Tiene gracia. Me refiero a la broma que ha corrido estos días de que el Partido Popular va a tener que cambiar sus siglas porque algunos reclaman ese PP para el Partido del Papa. El éxito del discurso del Santo Padre en el Congreso de los Diputados es incuestionable. Lo que dijo León XIV ante los representantes de la nación lo firmaría cualquiera. Al menos en lo relativo al bien común, la defensa del débil y la convivencia política.
Por eso mismo el arzobispo de Valencia, Enrique Benavent, aprovechó la invitación de la tribuna de Nueva Economía Fórum para extender «el mensaje que la sociedad española necesita en este momento». Y a tenor de sus palabras, dijo que va «a regalar el discurso del Papa a los miembros de las Corts»; el prelado puso de manifiesto que la polarización no se limita al Congreso de los Diputados de Madrid, donde da la impresión de que los leones se encuentran dentro de la cámara y no fuera.
La siempre polémica «prioridad nacional» apareció en el turno de preguntas. Benavent dejó claro que la Iglesia ve en todos los necesitados el rostro de Cristo. Esto que no debería ser objeto de polémica, lo fue porque entre los que escucharon al arzobispo no había ningún representante de Vox y porque es uno de los asuntos que más incomoda al PP.
Mucho me temo que el mensaje de Robert Prevost quedará pronto en el olvido. También me apena pensar que la lectura de verano que el arzobispo de Valencia va a regalar a sus ilustres señorías dormirá el sueño de los justos. Se avecina un otoño muy caliente por la deriva del PSOE de Sánchez, los líos judiciales y los comicios de 2027. A pesar de ello, es bueno que los ciudadanos perciban que hay espacios en la sociedad para el entendimiento. No todo pasa por Moncloa o las Cortes.

