Las moléculas verdes podrían reducir a la mitad la dependencia energética de la UE

Las moléculas verdes podrían reducir a la mitad la dependencia energética de la UE

Un consumidor que fuera a comprarse unas zapatillas con un precio de 100 euros tendría que pagar 50 céntimos adicionales si, en lugar de fabricarse en un proceso en el que interviene gas natural o petróleo, se hiciera con gases renovables como el hidrógeno verde, los biocombustibles o el biometano. A cambio, a escala europea, el desarrollo de estos nuevos vectores energéticos para sustituir los combustibles fósiles llevaría a reducir más de la mitad la dependencia de la UE del exterior, de países productores y regiones a menudo convulsas, al mismo tiempo que contribuiría a reducir las emisiones de gases de efecto invernadero y a luchar contra el cambio climático.

Esta es la cadena que dibuja un informe elaborado por PwC para Moeve que, con el título ¿Por qué Europa necesita las moléculas verdes?, sostiene que el desarrollo a gran escala en la UE del hidrógeno verde y sus derivados como amoniaco o metano verdes, de biocombustibles de segunda generación -el SAF para los aviones, por ejemplo, a base de gases capturados- o el biometano es algo con lo que los Veintisiete solo pueden salir ganando, tanto en soberanía energética como en lucha contra el cambio climático.

«Las moléculas verdes podrían reducir la dependencia energética del exterior desde el 57% en 2024 hasta el 28% en 2040″, dice el documento sobre los gases renovables para sustituir el combustible que necesitan sectores industriales de difícil electrificación. Los sectores en los que el informe identifica una aplicabilidad «media-alta» de moléculas verdes para su descarbonización son el refino de petróleo, la industria química, metalúrgica y mineral así como el transporte marítimo, aéreo y de camiones pesados. Todos ellos consumen entre el 20 y el 25% de la energía primaria y son responsables del 22% de las emisiones de CO2 en la UE.

Aprovechar la producción «local» de energía renovable en forma de hidrógeno verde, biometano o biocombustibles haría que en 205 la UE pueda sustituir entre el 30 y el 50% de su demanda actual de combustibles fósiles.

«Las moléculas verdes producidas en Europa ofrecen una hoja de ruta firme hacia una Europa resiliente, competitiva y energéticamente independiente, mientras posicionan el continente como líder global en la lucha contra el cambio climático. Con el impulso adecuado los campeones europeos pueden desarrollar exponencialmente estas soluciones de energía limpia, pero el momento de actuar es ahora”, asegura el CEO de Moeve, Maarten Wertselaar.

Moeve forma parte de la alianza de empresas energéticas europeas que se presentaron recientemente en Bruselas para pedir un impulso a las tecnologías de ‘molécula verde’ y que este jueves da un paso más con unas peticiones muy concretas sobre lo que debería hacer la UE para darles un «impulso adecuado». Pide marcos regulatorios que creen mercado y señales claras de demanda, apoyo económico para cerrar la brecha inicial de costes entre productos fabricados con combustibles fósiles y con gases renovables, escalar la producción, el transporte y el almacenamiento y reforzar alianzas público-privadas para movilizar la inversión.

Limitado y menguante impacto para el consumidor

Hasta entonces, que la industria o el transporte pesado se lance a apostar por una producción con gases renovables tiene lo que el informe llama «green premium», un coste adicional por emplear estas tecnologías verdes que, en todo caso, asegura que tiene un impacto que va reduciéndose a lo largo de toda a cadena hasta llegar al consumidor final. «Por ejemplo, transporte por barco de unas zapatillas de 100 euros de Asia a Europa tan solo añadiría un coste adicional de unos 50 céntimos si se emplean combustibles renovables», dice el informe.

Además, de aquí a 2030 calcula que se irá mitigando a medida que aumente el coste de emitir CO2, bajen los precios de las energías renovables -necesarias, por ejemplo, para el proceso eléctrico que separa el hidrógeno del oxígeno en una molécula de agua y obtener el hidrógeno verde- o ganen en eficiencia soluciones como el SAF, el combustible renovable que ya se mezcla con el queroseno en los depósitos de los aviones.

Según la estimación que hace el informe, un billete de avión se incrementa entre un 1 y un 5% si en lugar de queroseno se emplea SAF y las mercancías transportadas por un barco que recurra al amoniaco renovable, por ejemplo, incrementan su coste entre un 1 y un 4%.

Plazos para la sustitución según sectores 

Los apoyos normativos y económicos que reclaman a la UE son necesarios para que el despliegue de gases renovables pueda ir cubriendo las distintas fases en las que los gases renovables podrían ir sustituyendo a los combustibles fósiles en distintos sectores.

Así, a corto plazo ya sucede en la producción de fertilizantes -algo que ya se hace- y en la industria química y refinería mientras que la movilidad urbana, el transporte marítimo y en camión o la aviación todavía priorizan los combustibles fósiles.

En el medio plazo, el transporte marítimo, el tráfico de camiones, la industria acerera y la aviación podrían sumarse a los combustibles renovables y quedarían el grueso de la calefacción residencial, el transporte en tren y la climatización, que acogerían la ‘molécula verde’ en el largo plazo.

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