Las causas del aumento del acné más allá de la adolescencia

Las causas del aumento del acné más allá de la adolescencia


Las personas que nos dedicamos al cuidado de la piel vemos cada día nuevas tendencias, alteraciones o, simplemente, nuevas peticiones de quienes acuden a consultarnos. Por desgracia, últimamente muchas de estas tendencias son negativas; además, su frecuencia y complejidad se están acelerando. Observamos una proporción cada vez mayor de pieles sensibles, sequedad extrema, aparición de manchas una muy preocupante escalada en el número de cánceres de piel, procesos de caída de cabello o cambios cutáneos derivados de las medicaciones, entre muchos otros problemas.Sin embargo, uno de los fenómenos más llamativos y espectaculares es el incremento de personas con acné, no solo en la adolescencia, sino en todas las edades, y muy especialmente en mujeres jóvenes o en la mediana edad. El acné y, en general, la tendencia a la aparición de granitos parecían patologías típicas de la adolescencia. En esta alteración cutánea, el problema comienza al taponarse el conducto de salida de las glándulas sebáceas. Si solo se obstruye, nos encontramos con la presencia de espinillas o puntos, que pueden ser blancos o negros. Si el exceso de grasa se combina con las bajas defensas de la piel, las glándulas sebáceas se llenan de bacterias —concretamente de Cutibacterium acnes— y se produce la infección. Estas bacterias fabrican toxinas y radicales libres que irritan la piel, dando lugar a ese aspecto inflamado y enrojecido. A partir de ahí, el acné puede tomar diversos caminos, más o menos agresivos, pero en cualquier caso la piel va a sufrir un fuerte deterioro.En la última década hemos sido testigos de una serie de cambios. Durante la pandemia, el uso de la mascarilla provocó un espectacular aumento del acné, calificado como maskné, que supuso casi otra pequeña epidemia. En pieles grasas y con tendencia acneica, el roce continuo con un material agresivo aumenta la predisposición a infecciones como el acné o la rosácea. Afortunadamente, con la retirada de las mascarillas, esta problemática desapareció.No obstante, desde hace unos años se ha puesto de manifiesto una casuística más global. Se han multiplicado los brotes de acné, la tendencia a la piel grasa con granitos y también un tipo de acné de baja intensidad en el que se mantienen un pequeño número de comedones y una irritación en la zona de forma prácticamente permanente. Incluso durante el embarazo, un periodo en el que históricamente la piel y el cabello mejoraban extraordinariamente, ahora no es así en muchas mujeres, ya que la tendencia a los granitos se mantiene.Ante esta realidad —para la que afortunadamente hay todo tipo de soluciones—, estamos empezando a preguntarnos cuál puede ser el origen o la causa. Resumidamente, estos son los principales sospechosos:Dispositivos intrauterinos (DIU) hormonales: son métodos anticonceptivos muy seguros para la salud, pero liberan progesterona o sus derivados, lo que puede fomentar la aparición de acné y una piel más grasa. El teletrabajo: aunque es beneficioso en algunos aspectos, no lo es tanto en otros. La falta de actividad física, alimentación inadecuada y el sedentarismo hacen que eliminemos peor las toxinas y tengamos más tendencia a la retención de líquidos. Además, el consumo de grasas saturadas engrasa la piel y el cabello. El abandono de la dieta mediterránea: la reducción de alimentos ricos en fibra y antioxidantes está produciendo desequilibrios en nuestra epidermis. El consumo de medicamentos: particularmente los antiinflamatorios de uso común como el ibuprofeno, u otras sustancias que alteran el microbioma cutáneo.La contaminación ambiental y el calentamiento global: el aumento de sustancias tóxicas en la atmósfera afecta a la piel.Los disruptores endocrinos: sustancias que nos rodean que pueden alterar el ciclo hormonal.El uso de cosméticos inadecuados: productos que contienen bases grasas o comedogénicas, o sustancias irritantes para ciertos tipos de piel si no se usan correctamente, como el retinol o los ácidos frutales (AHAs).El estrés: el aumento del cortisol genera un engrasamiento de la piel y caída de defensas. La piel más grasa se convierte en un festín para las bacterias, desequilibrando su ecología y favoreciendo la aparición de infecciones.Afortunadamente, el conocimiento de estas tendencias y fisiología cutánea nos permite soluciones preparadas y de gran eficacia: preventivas en el caso de la cosmética —que es la ciencia de la nutrición de la piel— y médicas en el caso de los acnés más desarrollados.

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