En los últimos años, la Dirección General de Tráfico ha estado experimentando con la inclusión de nuevas señalizaciones en España que llevan más tiempo funcionando en otros países. El objetivo es en todos los casos el mismo: regular el tráfico en zonas donde el riesgo de accidente o atropello crece.
Por ello, desde hace unos años podemos ver los llamados «dientes de dragón», las líneas de borde quebradas o estas líneas triangulares onduladas en zigzag en zonas próximas a los pasos de cebra que se alargan en tramos de unos 30 metros, tanto en travesías como en vías urbanas.
¿Qué indica esta señal horizontal a los conductores?
Desde el firme, esta marca vial desempeña varias funciones al mismo tiempo. En primer lugar, indica que en esta zona, al ser próxima a un paso de cebra, no se puede aparcar o detener el vehículo, ya que el cruce donde se coloca suele acumular muchos peatones y, por lo tanto, requiere mayor visibilidad. Asimismo, estas líneas prohíben que los conductores adelanten en el tramo sobre el que se dibujan, por la misma razón.
Es común encontrarnos con esta señalización en color blanco o amarillo frente a las paradas de autobús en las calles de dos carriles donde los autobuses no disponen de carril bus-taxi.
¿Cuál es la multa por no respetar esta señalización?
Este tipo de infracciones suele estar castigada con multas de 200 euros sin la retirada de puntos del carnet de conducir. Sin embargo, puede resolverse según el caso con sanciones más y menos altas dependiendo de la gravedad de la acción.
Por ejemplo, si la maniobra genera peligro, puede implicar pérdida de puntos; en cambio, si se trata de una parada o estacionamiento indebido sin riesgo, en algunos casos puede calificarse como leve, es decir, con 100 euros de multa.
¿Qué son los dientes de dragón?
Los conocidos como «dientes de dragón» son unas marcas viales formadas por triángulos pintados a ambos lados del carril, colocados en el interior de las líneas y orientados hacia el centro de la calzada. Su diseño no es casual, ya que buscan generar en el conductor una sensación visual de estrechamiento del carril.
Este efecto óptico hace que quien conduce tienda a reducir la velocidad de forma instintiva, sin necesidad de otras medidas más restrictivas. Por ello, suelen instalarse en tramos donde existe un riesgo cercano, como las inmediaciones de colegios u otros puntos sensibles, donde es necesario extremar la precaución y disminuir la velocidad radicalmente.

