Desde el 1 de noviembre, la Alcaldía de Soacha no deja circular tricimóviles ni bicitaxis con motor a gasolina. Solo seguirán los de pedaleo y los eléctricos
Los bloqueos en las vías de Soacha, en Cundinamarca, fueron la reacción de los conductores de bicitaxis y tricimóviles cuando la Alcaldía empezó a inmovilizar los vehículos que no cumplían los requisitos para operar. Sucedió en octubre, en el sector de Terreros y sobre la autopista Sur, donde un operativo coordinado con la Policía dejó más de 20 bicitaxis retenidos. Conductores y ciudadanos salieron a protestar, las vías quedaron tomadas y la Policía tuvo que intervenir para despejarlas. El alcalde Julián Sánchez dijo entonces que no permitirá bloqueos que afecten la movilidad del municipio.
Ese fue el primer choque visible de una disputa que se definió el pasado 1 de noviembre. Desde ese día, ningún tricimóvil ni bicitaxi con motor a gasolina puede circular por Soacha. La Secretaría de Movilidad recuerda que hubo meses de concertación y mesas de trabajo con los transportadores para que cambiaran sus vehículos a tecnologías limpias, algo que dispuso el Ministerio de Transporte. El plazo se cumplió y más de 1.000 vehículos que prestan un servicio informal a los soachunos deben quedarse quietos mientras no cambien el motor.
Sánchez precisó qué sí puede seguir rodando: los bicitaxis de pedaleo y los asistidos con energía eléctrica, sin pasar de 25 kilómetros por hora. A sus conductores les exigen estar afiliados a una empresa legal, aparecer en el RUNT y tener licencia de conducción A1 o B1. Los vehículos necesitan seguro contra accidentes, frenos, luces y una señal audible. Quien no cumpla se arriesga a la inmovilización y a una sanción de las autoridades de tránsito en los operativos contra el transporte ilegal.
El alcalde estima que en el municipio circulan más de mil bicitaxis a gasolina sin ningún tipo de permiso. Con la restricción, la Alcaldía busca ordenar el servicio, bajar la accidentalidad y despejar las zonas donde estos vehículos se concentran. El argumento que más pesa en su discurso es el de los accidentes: cuando un bicitaxi se ve involucrado en uno, nadie responde por los heridos ni por los daños materiales, porque estos vehículos no tienen seguro ni garantía alguna que respalde a los pasajeros.
A eso se suman las condiciones mecánicas. Según la administración, los bicitaxis de Soacha no pasan por revisión técnico-mecánica, así que no hay forma de comprobar si son seguros para quienes viajan en ellos o los manejan. Describe además un parque automotor en mal estado, que se mueve a altas velocidades, con peatones y otros conductores expuestos en el mismo tramo.
La Alcaldía también hace una afirmación sobre seguridad ciudadana. Dice haber identificado, entre los conductores de algunos de estos vehículos, conductas que estarían ligadas al consumo de sustancias psicoactivas y a hurtos contra habitantes de los sectores donde circulan. Es una observación sobre una parte de los conductores, no sobre todos, y fue uno de los motivos por los que el municipio decidió vigilar de cerca el transporte informal.
Para los dueños, la situación se plantea con pocas salidas. Pueden cambiar el motor a gasolina por una tecnología limpia, pasar a pedaleo o asistencia eléctrica con toda la documentación al día, o dejar de trabajar en las calles de Soacha. Los operativos continuarán en manos de la autoridad de tránsito, y el propósito que fija la Alcaldía es evitar siniestros viales y retirar de circulación un servicio informal que considera un peligro para la ciudadanía.
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