El Papa Francisco destacó durante todo su pontificado por muchas cosas. Ya hemos hablado de su sencillez, de su cercanía con la gente, de su carácter argentino e incluso de su reforma de algunos aspectos clave de la Iglesia. Pero todas estas características del pontífice argentino son sólo el reflejo de uno de sus rasgos más íntimos: la espontaneidad. Desde sus primeros pasos como párroco hasta sus años como arzobispo de Buenos Aires, Jorge Mario Bergoglio siempre mostró una espontaneidad auténtica como síntoma de su cercanía con los fieles. Estos doce años de pontificado no fueron sino la confirmación de una libérrima forma de entender el protocolo.
Igual que Benedicto XVI, aunque con mayor timidez, tenía sus tiendas favoritas en Roma −desde sus años de cardenal al frente de la Doctrina de la Fe, Ratzinger frecuentaba con asiduidad la Cantina Tirolese−, Francisco sorprendió durante todo su pontificado a numerosos comercios de Roma y no era difícil encontrarlo junto a su pequeño Fiat blanco, con el que se movía por la Ciudad Eterna y con el que salió, precisamente, del Hospital Gemelli el pasado 23 de marzo.
Uno de estos comercios del Papa Francisco es «Stereosound», una antigua y sencilla tienda de discos ubicada cerca del Panteón, en la Vía della Minerva. Fue el 11 de enero de 2022 cuando el Santo Padre acudió a bendecir aquel diminuto comercio. Algunos se preguntaron entonces cuál serían los gustos musicales del argentino, qué disco sonaría a todo volumen en los pasillos de Santa Marta. La familia vaticana de Benedicto XVI reconoció que en Mater Ecclesiae, los últimos años de vida del alemán, no dejaron de sonar Mozart −su indiscutible favorito− y el Stabat Mater de Rossini. ¿Pero qué música escucharía Francisco?
En aquella ocasión el Papa abandonó la tienda, apenas diez minutos después de su llegada, con un disco de música clásica, regalo de la dueña
Por aquel entonces Matteo Bruni, portavoz de la Santa Sede, reconoció que Francisco fue a bendecir el comercio de Letizia, a quien conocía de sus viajes a Roma primero como obispo y después como cardenal. Bergoglio visitaba con frecuencia aquella tienda de discos, que hoy lleva por nombre «La Discoteca al Pantheon». En aquella ocasión el Papa abandonó la tienda, apenas diez minutos después de su llegada, con un disco de música clásica, regalo de la dueña. Hoy, ante las preguntas de los periodistas, los dueños recuerdan con cariño aquella visita: «La visita del Papa Francisco nos llenó de tanta alegría, esperanza, amor y felicidad. Su pasión por la música ha permitido que se cruzase en nuestra vida, caminando juntos todos estos años. La sencillez es su fuerte. Gracias, Papa Francisco».
Pero no sólo una tiendita de discos. El 4 de septiembre de 2015, cuando su pontificado todavía daba sus primeros pasos, el Santo Padre fue visto a lo largo de la tarde en una óptica del centro de Roma. Con ellos mantuvo también una relación muy especial, puesto que aquellas primeras ocasiones se acercó el Papa a su tienda, y cuando ya le flaqueaban las fuerzas fue la tienda la que se acercó al Papa, yendo a graduar sus gafas en las instalaciones de Santa Marta. Aquella tarde de septiembre cambió su montura y esta relación continuó durante los años hasta que el 7 de julio de 2024, ya con las fuerzas debilitadas, el Papa espetó: «Ya está bien de que vengan siempre ellos a Santa Marta».
Así, Francisco pudo ser visto de nuevo en la Vía del Babuino, calle pegada a la céntrica Piazza del Popolo. Tal y como ha reconocido Luca, dueño de la óptica, a los medios de comunicación, el Papa Francisco «entraba siempre con una sonrisa». Con ese rostro afable tan suyo, su «amigo Francisco» les recompensaba con chocolatinas. Ahora, con pena pero también con una sonrisa en la cara, recuerdan: «Alguna vez nos regaló unos dulces argentinos». Todos a los que preguntamos estos días en Roma nos reconocen que el Papa Francisco disfrutaba mucho de la comida.
El Papa Francisco «entraba siempre con una sonrisa». Con ese rostro afable tan suyo, su «amigo Francisco» les recompensaba con chocolatinas
¿Pero de dónde salieron aquellos zapatos negros que todavía calza, dentro del féretro, el Papa Francisco? Fue el 21 de diciembre de 2016 cuando el Santo Padre, espontáneo una vez más, acudió en persona a «Fisioitop», una clásica ortopedia romana que ahora sin embargo amanece permanentemente cerrada. En el barrio de Gregorio VII, apenas a unas calles al sur de la Ciudad del Vaticano, Francisco compró unos discretos zapatos negros a los que −hoy lo sabemos− tanto uso daría.
Entre otros muchos comercios que quedaron marcados en el corazón de Francisco, y que él revolucionó con sus visitas improvisadas, destaca por último la heladería Padrón, regentada por Silvia y Sebastián. Este matrimonio argentino también llamaba «amigo» al Papa, pese a que el pontífice nunca estuvo físicamente en su local. Tal y como reconocen ellos mismos, agradecidos por el cariño que el Papa les ha mostrado estos años, la primera vez fue iniciativa suya regalar un helado a Bergoglio. «En cuanto lo probó, comenzó una cadena. Recibíamos compras y llamadas del Vaticano para encargar helados para Francisco».
Entre todos los sabores de gelato −deliciosos los que he probado, diré−, Francisco tenía sus favoritos: «Mango, dulce de leche y limón eran los que más nos pedían». Su ilusión no podía ser mayor hasta que en 2020 el secretario de Francisco llamó a Silvia, pidiéndoles que Sebastián y él acudieran a Santa Marta para una audiencia privada con su amigo el Papa. Una vez más, Francisco hizo de la imposibilidad de salir a comprar una virtud, e hizo que la heladería favorita del Santo Padre entrase en su casa. Su recuerdo cariñoso es hoy el de tantos y tantos pequeños comerciantes que a lo largo de sus años romanos se cruzaron con Francisco, y ahora tienen un «amigo» en el cielo.

