La historia real de ‘Incontrolable (I Swear)’, la película sobre el síndrome de Tourette que ya está en la senda de los Oscar

La historia real de ‘Incontrolable (I Swear)’, la película sobre el síndrome de Tourette que ya está en la senda de los Oscar

Si eres fan de Juego de tronos, y más aún si el Elrond de El señor de los anillos: Los anillos de poder te parece de lo mejor de la serie, seguro que ya sigues la pista de Robert Aramayo. Y haces bien, porque el actor inglés (de padre vasco, que no se olvide) va camino de su consagración gracias a Incontrolable (I Swear), una película que ya le ha dado un BAFTA y podría auparle a los premios Oscar 2027. 

Este biopic que llega ahora a España retrata la vida de una persona con el síndrome de Tourette, un trastorno neurológico al que la cultura pop ha cargado de tópicos y estereotipos, y que ahora el director Kirk Evans retrata mediante el libro de estilo de ese realismo british que no excluye ni el humor ni la violencia. Toma nota de su título, porque lo vas a oír mucho en la próxima temporada de premios. 

¿’Incontrolable (I Swear)’ está basada en un caso real?

“Solía cargar su cabeza sobre el hombro izquierdo y agitarla temblorosamente […]. Entre frase y frase, emitía diversos sonidos con la boca, a veces rumiando, otras casi silbando, otras moviendo la lengua por el paladar, como quien imita el cacareo de una gallina”. Así describía el biógrafo Boswell los tics de que atormentaban al escritor Samuel Johnson (1709-1784) y que, siglos después de su muerte, sirvieron para diagnosticarle post mortem con el síndrome de Tourette.

Unos siglos más tarde, ese mismo trastorno neurológico ha metido en apuros a los BAFTA mediante uno de sus síntomas menos frecuentes, pero más conocidos: la coprolalia. Después de que Robert Aramayo se llevase el premio al mejor protagonista por Incontrolable (I Swear), dicha tendencia involuntaria a proferir obscenidades empujó a John Davidson (el activista interpretado por Aramayo) a exclamar un insulto racista cuando Michael B. Jordan y Delroy Lindo subían al escenario.

Tras las disculpas y explicaciones de rigor, más una colleja a la BBC por no haber cortado sus invectivas mientras emitía el evento, el propio Davidson admitió en Variety que se las había visto peores: “Una noche, un tipo me zurró hasta casi matarme con una barra de hierro porque había tenido un ataque delante de su novia aquella mañana”.

A juzgar por su biografía, de hecho, John Davidson podría suscribir una de las pullas de Johnson: aquella según la cual Dios tuvo sus razones para crear Escocia, pero también para crear el infierno. Nacido en una familia humilde, el futuro activista no solo se enfrentó desde muy joven a aquel demonio que le arrebataba el control de su cuerpo (con todo lo que eso puede suponer para un adolescente), sino también a las reacciones de su entorno hacia un trastorno mal conocido y peor entendido.

En 1996, sin embargo, la cosa cambió cuando Davidson encontró trabajo como cuidador en un centro de día. Aquel mismo año, además, protagonizó John’s not Mad, un documental en el que también participaba el neurólogo Oliver Sacks y que arrasó entre el público de Reino Unido, convirtiéndole en portavoz oficioso de las personas con Tourette en su país y cimentando una carrera como educador gracias a la cual recibió la Orden del Imperio Británico en 2019.

Con un título original tan polisémico como burlón (en inglés, “I Swear” vale por “lo juro” y por “digo palabrotas”) y un reparto en el que Aramayo figura junto a Shirley Henderson, Maxine Peake y el gran Peter Mullan, Incontrolable llega ahora para divulgar su historia, y también para catapultar a Robert Aramayo a la fama internacional. 

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