Cuando Fontibón todavía era un municipio separado de Bogotá por haciendas, humedales y grandes extensiones de tierra, llegar a la capital significaba recorrer el antiguo camino real que hoy conocemos como calle 13. Era 1885. Bogotá apenas comenzaba a dejar atrás su aire de pequeña ciudad provinciana, mientras Chapinero se convertía en destino campestre de las familias acomodadas y el tranvía de mulas empezaba a unir ese caserío con el centro. En medio de aquella Bogotá de calles sin pavimentar, mulas de carga y agua recogida de fuentes públicas, Fontibón comenzaba a ocupar un lugar estratégico en la conexión de la capital con el occidente de Cundinamarca.
En ese paisaje surgió una edificación que terminaría siendo testigo de buena parte de esa transformación: la antigua Estación de Ferrocarril, Telégrafos y Correos de Fontibón. Sus obras comenzaron en 1882 y, después de las dificultades provocadas por la guerra civil de 1885, fueron culminadas en 1886. El tramo ferroviario que atravesaba el municipio sería inaugurado pocos años después. Por allí circularon pasajeros, mercancías, cartas y mensajes telegráficos en una época en la que el ferrocarril y el telégrafo eran parte esencial de la conexión de Bogotá con el resto del país.
Más de un siglo después, la estación permanece en pie, declarada Patrimonio de Interés Cultural de Ámbito Nacional en reconocimiento de su valor histórico, arquitectónico y social. Además, como un testimonio vigente de la modernización de Bogotá y de la importancia de Fontibón en la construcción de la memoria y la identidad de la ciudad.
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Estación de Ferrocarril, Telégrafos y Correos: siglo y medio en pie en la localidad de Fontibón
En aquella época Republicana, Bogotá tenía alrededor de 85.000 habitantes. La ciudad se concentraba exclusivamente en lo que hoy es el centro histórico: La Candelaria, Las Nieves, San Victorino, Santa Bárbara. Hacia el norte de la ciudad, el caserío de Chapinero comenzaba a transformarse en un lugar campestre para las familias ricas de la ciudad. Bogotá estaba estrenando la primera línea del tranvía de mulas sobre rieles de madera, construida precisamente para conectar el caserío de Chapinero con el centro de la ciudad, en la antigua Plaza Mayor, hoy Plaza de Bolívar.
Por aquellos días, la gran mayoría de las calles de Bogotá estaban sin pavimentar. El transporte de carga se hacía principalmente en mulas, mientras que el agua era recogida de los ríos San Agustín y San Francisco, así como de fuentes públicas ubicadas en distintos puntos de la ciudad. En 1885, durante la administración del entonces alcalde Higinio Cualla, quien se desempeñó como mandatario en varios periodos entre finales del siglo XIX y comienzos del siglo XX, y bajo la presidencia de Rafael Núñez Moledo, cuando el país todavía se llamaba Estados Unidos de Colombia, la Estación de Fontibón tuvo su nacimiento dorado.
En aquella época, en la carrera 99 # 21 – 82 del municipio de Fontibón se construyó la antigua Estación. La construcción empezó en 1873 con la adjudicación del contrato a una empresa privada, cuyas obras comenzaron en 1882, tras los problemas de orden público que se generaron en la Guerra Civil de 1885. Era una etapa particularmente complicada, marcada por la guerra civil de 1885, protagonizada por sectores del liberalismo radical que se rebelaron contra el gobierno de la Regeneración. Las obras fueron suspendidas y posteriormente fue entregado el contrato a la Empresa de Ferrocarriles de La Sabana. La construcción terminó en 1886.
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De estación de trenes vital a edificio patrimonial en 140 años
La Estación de Ferrocarriles, Telégrafos y Correos de Fontibón fue diseñada y construida por el ingeniero Jacobo Wiesner y uno de los objetivos fundamentales, aparte de conectar a Bogotá con Cundinamarca, era lograr impulsar el comercio desde Bogotá hasta el río Magdalena. La estructura fue construida con tejas de barro y una fachada hecha en cal, que años más tarde fue modificada con la construcción de un segundo piso con balcón y la torre del reloj, que le dio un estilo republicano y art déco a la edificación. El tramo ferroviario que atravesaba el municipio de Fontibón fue inaugurado a mediados de 1889.
Esta fue la primera estación intermedia del Ferrocarril de Occidente, que estuvo muy ligado al servicio de mensajería del Gobierno nacional, que se mantuvo en forma continua hasta 1990, cuando el sistema de telégrafos del país fue sustituido por el Gobierno con el avance de las telecomunicaciones. En noviembre de 1865, el municipio de Fontibón se conectó a la primera línea telegráfica de Colombia. En ese entonces, el servicio postal del país y el hilo morse estuvieron unidos dentro la infraestructura de la Estación de Fontibón, lo que facilitaba el comercio y el transporte de pasajeros por medio del corredor ferroviario hacia el rio Magdalena.
Durante el siglo XX, la Oficina se fortaleció bajo la administración unificada de la prestación de estos dos servicios, que eran fundamentales en la época. De ese modo, un mismo operario despachaba cartas y, además, mensajes cifrados urgentes.
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La llegada de Adpostal y el paso a edificio patrimonial de la Estación de 140 años
Con la transformación que tuvo el Gobierno nacional en esa materia, entre 1950 y 1960, la Oficina fue absorbida por el Ministerio de Comunicaciones, creado en 1953 durante el gobierno del General Rojas Pinilla. Posteriormente, en 1963, durante la administración del presidente Guillermo León Valencia, se creó Adpostal para que administrara las oficinas de la Administración Postal Nacional, con el objetivo de mantener los buzones y las oficinas físicas del sector de mensajería.
En 1994, durante el Gobierno de Ernesto Samper, fue cerrada de forma definitiva. La edificación se ha mantenido con el paso del tiempo y está protegida por la Alcaldía de Fontibón y el Instituto Distrital de Patrimonio Cultural, como una joya de la arquitectura republicana en la localidad. El 24 de abril de 1996, el Gobierno nacional la declaró Patrimonio de Interés Cultural de Ámbito Nacional con la expedición del decreto 746 de 1996, bajo la categoría de conservación monumental por su alto valor histórico.
Con el declive de las empresas ferroviarias en la capital, la estación fue invadida por particulares en la década de los 90 y también al empezar el nuevo siglo. Lamentablemente, la utilizaron para la comercialización de materiales de ferretería y construcción de forma ilegal, lo que causó deterioro en su estructura. Fueron 15 años de invasión tanto al interior como el exterior de la edificación.
Entre 2015 y 2016, gracias a las presiones ejercidas por la comunidad, las movilizaciones, los plantones y la recolección de firmas, la Alcaldía de Bogotá y la Alcaldía de Fontibón lograron el desalojo definitivo de los comerciantes del lugar. La administración distrital tomó posesión del inmueble y ordenó una intervención arquitectónica y estructural para su recuperación.
Actualmente, está bajo la protección y propiedad de Invías y funciona como espacio para encuentros comunitarios, actividades artísticas y culturales, por medio de la Secretaría de Cultura, Recreación y Deporte de Bogotá. En las vías aledañas a esta estructura de patrimonio cultural, la Alcaldía de Bogotá ha invertido en la recuperación de los corredores viales un monto de $783 millones y en la habilitación de varias calzadas, durante la administración del entonces alcalde Enrique Peñalosa.
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