La fortuna que Robert De Niro ha hecho con el cine le ha dado para expandirse al mundo de los hoteles de lujo

La fortuna que Robert De Niro ha hecho con el cine le ha dado para expandirse al mundo de los hoteles de lujo

Robert De Niro tenía algo que prácticamente cualquier empresario habría querido para comenzar un negocio: un apellido reconocido en todo el mundo. Sin embargo, cuando decidió meterse de lleno en la gastronomía y la hotelería, prefirió no ponerlo en la puerta.

En los hoteles, restaurantes y residencias que construyó durante las últimas décadas, el nombre que aparece es otro: Nobu.

La marca nació en Nueva York en 1994, cuando De Niro se asoció con el chef japonés Nobuyuki “Nobu” Matsuhisa y el productor Meir Teper para abrir un restaurante en Tribeca. El local tenía capacidad para unas 150 personas y llevaba a Manhattan la cocina de Matsuhisa, marcada por las técnicas japonesas y los sabores que había conocido durante su paso por Perú.

Pero la historia había comenzado algunos años antes.

De Niro conoció el restaurante de Matsuhisa en Los Ángeles a finales de los años ochenta y quedó impresionado con su propuesta. Durante años insistió al chef para que llevara aquella cocina a Nueva York, hasta que finalmente consiguió convencerlo.

En 1994 abrieron Nobu en Tribeca.

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Lo que ninguno de los tres sabía entonces era que aquel restaurante terminaría siendo la puerta de entrada a un negocio mucho más grande.

El restaurante que terminó convertido en hoteles

Durante los siguientes años, Nobu comenzó a multiplicarse por distintas ciudades. El éxito de los restaurantes hizo que De Niro viera una posibilidad que iba mucho más allá de la gastronomía.

En 2009 surgió la idea de llevar la marca a los hoteles. De Niro había observado que los hoteles que tenían un restaurante Nobu podían beneficiarse de la atracción que generaba la marca gastronómica.

La oportunidad llegó en Las Vegas.

En 2013 abrió el primer Nobu Hotel, dentro del Caesars Palace. No era todavía una gran cadena hotelera independiente: era un hotel de 181 habitaciones integrado dentro de uno de los complejos más conocidos de la ciudad.

La fórmula funcionó y abrió un camino que los socios comenzaron a repetir.

Nobu dejó de ser solamente un restaurante para convertirse en una marca de hospitalidad. Con el tiempo llegaron hoteles en ciudades como Londres, Marbella, Miami Beach, Manila, Toronto, Barcelona, Ibiza, San Sebastián, Roma y Marrakech, entre otros destinos.

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La dimensión que alcanzó el negocio terminó siendo muy distinta a aquel restaurante de 150 puestos de Tribeca. Un reporte de la industria citado en 2026 situó el portafolio de Nobu Hospitality en 46 hoteles, 57 restaurantes y 20 residencias de marca, entre propiedades en operación y proyectos.

Y el crecimiento continúa. En 2026, Nobu anunció nuevos desarrollos residenciales en Bellevue, Washington, y un proyecto que llevará hotel, restaurante y residencias a las Maldivas.

Nobu Bellevue.

La expansión también encontró otra forma de convertir la marca en negocio: las Nobu Residences. La idea consiste en llevar el concepto de la compañía a viviendas de lujo, de modo que el cliente no solamente pueda comer en un Nobu o hospedarse allí, sino también vivir bajo la misma marca.

Hay proyectos en mercados como Toronto, Los Cabos, Abu Dhabi, São Paulo, Tulum, Punta Cana y Barbuda.

Así, el restaurante que De Niro quiso llevar desde Los Ángeles hasta Nueva York terminó convertido en una marca internacional de gastronomía, hoteles y bienes raíces.

Pero el actor tenía otra propiedad que contaba una historia diferente.

El hotel que sí tiene algo de De Niro

En 2008, De Niro abrió The Greenwich Hotel, también en Tribeca.

The Greenwich Hotel

Esta vez no se trataba de reproducir una marca internacional en distintas ciudades. El proyecto estaba mucho más ligado a la relación personal del actor con Nueva York y con el barrio donde había construido buena parte de sus negocios.

El hotel nació de una sociedad con los empresarios hoteleros Richard Born e Ira Drukier, de BD Hotels, y fue levantado sobre un antiguo estacionamiento. Su escala es muy diferente a la de Nobu: unas 88 habitaciones y una propuesta mucho más íntima.

El Greenwich también tiene espacios que parecen conectarlo directamente con la vida de De Niro.

Entre ellos está Shibui Spa, construido alrededor de una antigua estructura japonesa de madera. En distintas zonas del hotel también aparecen obras de Robert De Niro Sr., padre del actor y artista del expresionismo abstracto.

De esta manera, la relación de De Niro con la hotelería terminó tomando dos caminos.

Uno es Nobu, una marca internacional construida junto a Matsuhisa y Teper y extendida por distintos mercados.

El otro es Greenwich, un hotel de Tribeca mucho más cercano a la historia personal del actor y al barrio que durante décadas ha estado relacionado con sus negocios.

Y mientras ese imperio crecía, De Niro también iba construyendo otra faceta pública, esta vez lejos de los restaurantes y los hoteles.

Del lujo a la pelea política con Trump

El actor lleva años expresando públicamente su rechazo a Donald Trump.

En mayo de 2024, durante la campaña presidencial estadounidense, De Niro apareció junto a exagentes de policía que estuvieron en el Capitolio durante el ataque del 6 de enero. En aquel acto de campaña de Joe Biden, criticó duramente a Trump y lo calificó de “clown”.

La confrontación continuó después del regreso de Trump a la Casa Blanca.

En 2025, durante la apertura del Festival de Cannes, De Niro utilizó su discurso al recibir la Palma de Oro honorífica para cuestionar las políticas del presidente estadounidense hacia las artes y criticar los aranceles anunciados para las películas producidas fuera de Estados Unidos.

En 2026 volvió a expresar públicamente su oposición a Trump durante las movilizaciones No Kings y en otros actos políticos.

La política, sin embargo, es apenas una parte de una historia empresarial que comenzó mucho antes.

De Niro construyó buena parte de su fortuna frente a las cámaras, pero también encontró en Nueva York un segundo escenario. Primero fueron los restaurantes. Después llegaron los hoteles. Luego las residencias y una marca internacional de lujo.

Y hay una particularidad que hace diferente su historia frente a la de otras celebridades que han convertido su nombre en una marca: uno de los negocios más grandes de Robert De Niro no lleva su apellido.

En las fachadas están Nobu, Greenwich y los nombres de sus socios.

Pero detrás de buena parte de esa expansión está el actor que, hace más de tres décadas, entró a un restaurante japonés en Los Ángeles, quedó convencido de que aquella cocina podía conquistar Nueva York y terminó convirtiendo aquella intuición en un negocio que hoy va mucho más allá de Hollywood.

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