Sandra Roldán llevó sus creaciones hasta Arabia Saudita, con piezas hechas a mano que reúnen el saber de más de 15 comunidades indígenas y afrocolombianas
Una gargantilla inspirada en el nido de un gulungo terminó abriendo las puertas de un escenario internacional para la joyería artesanal colombiana. La pieza, creada por la diseñadora antioqueña Sandra Roldán, llamó la atención de una estilista que buscaba accesorios para Maye Musk, modelo y madre del empresario Elon Musk. Lo que vino después fue una carrera contra el reloj: el encargo llegó apenas cuatro días antes de un viaje a Oriente Medio.
Roldán decidió viajar hasta Nueva York para entregar personalmente las joyas y contarle a Maye Musk la historia que había detrás de cada tejido. La apuesta funcionó. La modelo lució las creaciones colombianas durante los tres días de su agenda en un evento de la industria de la joyería celebrado en Arabia Saudita, llevando consigo piezas elaboradas por artesanas de distintas regiones del país.
El conjunto estaba compuesto por aretes y un collar de gran tamaño, tejidos con hilos, cristales y detalles de pedrería en tonos oscuros y morados. En lugar de recurrir a los materiales tradicionalmente asociados con la joyería de lujo, como el oro o los diamantes, la propuesta apostó por el trabajo manual y por técnicas que han pasado de generación en generación.
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Detrás de esas piezas está SR Sandra Roldán, una marca creada por la diseñadora industrial antioqueña que encontró en el tejido una manera de convertir una experiencia familiar en un proyecto empresarial con identidad colombiana.
Una historia que comenzó en casa
El origen de la marca se remonta a un momento difícil para la familia de la diseñadora. Cuando su madre se preparaba para una delicada cirugía de columna, Roldán encontró en el tejido una forma de ayudarla a sobrellevar la ansiedad. Su madre retomó una actividad artesanal que conocía desde hacía años y, a partir de los bordados que realizaba, comenzaron a aparecer las primeras piezas.
Sandra Roldán junto a Natalia Reyes.
Lo que empezó como una iniciativa familiar se transformó en una propuesta de diseño que hoy reúne el conocimiento de más de 15 comunidades indígenas y afrocolombianas, además de asociaciones de mujeres mayores. El propósito es recuperar oficios tradicionales y darles un nuevo lugar dentro de la moda contemporánea.
Las joyas combinan técnicas como el macramé, el crochet y el frivolité con semillas, piedras naturales, cristales y filigrana. Su elaboración también conecta territorios: el bordado de Tutunendo y Quibdó, en Chocó; la filigrana de Mompox, en Bolívar; la talla artesanal de esmeraldas en Boyacá y los tejidos de Antioquia hacen parte de ese proceso.
No se trata de fabricar accesorios en serie. Según los reportes sobre la marca, algunas piezas pueden tardar entre cuatro y seis meses en completarse, pues pasan por distintas manos y regiones antes de llegar a su forma final.
Del trabajo artesanal a una vitrina internacional
La conexión con Maye Musk surgió después de que una estilista conociera la marca en redes sociales y adquiriera una de sus gargantillas. La pieza, inspirada en el nido del gulungo, despertó su interés y dio paso al encargo que llevó a Roldán hasta Nueva York.
La diseñadora aprovechó ese encuentro para explicar el origen de los materiales y el trabajo de las comunidades involucradas. El resultado fue que las creaciones no solo estuvieron presentes en una gala, sino que acompañaron a Musk durante los tres días de actividades.
La aparición puso en primer plano una propuesta que busca demostrar que la artesanía colombiana también puede encontrar espacio en los circuitos internacionales de la moda. Para Roldán, el valor de cada joya no está únicamente en su apariencia, sino en los saberes que reúne y en las oportunidades económicas que puede generar para las comunidades que la elaboran.
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