La monja colombiana que será beatificada por el papa León XIV

La monja colombiana que será beatificada por el papa León XIV

El papa León XIV firmó el decreto que reconoce el martirio de Inés Arango Velásquez, dando luz verde al proceso de beatificación.

Hasta ahora, la única santa reconocida oficialmente por el Vaticano con nacionalidad colombiana ha sido la madre Laura Montoya Upegui, beatificada el 25 de abril de 2004 por el papa Juan Pablo II en la Plaza de San Pedro en Roma.  

Pero, el pasado jueves 22 de mayo del 2025, el papa León XIV sorprendió al mundo anunciando el inicio del proceso de beatificación de otra mujer de fe y coraje, la hermana Inés Arango Velásquez, una misionera antioqueña asesinada en plena selva ecuatoriana cuando intentaba proteger a comunidades indígenas.

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¿Quién era Inés Arango?

Inés Arango Velásquez nació en 1937 en Medellín, Antioquia, en el seno de una familia profundamente católica. Fue la undécima hija de Fabriciano Arango y Magdalena Velásquez, y no fue la única con vocación religiosa: cuatro de sus hermanas también se consagraron a Dios.

Desde joven mostró inclinación por el servicio y la vida espiritual. A los 17 años ingresó a la Congregación de las Hermanas Terciarias Capuchinas de la Sagrada Familia, donde asumió el nombre de sor María de las Nieves.

Durante varios años, se desempeñó como maestra en diferentes regiones de Colombia, siempre mostrando un fuerte deseo de servir en tierras de misión.

¿Cómo fue su trabajo misionero en la Amazonía? 

Su gran sueño misionero se cumplió en 1977, cuando fue enviada al Vicariato Apostólico de Aguarico, en la selva del Ecuador. Allí, acompañó al obispo capuchino Alejandro Labaka en una delicada y peligrosa tarea, establecer contacto con pueblos indígenas no evangelizados, como los huaorani y los tagaeri. 

Inés aprendió su idioma, respetó sus costumbres y defendió sus derechos, especialmente frente a las amenazas de las petroleras que invadían sus territorios.  

Su presencia fue una muestra viva del Evangelio en la selva, y su entrega total generó un fuerte respeto entre sus compañeros misioneros y las comunidades locales. 

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