decretando el confinamiento de esos vecinos hasta poder evacuarlos, como ocurrió a última hora del día.
«Nos fuimos con lo puesto, pero ordenadamente», subraya Beatriz mientras se dirige a comprar algo de ropa a su hijo pequeño para estos días. La vecina de Cabezabellosa lamenta que se tilde de «rebeldes» a los vecinos que permanecieron en la localidad. «La gente salimos ordenadamente, y los que se quedaron fue para ayudar, porque hay mucho ganadero, mucha gente que sabe más del terreno que los que estaban extinguiendo el fuego. Ellos son los que han estado ayudando y han conseguido que no se quemen sus casas, y eso se tiene que saber», expone. «La gente no se puso rebelde para no irse, la gente que se quedó eran personas ayudando y abasteciendo a los bomberos, y mucha gente que quedaba en la cama impedida», destaca Beatriz.
En la misma línea habla a 20minutos Elena, vecina de 33 años: «Yo sé de gente que se quedó a proteger la entrada del pueblo, las casas, de donde venía el incendio: con sus tractores, sus mangueras, intentando que el fuego no llegase». «No fue un ‘nos quedamos en casa porque sí’, sino para intentar proteger al ganado y las viviendas», destaca. «Los bomberos que vienen no conocen el lugar porque los contratan para dos meses, y en el pueblo hay gente que conoce mejor los caminos, por donde hay que salir, dónde se puede coger agua, y se quedaron dando apoyo, agua y alimento a los bomberos, y no en ‘rebeldía’ como se dice», reitera Beatriz. «Amigos míos se quedaron allí ayudando a los bomberos, llevándoles agua, no por desobediencia, y gracias a ellos se salvaron casas», relata Elena.
Javier (58 años), vecino del pueblo que ha vuelto esta mañana a su domicilio durante la hora permitida por la Guardia Civil, destaca que «en el pueblo aún quedan rescoldos, zonas con ascuas, y allí no hay bomberos. «No digo que no se desaloje a las personas mayores o impedidas, pero a la gente que conocemos el terreno, no nos pueden pedir que esperemos sentados en una gasolinera viendo como llega el fuego al pueblo», explica. «Nosotros conocemos el terreno, no digo que tengamos que estar en el frente con los bomberos, pero esos rescoldos pueden reavivar el incendio, y si nosotros estamos allí podemos apagarlos», reitera.
El consejero de Presidencia de Extremadura, Abel Bautista, llegó a pedir «comprensión y colaboración» a los vecinos evacuados, a raíz de la permanencia en Cabezabellosa de vecinos que no habían seguido las órdenes de evacuación. «Dejemos de intentar ser héroes de manera individual», enfatizó reunido el miércoles por la mañana ante el Centro de Coordinación Operativo Integrado (Cecopi), desde donde llamó a las poblaciones evacuadas a seguir en todo momento las instrucciones de los servicios de emergencia: «Son los que tienen la experiencia, son los que tienen los datos, son los que están sobre el terreno», aseguró Bautista, dejando claro que se enviará a la Guardia Civil a desalojar a quienes permanezcan en sus viviendas: «Ese no es el camino», afirmo, destacando que «aquí hay muchos profesionales que están trabajando y, por tanto, tenemos que confiar en ellos». La Guardia Civil, de hecho, ha comenzado a multar a aquellos ciudadanos que desobedezcan las órdenes de evacuación, en base a la Ley de Protección Civil.
Una gasolinera, punto de encuentro: «Fue un poco caos»
Beatriz y su familia, evacuados desde el martes, pasan estos días en un hotel de Plasencia. Muchos vecinos lo hacen en casas de familiares en otros municipios, como Elena, que se encuentra con su familia en casa de unos parientes en Ahigal. «Yo estaba en mi casa y mis tías me avisaron de que había que evacuar, pero no teníamos nada de información». Según relata a 20minutos, inicialmente la noticia de que debían marcharse llegó por el ‘boca a boca’: «Fue un poco caos, no teníamos información del Ayuntamiento ni había policía dando instrucciones».
A una gasolinera del pueblo del lado, El Villar de Plasencia, comenzaron a llegar vecinos de Cabezabellosa, confusos ante la incertidumbre por el fuego cada vez más cercano a su localidad. Las dos vecinas lamentan que las únicas fuentes fiables fueran las redes sociales en un pueblo de apenas 400 habitantes, la mayoría de avanzada edad y sin medios para acceder a esta información: «Es algo que me está sorprendiendo mucho, que se den informaciones por redes cuando el público objetivo del pueblo es gente mayor», destaca Elena.
«Por suerte hay mucha más gente joven veraneando y la noticia se extendió rápido», explica Beatriz. «Luego me han contado que la alcaldesa fue con un megáfono avisando y las autoridades fueron evacuando a la gente, y todos fueron ordenadamente», destaca. En ese momento, Javier se marchó del pueblo junto a su familia: «Lo teníamos ya interiorizado, es un pueblo pequeño y estamos en contacto todos, pero cuando la alcaldesa y la Guardia Civil dijeron que había que evacuar, pues nos fuimos casi con lo puesto».
Sin embargo, ambas destacan lo caótico de una evacuación desordenada, en la que muchos optaron por marcharse con sus propios vehículos y por su cuenta ante el irregular flujo de información: «Hubo gente que evacuaron a un polideportivo en Plasencia, pero sería gente sin vehículo, muchos nos fuimos por nuestra cuenta», detalla Elena. La mayoría fueron a la gasolinera de El Villar, donde muchos permanecen cerca del municipio y de la información de la Guardia Civil: «Hay gente que lleva allí día y noche, sentados en una hamaca», lamenta Beatriz.
«Tienen abandonados los montes y pasa lo que pasa»
Beatriz cuenta a 20minutos, con cierto enfado, que el descuido del mundo rural ha influido decisivamente en el incendio: «Tienen abandonados los montes y por eso pasa lo que pasa». Explica que su padre tiene ganado, «cuatro cabras», que han salvado su propiedad: «No le dejan sacarlas a pastar a la montaña para proteger el medioambiente y mira, el huerto de mi padre ha quedado a salvo porque las cabras se han comido la maleza, mientras todo lo de al lado se ha quemado», destaca.
«Mi pueblo siempre había sido un pueblo ganadero, y nunca había habido incendios. Ahora cada vez nos lo ponen peor para tener ganado, para arreglar un huerto, no dejan echar nada porque todo contamina… entonces al final está todo con maleza y luego no se puede parar», explica Beatriz.
Además del daño al entorno natural y el peligro para viviendas y personas, el incendio deja un daño que se dejará sentir mucho después de extinto el fuego: «El invierno aquí es muy duro, y a quienes tenemos un negocio, el verano es la temporada buena, cuando hay gente en el pueblo… si ahora nos pasa esto en invierno no sé qué vamos a hacer. Es una tragedia en todos los sentidos«, lamenta Beatriz, que regenta un bar en el municipio. Javier, que también tiene una cafetería en la localidad, prefiere no pensar ahora en lo económico: «Lo peor es el daño al pueblo, el daño económico habrá seguro, pero que el pueblo quemado… eso no se soluciona así como así».

