Conocer la triste noticia de la muerte de Eusebio Poncela genera un efecto diferente en la memoria de cada espectador respecto a su generosa filmografía, pues habrá quienes de inmediato rememoren la irrepetible Arrebato (1979), sus colaboraciones con Pedro Almodóvar (La ley del deseo, Matador), su tremendo protagonista en la miniserie de Los gozos y las sombras (1982), la nominación al Goya por Intacto (2001)… pero seguro que todos recuerdan a Dante en Martín (Hache).
O, más bien, los inolvidables monólogos de Dante, su personaje en la película de Adolfo Aristarain estrenada en 1997, uno de los grandes hitos generacionales del cine español de finales de los noventa. En ella, el célebre actor madrileño interpreta un personaje secundario (los protagonistas son Juan Diego Botto y Federico Luppi, hijo y padre muy distanciados) de los que dejan huella imborrable.
Martín (Hache) cuenta el reacercamiento entre un cineasta argentino, Martín (Luppi), y su hijo de 19 años, Hache (Botto), que tras una adolescencia alejados, uno en Buenos Aires y el otro en Madrid, comienza a vivir con él. Hache entra en contacto con la vida de su padre en Madrid a través de su novia Alicia (Cecilia Roth, quien ganó el Goya por su papel) y su mejor amigo: Dante, un actor bisexual de talante gozoso y epicúreo a quien inmortalizó Eusebio Poncela.
Dante instruye a Hache a lo largo de unas apasionantes conversaciones en las que el guion de Aristarain, escrito junto a su inseparable Kathy Saavedra, brilla con luz propia, mesmerizado por la interpretación de Poncela con su carisma fabulador y voz aterciopelada. Estas son las lecciones de vida de Dante, recordadas a través de sus memorables monólogos, que nos sitúan en tres ejes: sexo, drogas y autonomía.
«Hay que follarse a las mentes»
«De qué sexo sea en realidad me da igual, es lo que menos me importa, me puede gustar un hombre tanto como una mujer. El placer no está en follar, es igual que con las drogas. A mí no me atrae un buen culo, un par de tetas o una polla así de gorda; bueno, no es que no me atraigan, claro que me atraen: me encantan, pero no me seducen. Me seducen las mentes, me seduce la inteligencia, me seduce una cara y un cuerpo cuando veo que hay una mente que los mueve que vale la pena conocer, poseer, dominar, admirar… La mente, Hache, yo hago el amor con las mentes. ¡Hay que follarse a las mentes!».
«No pierdas el control»
«Las drogas son maravillosas porque te abren la mente, te hacen comprobar que la verdad no existe, que todo es relativo. La droga te da otra visión, otra dimensión, te hace ver que nada es lo que parece, que nada es. La única realidad es tu realidad y será lo que tú seas capaz de ver. Cuando te llegue el momento de probarlas no tengas miedo: eres un lúcido, eres inteligente, tienes el deber de hacerlo. Eso sí, no pierdas nunca el control. Mientras tú las controles no hay peligro, que no te controlen ellas a ti».
«Ninguna mujer tiene dueño»
Un cañonazo de filosofía hedonista que marca a cualquier tardoadolescente (la época de sentirse desheredado) asomado a la película, y que ha pervivido en la cultura popular también a través de la música, pues no son pocos los grupos que han citado o sampleado las frases del personaje de Poncela, como Boikot.
También los raperos Violadores del Verso, que le dedicaron una canción entera: Ninguna chavala tiene dueño, inspirada en una de las sentencias de Dante cuando, refiriéndose al personaje de Cecilia Roth, asegura: «Ninguna mujer tiene dueño».

